Las protestas siguen en el país a pesar de que se dio marcha atrás con la reforma tributaria. FOTO: EL PAÍS

Las protestas siguen en el país a pesar de que se dio marcha atrás con la reforma tributaria. FOTO: EL PAÍS

Cómo la crisis de Colombia desmonta el discurso de intento de golpe de Estado en Nicaragua, que fabricó el régimen

Expertos cuentan similitudes y diferencias entre las protestas de abril 2018 en Nicaragua y de abril 2021 en Colombia. Además, explican por qué en Nicaragua no hubo un intento de golpe de Estado

La crisis social que golpea a Colombia, cuyas protestas han sido duramente reprimidas por las fuerzas policiales de ese país, es un espejo idéntico a la crisis de Nicaragua, donde el régimen de Daniel Ortega intentó deslindar su violencia contra la ciudadanía fabricando la idea de que hubo un intento de golpe de Estado, lo que le costó la vida a más de 328 ciudadanos, mientras que en el país sudamericano hasta ayer se contabilizaban 26. La crisis en ese país desmonta esa mentira en Nicaragua, advierten analistas.

Iniciaron el 28 de abril de este año y desde entonces no han parado. Las protestas en Colombia ya son noticia internacional y desde diferentes gobiernos como el de Estados Unidos ya se comenzaron a escuchar llamados de preocupación. Pero no es el único país que de manera directa o indirecta se ha pronunciado. Algo que ha llamado la atención en los últimos días en Nicaragua es que, desde las redes sociales, páginas que se encargan de generar contenido propagandístico relacionado con el Frente Sandinista, comenzaron a lanzar mensajes de apoyo a los manifestantes en Colombia.

Cuando estallaron en Nicaragua las manifestaciones en abril de 2018, el régimen de Daniel Ortega las tildó como un “intento de golpe de Estado”, las criminalizó y las reprimió salvajemente.  De ahí, ¿qué comparten en similitud ambas crisis y por qué desmontan por completo el argumento del régimen de Ortega?

Similitudes y diferencias

Una de las cosas que tienen en común las protestas tanto en Nicaragua como en Colombia es que ambas son un cúmulo de problemas que se vienen arrastrando desde hace años. En el país sudamericano, las protestas se originaron tras el anuncio de una reforma tributaria del presidente Iván Duque, mientras que en Nicaragua fue una reforma al Seguro Social.

“Los problemas se han venido acumulando en ambos países. El desempleo, pobreza y la falta de vivienda están detrás de estas protestas”, explica el sociólogo y economista, Óscar René Vargas.

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Según Vargas, la dictadura de Daniel Ortega no puede señalar a las autoridades colombianas, porque en ambos países se ha reprimido a la población. Otro de los parecidos que señala el sociólogo es que las autoridades de ambos Estados han tratado de justificar la violencia policial, pero hasta ahora las autoridades no hablan de intento de golpe de Estado.

“En Colombia el Gobierno dice que las protestas son desproporcionadas a la realidad. En Nicaragua se le llamó un golpe de Estado. Ambos discursos son falsos porque la realidad es que hay muertes. Estos asesinatos actúan como un incentivo más para que las personas protesten y para que en Nicaragua se pidiera en 2018 la renuncia de Ortega”, sostiene Vargas.

“No existió el intento de golpe de Estado”

Una de las características más claras de que las protestas de 2018 no fueron un intento de golpe de Estado fue que no había detrás ninguna dirección política al frente de las manifestaciones.

Para Mauricio Díaz, exembajador de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA), esta reacción de Ortega no le sorprende y señala que es algo que obedece a una línea que viene desde el Foro de Sao Paulo. Aunque reconoce que tanto en Nicaragua como en Colombia hay parecidos, pero también diferencias marcadas.

“Hay que buscar el hilo conductor que viene desde las ideas del Foro de Sao Paulo y el peso que tiene Venezuela por la herencia del chavismo. Desde este foro se alientan procesos de desestabilización en el continente”, sostiene el exdiplomático.

FOTO: AFP

Si bien, señala que en ambas protestas se comenzó de manera espontánea, las marchas en Nicaragua no tuvieron el apoyo que la izquierda latinoamericana sí está dando a las manifestaciones en Colombia.

“La diferencia es que con Nicaragua al instante la dictadura dijo que ese era un intento de golpe de Estado, eso también es un guion del Foro de Sao Paulo que dice que todo lo que atente contra el Estado de los regímenes autoritarios de izquierda, son intentos de golpe de la CIA, Estados Unidos y el imperialismo”, considera Díaz, quien hace mucho énfasis en que desde este grupo en el que se encuentran los principales partidos políticos y grupos de izquierda del continente tienen una agenda para desestabilizar a los gobiernos de derecha en la región.

Otra de las principales diferencias, según la opinión de Vargas, es que mientras en Colombia se está buscando una solución negociada, en Nicaragua la represión nunca paró y persiste hasta el día de hoy.

“En Colombia el Gobierno está buscando cómo negociar. Aquí no se quiso negociar, más bien se quiso engañar a la gente para darle tiempo a la Policía para matar”, concretó Vargas.

En Colombia las protestas que comenzaron el 28 de abril fueron en rechazo de un paquete de reforma tributaria que elevaba la carga impositiva en medio del impacto de la pandemia, pero el Gobierno cuatro días después decidió retirar el proyecto, sin embargo la población continuó hasta ayer en las calles y clama por ayuda internacional para frenar la represión. Se han levantando bloqueos de vías, por lo que el presidente de ese país, Iván Duque, ha pedido a la población que ceda en su posición.

En Nicaragua, la situación fue muy parecida. Las protestas fueron en rechazo a una reforma a la Seguridad Social, que aumentaba la carga impositiva a los trabajadores, empresas y jubilados, a estos últimos se les aplicaba una deducción de cinco por ciento en sus pensiones mensuales para cubrir sus propios gastos médicos.

El régimen derogó la reforma una semana después, pero la población, principalmente jóvenes, siguieron en las calles exigiendo la salida de Ortega tras la muerte de decenas de nicaragüenses a manos de la Policía, a la que revistió de impunidad.  Además el Gobierno ya acumulaba un sinnúmero de violaciones a la Constitución Política y se había reelegido inconstitucionalmente, apoderándose de todos los poderes del Estado.

Centro de comando

La historiadora Dora María Téllez señala que este comportamiento de la dictadura de Ortega, respecto a conflictos en otros países de Latinoamérica, no es nuevo.

Durante las protestas en Chile en octubre de 2019 también se crearon campañas en redes sociales apoyando a los manifestantes y acusando al gobierno del presidente Sebastián Piñera de reprimir a los manifestantes. Curiosamente tanto en Colombia, como en Chile, los presidentes son de partidos conservadores y de centro.

Incluso, durante las protestas por la muerte de George Floyd, en mayo de 2020 en Estados Unidos, también desde los medios de propaganda de la dictadura se lanzaron mensajes de apoyo a las protestas y se hizo una cobertura de los disturbios.

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Téllez afirma que tras estas campañas hay un “centro de comando” que se encarga de crear este tipo de mensajes.

“Ellos tienen un centro de comando para orientar los contenidos de esa narrativa. No son personas a las que se puede convencer. Son personas contratadas para hacer propaganda y cultivan seguidores para diseminar ese mensaje”, apunta la exguerrillera, quien afirma que tras estas campañas la misión es hacer ruido y desviar la atención de los crímenes que se han perpetrado en Nicaragua.

Según los últimos recuentos oficiales en Colombia hay al menos 26 víctimas fatales y cientos de heridos, pero organismos de derechos humanos cifran los descensos en 47. Se habla de secuestros, maltratos y hasta de desaparecidos.

En ese país, este 9 de mayo se realizó un paro nacional, una medida que también se ha adoptado en Nicaragua por parte de la población y el sector privado para presionar a una salida a la crisis, pero el régimen ha reaccionado con represión contra las empresas que han apoyado la paralización de 24 horas.

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