Jamais vu es un fenómeno que experimenta la persona al afirmar no haber vivido o no conocer situaciones o personas que sí debería reconocer. Es lo contrario a déja vu, que hace referencia a lo ya visto.
Los candidatos, partidos y elecciones en Nicaragua muchos creerán es déja vu. Pero es más grave la situación porque es jamais vu. Lo es para dos grupos y una docena de partidos zancudos que se han autollamado oposición, sin serlo. Se puede evitar. La verdadera oposición es mucho más amplia y eso que los del exterior no votan todavía. La autollamada oposición no conoce situaciones que debería reconocer. Lo demostró con actuaciones inexpertas, con no darse cuenta que por sus pleitos no tienen el respaldo del pueblo, no pudo por consiguiente consolidar un bloque monolítico opuesto al actual gobierno, abandonaron a los presos políticos que deben ser liberados con urgencia, se desprestigiaron al incluir en sus grupos tenebrosos nombres del pasado tildados por el pueblo como sandinistas arrepentidos, corruptos, piñateros y no aprenden la lección de formar de inmediato fuerzas emergentes, robustas, democráticas en forma de nuevos partidos que entusiasmen al pueblo elector. Se han contentado en distraer a parte del pueblo con candidatos presidenciales y más candidatos, salidos de la nada algunos, sin partidos creíbles lo que elevará la abstención electoral al 60 % contando solo con el 4 % o 5 % de votos con los que 1) no se compite y 2) no se gana una elección.
Opiniones de centros de pensamiento mundiales reflejan ausencia de factores de competencia partidaria en Nicaragua. Las fuerzas políticas opuestas son muy desiguales y ese escenario debe corregirse en beneficio del pueblo, de sus opciones, de la democracia, de todo el sistema de partidos políticos y del país. No es que exista oscuridad, es que hay ausencia de luz y le toca a la amplia mayoría de la oposición alumbrar, porque la que se autollama oposición no pudo. Con nuevos tejidos de ciudadanos o nuevos partidos que se fundamenten en la democracia y no con candidatos y más candidatos, se puede lograr un balance saludable de competencia que conviene a todos y al mismo tiempo disminuir la abstención, que es la enemiga número uno en todo proceso electoral. Tendrán éxito en noviembre las fuerzas emergentes demócratas opositoras, nuevos partidos sólidamente formados que logren convencer al votante con nuevos programas de gobierno que lo mueva de su casa a las Juntas Receptoras de Votos (JRV). Los candidatos entonces podrán ser institucionalmente escogidos, formados y catapultados por los nuevos partidos y los habrá. No hay tiempo, dirán algunos. Sí que lo hay, si se quiere y se piensa.
Hay que restablecer el equilibrio. Por un lado, hoy frente a las fuerzas opositoras desunidas, existe otra en el poder de izquierda con respaldo que afirman está presente a nivel nacional, que además se percibe con suficientes recursos y que expresan defenderán sus logros en las próximas elecciones. Esa fuerza partidaria es real y rebasa por mucho las autollamadas opositoras. Según las encuestas, llega a un 25 % y sería suficiente para asegurarles un triunfo si la abstención electoral es del 60 % como proyectan las mismas. Las últimas reflejan que 2/3 de la población no siente preferencia por ningún partido político existente y que el 70 % no votará en las elecciones de noviembre. Con una abstención aún menor al 60 % como ejemplo 45 %, que es funesta, se reduce el universo electoral al 55 %, donde ese 25 % de votantes que las encuestas apropian al FSLN se eleva al 38.75 %, con lo que triunfan.
La oposición demócrata nicaragüense, que es más amplia, es la que debe reaccionar porque si no perderá las elecciones. Los dos grupos y la docena de partidos zancudos colaboracionistas (PLC, CxL, PRD, PC, Apre, ALN, PLI, etc.) pueden quedarse como están y alcanzar su proyectado 4 % o 5 % de votos.
Por otro lado, existen realidades simples y claras si no se forman nuevas fuerzas emergentes demócratas, creíbles, robustas en forma de partidos nuevos. La primera es que aun con previas reformas electorales que todos los nicaragüenses debemos impulsar, en unas elecciones libres, transparentes y observadas por organismos nacionales e internacionales, ni que, con todo respeto el Dalái Lama viniera del Tíbet y fuese candidato de cualquier partido zancudo obtendría el apoyo del pueblo. Precisamente porque sería candidato de un partido zancudo. El análisis final del pueblo es que esos partidos llamados opositores se perciben ligados al de gobierno y están a merced del mismo, todos sin excepción. La segunda es que en elecciones donde la libertad, claridad y observación electoral no estén presentes, la autollamada oposición participando en partidos zancudos también pierde por resultar como minoritaria después del escrutinio, sin duda.
ProVoto pone su parte, promueve el voto y lo hace en beneficio de la democracia, valores ciudadanos y sin inclinación partidaria alguna. Emprendió la campaña Voto 2021, lo promociona con el único propósito que la población apta para ello ejercite su derecho en noviembre, derecho que en el ámbito cívico es su más alta responsabilidad, responsabilidad de organización partidaria verdaderamente opositora y competitiva que urge tome el conglomerado amplio de la oposición democrática política nicaragüense.
El autor es abogado y presidente de ProVoto.