Unidad, si se quiere se puede

El miércoles 12 de mayo se vencerá el plazo impuesto por la dictadura, a la inscripción de alianzas para participar en las elecciones generales de noviembre.

El brevísimo plazo de seis días para inscribir alianzas —que para las elecciones anteriores fue de dos meses y medio— es para impedir la participación electoral de una plataforma unida de la Coalición Nacional y la Alianza Ciudadana, que presentaría una sola candidatura presidencial y lista única de candidatos a diputados a la Asamblea Nacional y al Parlacén.

De la unidad opositora nacional se ha venido hablando desde hace casi dos años, sin que se haya podido lograr. De manera que parecieran tener razón los que dicen que es imposible conseguirla en solo una semana.

Pero si se quiere, se puede. Los líderes de la Alianza Ciudadana y la Coalición ya han hablado mucho y durante tanto tiempo sobre la unidad opositora nacional, de manera que sería muy poco lo que les quede por discutir para ponerse de acuerdo, formar la gran alianza e inscribirla el 12 de mayo.

Después tendrían hasta el período del 28 de julio al 2 de agosto, para seleccionar e inscribir la fórmula presidencial única y las demás candidaturas. Y la integración de las estructuras de fiscales y activistas electorales, no tendría por qué ser difícil si las dos plataformas unen en la acción a sus tendidos territoriales.

Lo que hace falta para lograr la unidad opositora es voluntad política. Se comprende que el altruismo no es un valor humano propio de los políticos aunque en su retórica hablen mucho sobre el “bien común”. Pero la unidad de la oposición es una imperiosa necesidad vital al menos para defenderse de una dictadura que quiere perpetuarse en el poder, para lo cual no solo se basa en el uso de la fuerza criminal sino también en la debilidad por dispersión de los sectores democráticos.

En un mensaje de Twitter después de que la dictadura impuso la contrarreforma electoral y su espurio nuevo Consejo Supremo Electoral (CSE), monseñor Silvio José Báez envió desde el exilio en que se encuentra por acoso de la dictadura, un dramático mensaje dirigido a todos los nicaragüenses de buena voluntad, pero en particular a los líderes de la oposición que se precian de ser demócratas.

“En Nicaragua la dictadura cierra todas las puertas a una salida democrática”, expresó el obispo auxiliar de Managua. Y agregó que “no hay que desanimarse, (que) es hora de deponer la soberbia política y las posturas sectarias. Todavía es hora del acercamiento humilde entre los distantes y del sacrificio de cada uno por el bien de todos”.

Sí, todavía es tiempo. Pero hay que atender la súplica de monseñor Báez. Las dos grandes soberbias políticas deberían flexibilizarse, bajarse a la realidad y ponerse de acuerdo en una posición común, balanceando los intereses y las pretensiones de las partes.

Y en última instancia una de ellas debería ceder a las exigencias de la otra. Sería apurar un trago muy amargo, pero le daría una casilla a la inmensa mayoría de ciudadanos que no apoyan a la dictadura ni tienen preferencia por ningún partido ni alianza, pero asombrosamente quieren ir a votar. Y, sobre todo, ganaría Nicaragua.

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