Lo sucedido el 4 de mayo es digno de Ripley

Antes de comentarles las incidencias que sucedieron ese día en la Asamblea Nacional (chanchera), como la bautizó el difunto Edén Pastora, quiero agradecer a mis compañeros de la Resistencia Nicaragüense, a mis amigos de las páginas sociales, a los lectores de LA PRENSA y a esa gran cantidad de nicaragüenses de dentro y fuera de nuestras fronteras, que se pronunciaron en favor de mi postulación a magistrado del Consejo Supremo Electoral (CSE). Fue muy gratificante sentir que mi lucha de toda una vida en favor de la democracia de nuestra querida Nicaragüita, es compartida por una inmensa mayoría de compatriotas.

Era del dominio público que el 4 de mayo, se elegirían a los diez magistrados del CSE y se votarían las reformas electorales. La votación para la elección de magistrados empezó al filo de las diez de la mañana y duró un poco más de una hora. Tal como se esperaba, la aplanadora funcionó a la perfección, resultaron electos seis magistrados propietarios de reconocida militancia gobiernista, más otro propietario del que les hablaré mas tarde. Cuando pasaron a la elección de los suplentes, la aplanadora siguió funcionando, hasta que completaron los tres magistrados suplentes, de los que les hablaré a continuación.

Debo admitir que para mí fue una sorpresa que el séptimo magistrado propietario fuese el propuesto por la diputada del Partido Conservador y que fuera electo con números parecidos a los de sus antecesores. Cuando se pasó a la elección de los suplentes, se eligieron sin tropiezos un candidato propuesto por la presidenta del PLC, otro propuesto por un diputado del PLI y el último por un diputado de los ALN. Hasta allí todo iba de maravilla, resumiendo, en un lapso menor a las tres horas se eligieron a los diez magistrados y se votó favorablemente la reforma electoral con 85 votos, lo que significa que dicha reforma contó con el beneplácito en lo general con quince votos de los “diputados opositores”.

Hay un adagio popular que dice: las mentiras tienen patas cortas y en esta ocasión la triquiñuela no corrió largo. Permítanme explicárselos; el magistrado electo a solicitud del Partido Conservador resulta que no es conservador, sino que es un amigo hasta ese momento desconocido de la diputada de ese partido, que otra vez se le libreteó a su presidente. El otro suertudo propuesto por la presidenta del PLC tampoco se le reconoce como liberal y ya fue rechazado por la dirigencia de ese partido en Matagalpa, la dama que resultó electa a petición del diputado del PLI, tampoco se le reconoce militancia alguna en ese partido y cuando le pidieron explicaciones a su diputado, este respondió que la propuso a solicitud de un amigo. En cuanto al electo a solicitud de ALN, la misma historia. La pregunta sonsa, dunda o como quieran llamarle es la siguiente: ¿cómo hicieron estos diputados para lograr que la bancada gobiernista votara tan alegremente por sus recomendados? Yo conozco la respuesta, pero me la reservo para no influenciar la de ustedes.

Recopilando, haciéndome eco de los rumores sobre lo acontecido el pasado 4 de mayo en la Asamblea, mi apreciación es que los diputados gobiernistas se recetaron diez de diez. La pregunta del millón es: ¿Qué van a hacer los señores de la Coalición, de la Alianza Ciudadana (CxL) y resto de partidos a los que durante años se les ha venido tildando de zancudos con ese resultado? En esta ocasión, voy a ser honesto y declarar públicamente que no tengo la menor idea, lo que sí les puedo adelantar porque me lo confirmó mi pitonisa personal, es que el resultado de las elecciones viene en la misma línea de lo que acostumbraba a decir Roberto Rivas, de ingrata recordación. Ya en el CSE tenemos los resultados, lo que faltan son las elecciones.

El autor es comentarista político.

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