La metodología que el Gobierno utiliza para medir los niveles de pobreza en Nicaragua, ha sido fuertemente cuestionada por los economistas que dudan de los resultados. LA PRENSA/ OSCAR NAVARRETE

Gobierno de Ortega calla sobre 400,000 nicaragüenses que afrontan problema de hambre, mientras guarda millones en el BCN

El gobierno de Ortega ha sido identificado como una de las administraciones en América Latina y en especial en Centroamérica que no ha adoptado medidas de protección a las familias y empresas para mitigar el efecto de la pandemia del Covid-19 en las economías de los hogares, que desde el 2018 ya eran golpeadas por la destrucción de casi 200 mil puestos de trabajo.

Nicaragua está entre los cuatro países de Centroamérica que están afrontando problemas de inseguridad alimentaria, es decir hambre. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertó del «preocupante aumento de la inseguridad alimentaria aguda» en cuatro países de Centroamérica, entre los que se incluye a 400 mil nicaragüenses.

Y mientras el Gobierno mantiene guardados más de 25 mil millones de córdobas en las bóvedas del Banco Central de Nicaragua, la FAO señaló que debido a los huracanes a finales del 2020, que afectaron a más de ocho millones de personas en Centroamérica, la situación de inseguridad alimentaria, que ya era preocupante por varios años de sequía, la situación empeoró debido a la reducción de los ingresos, así como las restricciones del Covid-19 y el efecto en el mercado del trabajo.

«Las repercusiones económicas de la pandemia aumentaron las vulnerabilidades preexistentes, precipitando una importante crisis económica y del mercado laboral», advirtió la FAO.  Solo en el Corredor Seco, que abarca una parte del territorio nicaragüense, los hogares reportaron una reducción de sus ingresos durante octubre-diciembre debido a la pérdida de empleo y a la baja rentabilidad de las actividades comerciales informales, alerta el organismo.

«Para 2021 se esperan niveles de inseguridad alimentaria aguda atípicamente altos para Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y probablemente Nicaragua», señala. Al respecto, indica que esperan que entre 250 mil y 500 mil personas estén en crisis o peor (CIF Fase 3 o superior) en Nicaragua entre julio y agosto de 2021.

Según la FAO, «en Nicaragua, alrededor de 400 mil personas estaban en crisis o peor (IPC Fase 3 o superior) en septiembre-octubre de 2020».  El organismo recuerda que «los huracanes azotaron zonas donde los hogares ya habían experimentado varios años de lluvias escasas seguidas de ingresos reducidos debido al Covid-19, restricciones, que causan daños a cultivos e infraestructura a gran escala, destruyendo las reservas de alimentos del hogar y haciendo a las familias dependientes de los mercados durante un período de altos precios de los alimentos».

«Los choques económicos, incluido el Covid-19, tuvieron un efecto similar de impacto en la seguridad alimentaria en Nicaragua, donde aproximadamente 400 mil personas estaban en crisis o peor (Fase 3 de IPC o superior) durante septiembre-octubre de 2020, un aumento de cinco veces desde el pico de 2019 en junio-agosto». Recuerda que los huracanes en el país afectaron a alrededor de tres millones de personas principalmente en los territorios indígenas del Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, Triángulo Minero, Matagalpa, Jinotega, Nueva Segovia, Rivas y Carazo, donde se encontraba la pesca artesanal, la silvicultura y la agricultura afectados significativamente.

Hasta el momento, el régimen de Daniel Ortega no se ha pronunciado sobre qué políticas de apoyo ha impulsado para las 400 mil personas afectadas por la crisis alimentaria, ni ha propuesto soluciones para enfrentar esta problemática, a pesar que hasta marzo de este año tenía depositada en el Banco Central la suma de 25,954 millones de córdobas, que recibió de organismos externos precisamente para atender la pandemia y sus efectos colaterales.

El gobierno de Ortega ha sido identificado como una de las administraciones en América Latina, y en especial en Centroamérica, que no ha adoptado medidas de protección a las familias y empresas para mitigar el efecto de la pandemia del Covid-19 en las economías de los hogares, que desde el 2018 ya eran golpeadas por la destrucción de casi 200 mil puestos de trabajo.

Algunas propuestas

El economista Luis Murillo explica que la mejor política para afrontar esta situación sería crear un banco de fomento como lo era el Banco Nacional de Desarrollo (Banades), que apoyaba al sector agropecuario con préstamos y asistencia técnica. Este cerró en 1998.

“Prácticamente en estas condiciones el productor agropecuario no tiene muchas posibilidades de crédito, no está generando mayores niveles de producción y esto está creando una oferta relativamente baja en productos alimenticios y como producto de la crisis también ha venido bajando el poder adquisitivo de las personas, que a duras penas pueden tener para poder alimentarse mínimamente”, recalca Murillo.

Para el economista, a raíz de lo antes expuesto hay un mayor nivel de inseguridad alimentaria y nutricional, “prueba de esto son las 400 mil personas que ni siquiera tienen para poder alimentarse mínimamente. Esto genera un problema de productividad porque una sociedad mal nutrida no puede ser productiva”, enfatizó.

Las cifras pueden ser peores

Por su parte, el sociólogo Cirilo Otero asegura que cada día en Nicaragua hay más gente padeciendo hambre o mal nutrición y que la tendencia es al alza, es decir que se espera que el número de personas afectadas por la inseguridad alimentaria pueda aumentar.

“El problema es que en el país tenemos subregistros, carecemos de datos estadísticos por falta de control del Gobierno, del Estado y del sector privado. No hay un número que sea responsable, que diga tenemos tanta gente de tal edad y de tal sexo con desempleo y con hambre. Lo que hemos hecho es llevar control por la cantidad de empresas que han cerrado y la cantidad que trabajadores que había en ellas”, comentó al respecto.

La situación en Centroamérica

La inseguridad alimentaria aguda aumentó el año pasado en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras y Haití, afectando a 11.8 millones de personas en estado de crisis o peor frente a los 8.1 millones de personas de 2019, según el Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias 2021.

De esos 11.8 millones de personas afectadas, 7.7 millones corresponden a Centroamérica. Haití se sitúa en primer lugar con aproximadamente 4.1 millones de personas en crisis alimentaria. Seguido por Guatemala registrando más de 3.7 millones de personas, de las cuales casi 428 mil estaban en emergencia.

En tercer lugar se posiciona Honduras, con casi 2.9 millones de personas en esta condición. El Salvador registró 684 mil personas y Nicaragua, alrededor de 400 mil personas.

Hay más gente con hambre

Murillo explica que “el problema es más estructural y es el hecho de que la mayor parte de los nicaragüenses han perdido sus fuentes de ingresos, sus empleos, los productos están cada vez más caros, no tienen mayores niveles de ingresos y esto está creando inseguridad alimentaria y desnutrición”.

En esta línea, Otero explica que “el registro que está llevando la FAO y el SICA es que hay un aumento en la mal nutrición y el hambre. El hambre se vincula con la falta de trabajo, si la gente no tiene trabajo o tiene una actividad muy flexible, que trabaja un día o dos días a la semana, y después vuelve a quedar sin trabajo, entonces esa gente es la candidata a padecer hambre o mal nutrición”.

El sociólogo asegura que de todos los países centroamericanos “nosotros tenemos mayor problema en medio de la pandemia, que nos hace padecer una situación más crítica y vulnerable; por eso es que tenemos una migración bien alta y la gente está saliendo a trabajar a otro lado, tampoco les permite hacerlo de manera legal, se están yendo por puntos ciegos”.

El Informe Global sobre Crisis Alimentarias señala que entre las causas determinantes de esta crisis destacan los efectos climáticos, la pandemia por Covid-19, el precio internacional del café y la pérdida de ingresos. Asimismo, las reservas limitadas, el alza en los alimentos, el agotamiento de reservas de los mismos y la pérdida de cosechas.

Economía FAO hambre Nicaragua archivo

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