Alejado de cualquier síndrome antipatria o de otra índole, el ser humano es dueño de su propia vida y de su muerte. Si hemos de detenernos hagámoslo en el inmenso libro de la humanidad, del universo, es lo que más se aproxima a una ilusión, por un elemento de satisfacción o conciencia. Siendo los resultados cotidianos en muchas ocasiones son contrarios a la realidad necesitada. Pero como personas sensatas tenemos conocimiento de tal situación, entonces hay que resolverle lo más anhelado: la paz, orden social, la justicia, apartando las soberbias, prepotencias, envidias, egoísmos, hipocresías, para saber convivir.
Homero en La Odisea nos ilustra: “Porque, nos quedaba la esperanza de que la hospitalidad volvería a juntarnos. ¿Llevarás a efecto la perniciosa guerra y el combate, o animarás para que todos sean amigos de todos?” (Págs. 148 y 153. Ediciones Internacionales Edinter, 2014). Esa habilidad, astucia e inteligencia hay que compartirla, para comprender, entender y oír. Empero, el fanático en todos los niveles no es capaz de observar esto que asecha, se empecina en ideas que le perturban la voluntad, creyendo que es la única esperanza y haciendo creer que solo esas “ideas” tienen valor.
Lamentablemente esto engendra anarquía fomentada que conduce a caminos insondables y aumentativamente al revanchismo, y a ciertos los lleva a la venganza personal. Hay que evitar usando métodos más civilizados, por el bien de todos. Entonces es oportuno guiar a nuestro pueblo, de este lado o de aquel, a ser tolerante, paciente, analítico, haciéndole ver que el entrar en dialécticas anarquistas solo conlleva a una avalancha social interminable. No permitan que el fanatismo cause crisis. El buen dirigente guía a su pueblo no al abismo. No corramos el riesgo. Orientando a la cordura, al ordenamiento social y legal es más provechoso. El mundo está observando.
En sus manos está no caer en el vicio de la especulación fanática y que nuestro terruño se transforme en escenario nacional de futuras controversias sociales. Mejor que los nicaragüenses nos entendamos por nuestro bienestar común, legal, social, político, comercial, de desarrollo, cultural, religioso y etc., en todos los sentidos, porque para eterna memoria no vamos a continuar siendo conflictivos, problemáticos, de nunca acabar. Hay que vencer el pasado. No hay que provocar situaciones difíciles.
Cuando existen pegones dentro de la diversidad de ideas y pensamientos es mejor sentarse y repensar buscando el camino idóneo, sensato. Y aunque la humanidad está repleta de billones de realidades e ideas el fin de las ideas, pensamientos de todos lados nunca fenecerán, siempre habrá una historia en cada ser social y el mundo que narrar y deleitar que sirve de eslabón digno.
En consecuencia hay que mirar más allá de los refinamientos mecánicos, en que se pueda incurrir dentro de la estructura social, de justicia, filosófica, humanista, desarrollo y de las relaciones comerciales del capital nacional e internacional, con el objetivo de ir creciendo aún más como una fehaciente respuesta de futuro. Esto es mejor que una guerra sin cuartel, porque después todos lloraremos.
Y aunque las diversas realidades y el mundo circundante sea supracomplejo es saludable buscar una solución alterna a los conflictos para darle solución a esas situaciones anómalas que se susciten y evitar un inmenso derramamiento de sangre, destrucción de toda índole, en un enfrentamiento todos contra todos. Usen una sabia decisión de futuro, los gobernantes, pueblo, partidos políticos, políticos, religiosos, así todos ganamos. No hay que olvidar el pueblo por excelencia posee sabiduría nata. Pues hay que hacer un banquete en honor a la paz.
El autor es abogado y notario público.