Escribir si bien satisface y llena es porque uno espera contribuir, sea exponiendo su perspectiva u opinión con sus razones o por dar a conocer una creación. Cabe decirlo, también conlleva su riesgo que bien puede afectarle, cuando con criterio producto de una conciencia crítica se expone la cruda y dura realidad que afecta y nos lastima, dando luz y motivaciones de salir del vivir de esa niebla de desesperanza. Riesgo se tiene cuando se escribe indicar las contradicciones de los intereses de los muchos que abundan con derechos limitados y que lloran por no tener nada, y los otros que se ríen y se carcajean porque nada les falta al sobrarles todo. La cosa no es fácil ni sencilla. Tampoco ordinaria.
Cuando no se es genio pero sí reconociendo ser un agente social, uno escribe ante la necesidad en principio para comunicarnos y compartir nuestras alegrías combatiendo la soledad; aportando a los demás ser mejores al contribuir siendo históricos, útil para conocernos y conquistar la identidad que nos une. El escritor ayuda y contribuye a tomar conciencia de lo que somos. A ubicarnos dentro del todo colectivo y sociedad en que nos desarrollamos. El arte es hacerlo sencillo, claro y convincente, amparado en una cultura con educación e imaginación, sin dejar de lado trasmitir las ilusiones, sueños y ensueños. De ahí lo que conocemos como el don de la palabra.
El escritor debe desconfiar siempre de los halagos y aplausos. Si persisten y peor si se llega a sentir necesidad de ellos, es señal de ser inocuos, irrelevante y sobrado. El escritor proviene de una minoría selecta, que cuando publica una obra, cumple con uno de los tres asuntos para trascender, como es el: “Tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro”.
No podemos pasar por alto indicar que el escritor debe serle fiel a lo que escribe, expresarse de forma adecuada y dándole realmente importancia a lo que escribe. Ser fiel y sincero con verdad a la realidad que se transmite. Nunca el escritor debe desestimar que expresarse bien utilizando bien las palabras dándoles el valor de lo que verdaderamente significan, dependerá persuadir al lector.
Si el escritor por su capacidad, desarrollo, cultura, imaginación, sensibilidad y sueño o sea es lo decimos un hombre de talento capaz de ver más allá, tiene la obligación de impulsar renovaciones y cambios de las estructuras que limitan el desarrollo en todos los ámbitos. Vivimos en unas sociedades donde el analfabetismo, el atraso y la miseria prevalecen. En la educación está el progreso. La libertad en estas sociedades, la literatura libre debe darse y su existir debe estar comprometida con la denuncia que avizore la esperanza.
Muy acertado es que “somos lo que hacemos y sobre todo lo que hacemos para cambiar lo que somos: nuestra identidad reside en la acción y en la lucha”. El escritor tiene una gran responsabilidad, de ahí lo fundamental de escribir con objetividad, con verdad. La mayoría nos pide, nos exige, la orientación hacia el mejor destino. El escritor con su pluma mucho puede contribuir.
El reto de lograr los cambios fundamentales, ni son fáciles ni sencillos. Son complejos y difíciles y el tiempo es breve ante lo ardiente del enorme desafío planteado. La conciencia del escritor debe ser efectiva ante el poder de los faltos de conciencia que se oponen por ser los detentadores del poder.
Ante la historia de los esfuerzos realizados por los escritores conscientes, sobran quienes digan que escribir no tiene sentido. El hambre, la miseria, el analfabetismo nubla y ciega. Mas la pluma es un arma de mil cabezas cruentas, sin que esta sea un delito. La culpa del crimen nunca es del cuchillo. La pluma del escritor debe ser utilizada para promover literatura, progreso, cultura, denuncias de injusticias y con arte y belleza al escribir sea de esperanza, diciendo lo verdadero a cada cosa.
El autor es escritor.