Las varias caras del BCN

Sin querer, el lindo óleo sobre lienzo que embellece la portada del Informe Anual del Banco Central de Nicaragua (BCN) del 2020 ilustra con sus máscaras las varias caras de nuestro BCN. Digo nuestro porque aunque los nuevos filibusteros lo han secuestrado nos sigue perteneciendo.

El BCN es por una parte una institución con técnicos y funcionarios que continúan siendo de primera pero censurados, y por la otra una donde su presidente y directorio actual acabaron con su institucionalidad e independencia deshonrando la herencia que dejaron varios de sus predecesores incluyendo un simpatizante del FSLN que renunció por dignidad hace nueve años protegiendo su independencia.

En lo técnico, el informe del BCN representa esta dualidad con un análisis incompleto que señala que la continua caída de la economía y el empleo el año pasado “estuvo determinado por la pandemia del Covid-19” ignorando la situación política. Por supuesto que la pandemia afectó la economía en el 2020 pero tampoco se puede ignorar el continuo impacto negativo de la situación política en el consumo y la inversión privada (sin contar el fuerte aumento de inventarios que se contabiliza como inversión pero en este caso más bien refleja expectativas que no se cumplieron).

Dada la competencia del equipo técnico no me cabe duda de que esta omisión fue por censura política. En mis tiempos (1970) a los técnicos no nos censuraban salvo las pocas veces que el doctor Gonzalo Meneses nos corregía algunos errores de ortografía y/o ofensas esporádicas a la lengua de Cervantes. Pero nunca el análisis económico.

Si por el momento uno se olvida y cierra los ojos ante esta omisión y censura, el informe es de muy alta calidad como sus técnicos aquí y en cualquier otro país particularmente en sus recuadros por lo que me refiero a su dualidad.

En la parte institucional no queda la menor duda. Como declaró doña Ligia Gómez exsecretaria política del FSLN en el BCN, el 19 de abril del 2018 recibieron la orden de “ir con todo para que no nos roben la revolución” de parte de la estimable primera dama que fue “aprobada y autorizada” por el señor presidente del BCN que, según me dicen ya que no he tenido el gusto de conocerlo, es un técnico de primera.

Lástima. En mis tiempos no teníamos en el personal secretarios políticos de ningún lado, ni el presidente del BCN de la época lo hubiera permitido.

Otras “órdenes” era movilizar a los empleados públicos del BCN en tareas partidarias y movilizarlos para garantizar su participación en las elecciones con una remuneración económica. Según doña Ligia después de cada elección el presidente del BCN pedía una lista de los “que no andaban con el dedo manchado”. Y se ponía a los empleados en un dilema moral pidiéndoles que mintieran sobre los atropellos que veían en las calles para preservar su empleo y salarios. En mis tiempos tampoco nunca hubo tal movilización ni listas ni solicitud de mentiras.

También según doña Ligia “hay un filtro bien fuerte en lo que se publica, y si el dato no es conveniente simplemente se bloquea y los técnicos no pueden opinar libremente” lo que confirma mis comentarios iniciales sobre la censura.

No conozco a doña Ligia ni tampoco por espacio reproduzco todo lo que ella reportó, pero no tengo ninguna razón para no creer lo que dijo. Por el contrario confirma lo que se sabe o sospecha sobre las varias caras del actual BCN.

Estoy seguro de que bajo el nuevo gobierno que tarde o temprano vendrá, el BCN recuperará su institucionalidad y prestigio y sus técnicos podrán expresar libremente sus análisis de la economía.

El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada.

Opinión
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