¿Por qué querer ser Somoza?

Uno nunca termina de sorprenderse. A veces las segundas oportunidades no siempre son positivas. Si ya lo habían hecho mal en 1980, pensar que podían hacerlo peor se veía distante

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Cuando pequeño uno siempre quiere ser como sus ídolos del juego. Tratar de emular a las figuras inspira a ser mejor, a mantener las esperanzas vivas por un sueño. Antes de llegar a Grandes Ligas admiraba a tantos peloteros como Jim Palmer, que luego fui su compañero de equipo, a Tom Seaver; más pequeño recuerdo a Sandy Koufax. En el bateo había tantos héroes como Mike Schmidt, George Brett, Rod Carew. Luego con el paso del tiempo y mi salto a Grandes Ligas muchos niños y jóvenes en el país querían ser como yo, por la fiebre que existía de ser el primer nicaragüense en la MLB. Eso me motivaba. No obstante, este ejemplo se puede extrapolar a todos los ámbitos de la vida. Lo que no entiendo es cómo pasar a convertirte y querer ser un antihéroe cuando en tu lucha inicial era liberar a un país de una dictadura.

La política nicaragüense se ha convertido en la gran mentira a lo largo de los años. Hubo mucha ilusión de un cambio en los años 80, toda la nación se había unido a una revolución esperando la limpieza del terruño, anhelando el fin de la corrupción, se creía que había finalizado la época de vivir en una cárcel para muchos y riquezas para unos pocos. Todo fue para peor, 10 años de infierno, de escasez y opacidades golpearon al país. Era el primer gran fracaso. El pueblo les dio una bofetada, no más ese partido que descompuso a una nación. No obstante, luego vino el periodo de “estabilidad” y lo digo entre comillas porque si bien se vivía una época de más seguridad en las calles y atrás había quedado la guerra, la pobreza seguía creciendo. Los de arriba seguían escalando y los de abajo entrando al inframundo de las necesidades.

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Uno nunca termina de sorprenderse. A veces las segundas oportunidades no siempre son positivas. Si ya lo habían hecho mal en 1980, pensar que podían hacerlo peor se veía distante. El sandinismo admiraba y tenía como héroe a Sandino por su patriotismo, libertador y revolucionario, ejemplo de dar la vida por sus ideales. Era válido pensar en él como el ídolo por ser el “General de Hombres Libres”, pero si los gobernantes actuales se ven frente al espejo y se comparan con Sandino, existe cero porcentaje de similitud. Son un antónimo de su ídolo. En el camino se descompusieron hasta convertirse en todo lo que odiaban y evitaban ser. El poder los corrompió.

En mi ignorancia de la política, me pregunto todos los días qué es lo que tienen en mente, por qué se creen los dueños del país, dónde está la empatía por todos los que han perdido a un ser querido, cómo es que no se dan cuenta que en pleno siglo 21 no puede existir una represión y dictadura como en décadas pasadas, cómo se pueden ir a dormir tranquilos cuando destruyen una generación, le quitan la libertad a los jóvenes, el chance de poder vivir. El pueblo sí ha aprendido, no quiere guerra, se alejan de las armas y resisten estoicamente. Se aprovechan de eso y lo ven como una debilidad, yo lo veo como una fortaleza de no regresar al pasado.

He sido creyente toda mi vida de hablar con el ejemplo. No podés decirle a alguien que no fume si fumás, que no beba alcohol si lo hacés, que seas ejemplo en la familia si no lo sos. Con esta cacería de opositores y acusaciones de corrupción, en donde deberían iniciar es en las instituciones públicas, primero hay que dar ejemplo y limpiar la casa.

Yo no fui tan grande ni bueno como mis ídolos en la pelota, pero me retiré 23 años después orgulloso por haber sido alguien de bien que luchó y entregó hasta la última gota por destacar… y cuando voy frente al espejo levanto mi barbilla y me jacto que a pesar de mis errores, soy alguien que suma y no resta a una sociedad.

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