Las elecciones de 2021 se van a celebrar en el año del Bicentenario de la Independencia Nacional, y en el 200 aniversario de la primera elección de autoridades de Nicaragua.
En el Acta de Independencia de Centroamérica, de 1821, se estableció que las Provincias debían elegir Diputados y Representantes para que concurrieran a Guatemala, a formar el Congreso que debía decidir la independencia y fijar la forma de gobierno y la ley fundamental (o Constitución) que debía regir. Los diputados y representantes debían ser elegidos en proporción de uno por cada quince mil personas, y la elección la harían las mismas Juntas Electorales de Provincia que hicieron las últimas elecciones de diputados a las Cortes de España. Al respecto, el jurista nicaragüense Rafael Chamorro escribió en un opúsculo titulado Antecedentes históricos de las elecciones en Nicaragua, “que la primera Ley Electoral que tuvo Centroamérica fue la misma Acta de Independencia”.
Ya como Estado plenamente independiente, al separarse de la Federación Centroamericana, Nicaragua se dotó de su primera Constitución Política en 1838 y en ella se estableció el sistema de elección de las autoridades supremas, diputados y director de Estado.
Desde entonces la historia electoral de Nicaragua siguió un camino sinuoso, en el cual a veces hubo elecciones ejemplares que fueron motivo de orgullo cívico de los nicaragüenses, pero también fraudes electorales escandalosos que cubrieron de vergüenza a la nación. Ignominiosa fue, entre todas, la elección del filibustero William Walker, el 19 de junio de 1856, quien se hizo elegir presidente de Nicaragua con 15,835 votos a su favor, y dio a su “competidor” Fermín Ferrer 4,447 votos.
Algunas elecciones admirables por su limpieza, y porque los presidentes no practicaban la reelección, fueron las que se hicieron durante los Treinta Años Conservadores del siglo XIX. Lo negativo, que se explicaba por el atraso político del país, era que solo las personas propietarias podían votar, y los candidatos a diputados, senadores y presidente para ser elegidos debían poseer una buena fortuna. Sin embargo, así al menos no llegaban al poder para robar
Con la Revolución Liberal de 1893 se estableció el sufragio universal, directo y secreto, se le dio carácter constitucional a la Ley Electoral y el voto pasó a ser un derecho y una obligación. Pero al mismo tiempo se estableció la dictadura “liberal” del general José Santos Zelaya, quien sembró en Nicaragua la mala hierba de la reelección presidencial.
En el régimen somocista el reeleccionismo y las elecciones fraudulentas fueron institucionalizados de hecho. Particularmente bochornoso fue el fraude electoral de 1947, cuando la oposición unida ganó la elección presidencial con Enoc Aguado como candidato, pero el somocismo contó al revés los votos y adjudicó la mayoría a su candidato Leonardo Argüello. Argüello quiso mostrar independencia en el cargo presidencial y mandó a retiro de la Guardia Nacional al general Anastasio Somoza García, y este lo derrocó 27 días después de la toma de posesión.
A partir de allí, en el somocismo todas las elecciones fueron fraudulentas, o farsas electorales en las que no había por quién votar, como en 1974. Sin embargo, los peores fraudes electorales han sido los perpetrados por la dictadura sandinista de Daniel Ortega, desde 2008. Y este año el fraude y la felonía electoral podrían superar todos los récords, si la gente no va a votar masivamente por la desunión opositora.