Si vemos de frente la historia de Nicaragua observaremos que el enquistamiento de los tiranos en el poder ha desencadenado todo tipo de hechos violentos: masacres, fusilamientos, ajusticiamientos, encarcelamientos, exilio, represión y dolor. Como sabemos, la guerra de los setenta se hizo para sacar la dinastía somocista del poder. La guerra fratricida de los ochenta fue necesaria para sacar al tirano-comunista de turno y más recientemente la matanza de los inocentes de abril del 2018 se da para sacar por segunda vez al tirano Ortega.
Cuando el corrupto líder del PLC nos entregó a los bárbaros fieros del FSLN se burló, a grandes carcajadas, de la lucha heroica de los miles de nicaragüenses que arriesgaban sus vidas para ver una Nicaragua libre de Ortega y su nefasto socialismo. Con ese acto cobarde el arnoldismo pisoteó la sangre y los cadáveres de miles y miles de los hermanos Contras que cayeron en las montañas idealizando un orden democrático en el suelo patrio, e hirió de muerte la voluntad de un pueblo que decidió aborrecer para siempre al orteguismo y sus prácticas tiránicas.
En la actualidad no ha hecho falta el ascenso al poder de una nueva figura política para burlarse de la sangre sagrada de los cientos de compatriotas que fueron fusilados por la tiranía orteguista en el 2018, tan solo ha bastado una oposición fragmentada —que demuestra intereses y no principios— para hacer que cada gota de sangre derramada se vertiera en vano. Entiendo que ese sentir fue lo que quiso retratar Manuel Guillén en su acertada y atinada caricatura del 30 de abril, donde nos muestra esa figura de acero pasando por encima del dolor que nos dejaron los caídos de abril.
La casta política nicaragüense encarna la oposición que todo tirano ansía, desea, necesita y procura para lograr su eterna permanencia en el poder. Mientras el tirano del Carmen hace todo lo posible para dejar el poder con sus atropellos a las libertades y demás actos corrosivos, la oposición hace hasta lo imposible para que el tirano no deje el poder.
Ver actitudes como las de Serrato que apoya la candidatura a magistrado propuesta por Byron Jerez, el peligroso acercamiento de Medardo Mairena al ALN, partido que en su momento vendió su tendido electoral al Frente, no hace más que estimular no solo el escepticismo en los nicaragüenses, sino que también son fuertes argumentos para no ir a votar en unas elecciones cuyo abstencionismo solo beneficia a la dictadura. Por otra parte y no menos doloroso resulta el proceder insensato de CxL que, declarándose férreo opositor del dictador, actúa como su más cercano aliado.
Como militante de CxL veo con vergüenza la actitud de su presidenta que no transige, que se aferra mezquinamente a los intereses partidarios en virtud de los grandes anhelos y aspiraciones nacionales. Ella levanta murallas y no tiende puentes cuando dice que una vez elegido su candidato quedará escrito en piedra, práctica heredada del arnoldismo.
Sé que detrás de esa fachada de hierro existen fuerzas soterradas que le impiden dar el paso al lado que demanda el país y prefiere hundirse con su navío antes que poner en peligro los intereses que en verdad representa. Si todos los candidatos que tienen verdaderas posibilidades de ganar adoptaran la determinación paradigmática y pragmática de Cristina Chamorro de inscribirse hasta que se haya dado la unidad, entonces, ambas agrupaciones se verían en la imperiosa necesidad de transigir, de ceder ante sus interés egoístas. Por ahora muchos de los que claman por la unidad lo hacen del diente al labio.
El autor es exiliado en Costa Rica.