Recientemente estuve como invitado a lanzar la primera bola en el Preolímpico de la Florida. Lo hice en dos ocasiones: frente a Estados Unidos y Puerto Rico, siempre tratando de dejar en alto el nombre de nuestra bella patria tan necesitada de un cambio desde la raíz. Y en esa transformación que piden los nicaragüenses no se escapa el beisbol. Vi a un equipo nacional muy poco evolucionado en proyectarnos a nivel internacional. Estoy seguro que somos mejores de lo mostrado, pero es una lástima que se repite siempre la misma historia.
Se necesita hacer ajustes profundos y trabajar en los conceptos básicos con los jugadores, además de hacer una inversión en entrenadores de nivel. No es posible que para cada torneo en el cual representamos a millones de personas nos preparemos solo un mes antes. Debemos entender que no somos ni Estados Unidos, ni República Dominicana o Venezuela para hacerlo de esa manera. Ellos tienen suficiente material humano y desarrollo desde las bases para improvisar, nosotros si seguimos en esa misma línea estaremos condenados a estar de fracaso en fracaso, desilusionando al fanático, al jugador y proyectando un nivel pobre.
Vi mala ejecución de jugadas, errores de conceptos básicos de cómo afrontar diferentes situaciones del beisbol, coaches que no aportaban nada ni cumplían su función de descifrar al lanzador rival para transmitirle consejos claves a los bateadores. Mis respetos y admiración por Marvin Benard, un gran conocedor y exjugador de Grandes Ligas que tiene encima un reto del tamaño del Everest, sin embargo, necesita ayuda. Él solo no puede solucionar el problema macro que vive el beisbol nicaragüense. Los dirigentes del beisbol primero deben hacer un análisis o una evaluación de dónde estamos y a dónde queremos llegar. Luego hay que plantear el plan de desarrollo que no será en un mes o dos, sino en años como lo hizo Brasil contratando a Barry Larkin, un Salón de la Fama, por tres años para lograr así la clasificación al Clásico Mundial de Beisbol sobre Nicaragua, Colombia y Panamá. Para alcanzar resultados se debe trabajar en un programa integral, todos jalando del mismo molino, quitando vetos a algunos jugadores y colocando a un lado imposiciones de dirigentes, en otras palabras: “argollismos”.
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Vi a muchos veteranos que ya dieron lo mejor de sí y es momento de decir adiós. Queremos ver más a Benjamín Alegría, Ismael Munguía, Brandon Leytón y también a ese muchacho costeño que me impresionó Norman St. Clair, ese tipo lanzó con mucho corazón, sintió la camiseta y se agigantó.
Cuando me retiré del beisbol dije que apoyaría el deporte y la educación de calidad. He visto esas dos áreas elementales para el desarrollo de un país y nunca es demasiado tarde para hacerlo. Si nos enfocáramos en eso no solo seríamos una potencia en la pelota sino en otras áreas profesionales. Nicaragua ha dado destellos importantes de su talento como fue el Premundial Sub-23, pero me preguntó: ¿qué se hizo luego por seguir desarrollando a cada uno de esos peloteros? Nada, se deja a la merced de lo que puedan hacer en sus equipos o que la misma experiencia los vaya forjando con el paso del tiempo.
Hay muchas barreras por romper y una de ellas es la mentalidad como lo dijo Benard. A veces en el país no hay nada que enseñar porque curiosamente los coaches y jugadores dicen que lo saben todo. Sin cambios profundos la historia será igual de cruel. Urge sacudir nuestro beisbol.