En Nicaragua, la edad mínima que todo ciudadano debe de tener para ejercer su derecho al voto es de 16 años. No obstante, según el psicólogo Carlos Romero y el coordinador de Comunicación del Partido Propuesta Ciudadana (PPC), Carlos Zeledón, para que un adolescente de esta edad pueda votar conscientemente debe de haber tenido una educación cívica integral y haber alcanzado una madurez política.
La organización política PPC, de la cual forma parte Zeledón, fue creada entre finales del año 2016 e inicios del año 2017. Es una iniciativa que tiene como objetivo fortalecer la conciencia política ciudadana y nace con el objetivo de incidir y participar en la democracia nicaragüense.
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Romero mencionó que para ejercer adecuadamente esta práctica se debe iniciar desde círculos sociales reducidos, como en ámbitos de clases, deportivos y artísticos. Para Zeledón, resulta vital la participación en procesos sociales que confiera al joven la posibilidad de analizar y realizar un voto crítico.
Voto a los 16 años establecido desde 1984
La decisión de que los jóvenes comenzaran a ejercer su derecho al voto a partir de los 16 años fue tomada en el año 1984 al realizarse una reforma constitucional a la Ley de Nacionalidad. Daniel Ortega, quien en aquel entonces era el coordinador de la Junta de Reconstrucción Nacional, dio el anuncio la tarde del 20 de febrero de 1984.
En consecuencia, los jóvenes pudieron votar en las elecciones de ese mismo año para que posteriormente en 1987, en medio de la construcción de la nueva Constitución Política, se incorporara en el Art. 47 que los jóvenes de 16 años ya eran considerados ciudadanos y que a pesar de no tener la mayoría de edad gozaban del derecho a votar.
Los 16: “Etapa emocionalmente variable”
A lo largo de la historia esta edad ha generado diversos puntos de vista, unos a favor y otros en contra. En Nicaragua el contexto histórico jugó un papel importante para la toma de esta decisión, sin embargo sigue generando un debate alrededor de este tema, pues según expertos la fase en la que se encuentran los adolescentes a esta edad es muy vulnerable.
A pesar de que según Romero los 16 años son una etapa emocionalmente variable, los jóvenes tienen que recibir cierta educación esencial sobre su deberes, responsabilidades y derechos, y deberían de tener un énfasis especial de educación electoral para así poder ejercer este derecho de manera consciente e inteligente: “Hablando en cuanto a madurez política para tomar una decisión que influye directamente en el país, equivale a cuánta educación previa respecto a estos procesos haya tenido. Si ha sido mínima no va a tener la consciencia directa para ejercer el derecho al voto”, señaló.
Una de las preocupaciones principales de que el derecho al voto se pueda ejercer a temprana edad es que los jóvenes se vean influenciados en el momento de tomar una decisión. “El ejercicio de ir a votar es como una tradición familiar, si mi papá o mi mamá votan por este partido es porque ha sido la tradición de la familia y ya tengo edad para hacerlo”, explicó Romero y agregó que en la realidad nicaragüense las familias no acostumbran a debatir estos temas políticos, por lo que es difícil poder discernir para alguien tan joven que no tiene una educación política adecuada.
¿Por qué a partir de los 16 años?
Durante la época de los Somozas la población debía alcanzar la mayoría de edad para gozar y ejercer su derecho a votar. Esto se lograba hasta los 21 años, y en algunos casos a los 18, si la persona estaba casada y era capaz de leer y escribir, relató Zeledón.
Con el triunfo de la revolución sandinista se fomentó la participación juvenil en los procesos de la revolución popular como el derrocamiento de la dictadura en 1979, la Cruzada Nacional de Alfabetización “Héroes y Mártires por la Liberación de Nicaragua” (CNA) en 1980 y el Servicio Militar Patriótico (SMP), el cual fue creado en 1983 con la Ley del Servicio Militar Patriótico.
La activa participación juvenil fue el principal argumento para disminuir la edad para ejercer este derecho: “Esta participación activa de la juventud le confería la madurez política suficiente para participar activamente como votantes en el proceso electoral de 1984. Sin embargo, no podían ser miembros de las mesas electorales o candidatos a diputados —edad mínima 21 años— y mucho menos ser miembros del Tribunal Electoral o candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia —edad mínima 25 años—”, mencionó Zeledón y añadió que los argumentos para el voto joven en ese contexto estaban bien respaldados debido a que la juventud en su mayoría era activamente política.
Debido a la madurez temprana que tuvo que adquirir la juventud nicaragüense luego del contexto revolucionario se modificó la Ley de Nacionalidad para que los jóvenes de 16 años pudieran votar. “Yo estaba molesto porque no pude votar, tenía 15 años y era un militante de la Juventud Sandinista hiperactivo (…)”, relató Zeledón.
Políticamente descuidados
Luego del triunfo de Violeta Barrios de Chamorro, en 1990, la sociedad nicaragüense sufrió una despolitización, según Zeledón, quien a su vez comentó que la juventud se fue alejando de los procesos políticos debilitando la fuerza con la que, en años anteriores, venía organizándose y disminuyendo el valor del voto de la población juvenil.
Al mismo tiempo añadió: “Entre 1990 y el año 2007 fueron descuidados absolutamente los espacios de formación política para la juventud y se fueron debilitando las organizaciones estudiantiles, incluso en las universidades. La juventud formada en los 16 años de gobiernos de derecha, que actualmente están entre los 30 y los 40 años, es políticamente nula e inepta para organizarse y muy desligada de los procesos sociales”.
Zeledón comentó que en la actualidad la situación de educación política para los jóvenes no es distinta: “Un joven de 16 años de edad no ha conocido ninguna forma de gobierno distinta a la del FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) y si tomamos en cuenta que las escuelas desde hace más de una década son centros de manipulación política, puede preocuparnos que una gran parte de la juventud entre los 16 y los 25 años de edad, sobre todo la que ha recibido su formación en el sistema de educación pública, sea propensa a votar por el FSLN”.
Al mismo tiempo, para Zeledón es claro que el gobierno actual, desde el control que mantiene de todos los espacios políticos y de los poderes del Estado, ha impulsado procesos similares, aunque inferiores en calidad y cantidad, a los que se implementaban para la juventud en la década de los 80, de forma que una gran parte de la juventud actual cree que es parte de un proceso de reivindicaciones llamado “la segunda etapa de la revolución”.
“La manipulación del FSLN y la falta de visión y manejo político de la oposición ciertamente pueden facilitar que un buen segmento de jóvenes entre los 16 y los 20 años de edad estén inclinados a votar por el FSLN”, finalizó Zeledón.