Más de 30 hombres asisten a la oración al final del día que se realiza en la mezquita. LA PRENSA/Wilmer López

Así celebran los musulmanes el Ramadán en Nicaragua

Según el calendario islámico, el Ramadán inició el martes 13 de abril y finalizará con el ocultamiento del sol, el miércoles 12 de mayo.

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El nicaragüense Francisco Evaristo Calero Tapia, de 81 años, se levanta en la madrugada, a eso de las 3:00 a.m., va directo a la cocina de su casa, en Managua, busca gallo pinto con huevos, otras veces arroz y frijoles, come y luego se baña. Aprovecha y duerme un poco. Pero cuando el reloj marca las 4:20 de la mañana se dispone a realizar la primera oración del día, la que hace en honor al inicio del ayuno, el del Ramadán, la celebración musulmana más importante del Islam.

Cuando llega a la mezquita, ubicada en Managua, antes de las 8:00 de la mañana, después de abordar dos buses, ya no es más el nicaragüense Francisco Calero, ahora es el musulmán Isa, que en árabe significa Jesús, nombre que él escogió hace 19 años cuando se convirtió al Islam.

«Para nosotros, los musulmanes, es el mes más sagrado del año, es sacrosanto, es un gran orgullo que Dios nos permita este mes de Ramadán. Estos momentos son diferentes, es algo más especial», dice Isa, mientras lee el Corán -la biblia de los musulmanes- desde un sofá.

Francisco Evaristo Calero Tapia, de 81 años, conocido como Isa en la mezquita ubicada en Managua. LA PRENSA/Wilmer López

Mohamed Tawfik Bassyouny Eissa, de 33 años, el guía espiritual del Centro Islámico Attawhid, explica que el Ramadán es uno de los cinco pilares del Islam, y este se realiza una vez al año, durante treinta días, a veces son veintinueve. «Cada año, a nivel mundial, el Ramadán se celebra en el noveno mes lunar, es decir, inicia con la aparición de la luna nueva y finaliza con la siguiente luna nueva», dice Mohamed.

Según el calendario islámico, en este año el Ramadán inició el martes 13 de abril y finalizará con el ocultamiento del sol, el miércoles 12 de mayo.

Mohamed Tawfik Bassyouny Eissa, de 33 años, el guía espiritual del Centro Islámico Attawhid. LA PRENSA/Wilmer López

También explica que cada año el Ramadán inicia once días antes que el año anterior. En esta ocasión, a nivel mundial, los musulmanes estaban pendientes el domingo y el lunes para lograr ver la luna y saber si ya empezaría. Para saber el inicio del Ramadán se basan en dos criterios: la primera es que cada país debe buscar cómo visualizar la luna y en el caso de Centroamérica, si uno de estos logra ver la luna, el resto debe seguir esa fecha, y la otra opción es que si un país logra ver la luna en todo el mundo islámico, el resto de países debe seguir esa fecha.

«Como nosotros (Nicaragua) no tenemos estos medios para lograr ver la luna, como los telescopios, entonces nos basamos en la opinión de que el primer país que logre ver la luna, nos quedamos con esa fecha», dice Mohamed.

Para los musulmanes, en el mes del Ramadán, durante el día hacen cinco oraciones, las cuales pueden realizarse desde cualquier espacio. La primera inicia a las 4:20 de la mañana, que es cuando inicia el ayuno; la siguiente es a las 12:00 del mediodía; luego a las 3:00 de la tarde; después a las 5:57 de la tarde, hora en que se oculta el sol y rompen el ayuno con dátiles, unos frutos secos ricos en proteínas y azúcar, que también los acompañan con agua. Oran, y acto seguido ingieren alimentos. Arroz, carne de cordero, ensaladas, aguas, jugos, pero cada día la comida varía. La última oración se realiza a las 8:00 de la noche y se extiende hasta que la persona decida irse, en este caso, de la mezquita.

A las 5:57 de la tarde -hora en que se oculta el sol-, rompen el ayuno con dátiles, unos frutos secos ricos en proteínas y azúcar, también lo acompañan con agua. LA PRENSA/Wilmer López

Isa llegó al Islam en los años 90. Se enteró por medio de la televisión que en Ciudad Jardín existía una mezquita. Le dio curiosidad y fue en busca de esa dirección. Cuenta que llegó, y unos musulmanes le abrieron paso, lo atendieron muy bien, dice. Lo trataron como en casa. Él recuerda que para esos días iniciaba el mes del Ramadán y quería más información sobre esta religión y compró el Corán. Comenzó a leerlo y a asistir a las reuniones en la mezquita. Desde entonces no ha dudado de su elección. «Estoy orgulloso de ser musulmán», asegura.

Isa comiendo con el resto de musulmanes después de romper el ayuno. LA PRENSA/Wilmer López

Isa pasa 13 horas en la mezquita. Llega a las 8:00 de la mañana y regresa a su casa a las 9:00 de la noche. Durante el día lee el Corán, también reza. Pasadas las 2:00 de la tarde siente hambre, sin embargo, ora con más fe para lograr su objetivo: cumplir con el ayuno. «En nuestras oraciones suplicamos a Alá que proteja a todo Nicaragua, al universo, a los que poblamos al mundo. Este es el momento (el mes del Ramadán) que sabemos que Dios está más unido a nosotros», explica Isa.

La familia de Isa no está de acuerdo con su religión. «No vibra en esta frecuencia», dice. Pero él está convencido que es la religión en la que quisiera morir. Cuando no es el mes del Ramadán, Calero se queda en casa, pero siempre asiste a las reuniones en la mezquita, sobre todo los días viernes al mediodía, un día solemne para los musulmanes.

Isa, mientras lee el Corán -la biblia de los musulmanes- desde un sofá. LA PRENSA/Wilmer López

Waleed Abushihad, de 57 años, director del Centro Cultural Islámico Nicaragüense, tiene 27 años de estar en Nicaragua y lleva aproximadamente dos de estar dirigiendo la mezquita. Cuenta que a este templo llegan unos 150 nicaragüenses, entre hombres y mujeres. En total son unos 400 musulmanes que integran la mezquita y vienen de todos los departamentos del país. «Hay de Bangladesh, Pakistán, India, de Jordania, Palestina, Libia, pero la mayoría son nicaragüenses», dice.

¿Quiénes pueden hacer el Ramadán?

Los que tienen la capacidad física y las condiciones de salud pueden realizar el Ramadán desde cualquier espacio: la escuela, el trabajo, la casa, entre otros. En el caso de los niños no están obligados, solamente aquellos que tengan más de diez años pueden ir practicando con ayunos más cortos, explica Mohamed.

Los enfermos crónicos, las mujeres embarazadas, en periodo de lactancia o menstruación y los musulmanes con enfermedades temporales o de la tercera edad, están exentos del Ramadán, pero estos pueden hacer obras de caridad, es decir, dar de comer al hambriento, o calzar al descalzo.

Si una persona está en algún viaje fuera del país y no tiene las fuerzas, puede posponerlo, pero luego deberá reponer los días que no hizo de ayuno.

Un grupo de musulmanes se reúnen para romper el ayuno y compartir entre hermanos, entre ellos el nicaragüense Francisco Calero. LA PRENSA/Wilmer López

Isa, por ejemplo, está en la lista de las personas que no deberían realizar el Ramadán, porque es diabético y tiene «otras enfermedades», dice. Aún así, asegura que desde que se convirtió en musulmán no ha dejado de hacer el ayuno. «Yo creo que Dios me conoce a fondo y conoce hasta la última célula de la cuál me compongo yo, pero ¿podría dejar de hacer este sacrificio porque tengo una enfermedad?», se preguntó. De inmediato contesta que no lo hará nunca porque Dios de una sola palabra puede quitarle las enfermedades que tiene.

El objetivo

Durante el tiempo que se lleva a cabo el ayuno, los musulmanes no pueden ingerir ningún tipo de alimento, ni agua, tampoco tener relaciones sexuales.

«Con el ayuno podemos lograr la piedad, también ayuda al cuerpo a luchar contra algunas enfermedades, ayuda a las personas a controlarse: no actuar mal, no hablar mal, no debe reaccionar mal, y nos ayuda a controlarnos a comer, beber, tener relaciones sexuales, entonces uno puede controlarse en todo. También se aprende a valorar más lo que tenemos», explica Mohamed.

El ayuno, asegura, enseña a los ricos a darse cuenta que hay pobreza, personas necesitadas que no tienen para comer, duermen con hambre, entonces cuando uno sufre y siente hambre y sed, reflexiona. «Primero se es más agradecido con Dios y también se ayuda al más necesitado porque es algo que vivió. Espiritualmente es bueno», dice.

La nicaragüense Marina Castaño, quien tiene 25 años de ser musulmana, asegura que este mes es uno de los más esperados para los musulmanes. «Este momento es uno de los esperados del año y esperamos estar con salud para poder hacer el ayuno que nos alivia el alma, nos damos cuenta de las personas que aguantan hambre, sed, pero que no tienen dinero para comprarlo y con esto hacemos conciencia de que debemos de compartir con lo que Dios nos da», reflexiona.

Waleed Abushihad, muestra la ropa que deben usar las mujeres musulmanas cuando entran a la mezquita a orar. LA PRENSA/Wilmer López

Castaño se convirtió en musulmana por su esposo, quien es Libio. Se enamoró y se se casó con él. Ella no profesaba ninguna religión y tampoco estaba convencida de ser musulmana, pero fue leyendo el Corán y entendió «que es una religión estricta, que no tenemos otros ídolos y no tenemos a nadie con quien comparar a Dios», afirma.

Asegura que el proceso de convertirse en musulmana para una mujer es duro por los ayunos y las oraciones, y dice que son muy estrictas, porque deben hacer una limpieza en su cuerpo, y no pueden tocar el Corán sino están purificadas. Ya después todo el proceso lo sienten normal.

Asegura que cuando está en el mes del Ramadán ella siente paz, y cuando finaliza el ayuno se siente recompensada, porque, «valoras más lo que Dios te da». «Cuando no estás en ayuno, sientes el agua normal, pero cuando sí lo estás, el agua que ves caer del chorro, es maravilloso», explica.

La celebración en agradecimiento

Un día después que finaliza el Ramadán, a nivel mundial, se realiza una celebración durante todo el día. Esta inicia con una oración por la mañana, también preparan banquetes para compartir con todos los musulmanes. Compran juguetes para regalar a los niños pobres. Antes de la pandemia, en la mezquita contrataban a payasos para animar durante el día, sin embargo, como medida para evitar aglomeraciones, este año no se llevará a cabo en Nicaragua. También regalan ropa.

«Gracias a Dios con lo del coronavirus nunca cerramos la mezquita como en otros países, no cerramos ningún día, pero sí tomamos medidas, como el uso de la mascarilla, también se desinfecta todo», explica Abushihad.

Waleed Abushihad, de 57 años, director del Centro Cultural Islámico Nicaragüense, tiene 27 años de estar en Nicaragua y lleva aproximadamente dos de estar dirigiendo la mezquita. LA PRENSA/Wilmer López

La mezquita, ubicada por la Rotonda Universitaria, fue construida en el 2008 y es el centro islámico más grande en Nicaragua, asegura.

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