Las primeras 48 horas de abril

Dentro de pocos días se conmemorará el tercer aniversario del estallido de la revolución de abril de 2018, la cual cambió el curso de la historia contemporánea de Nicaragua a pesar de que no se pudo derrocar a la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Para honrar este aniversario, la Revista Magazine de LA PRENSA —en su edición número 316 que circula en estos días en sus versiones impresa y digital—, publica un reportaje de la periodista Amalia del Cid titulado 48 horas que despertaron a Nicaragua. Se trata de una cronología de los hechos que ocurrieron en aquellos dos días inolvidables, cuando comenzó la insurrección popular que a partir de allí se generalizó en todo el país.

El reportaje de Magazine recrea lo ocurrido en aquellos dos trepidantes días de protesta, que inicialmente fue estudiantil pero rápidamente se transformó en una gran rebelión nacional que puso a la dictadura al borde de su caída estrepitosa, como cayeron derribados por el pueblo los esotéricos árboles murillistas de metal erigidos en Managua como símbolos de una tiranía ideológicamente ecléctica, que combina el socialismo con la hechicería.

El trabajo de Amalia del Cid también refuta —por si fuese necesario hacerlo otra vez—, el argumento oficial del régimen orteguista de que lo ocurrido en abril de 2018 fue un intento de golpe de Estado. Con esa falacia ha pretendido justificar la matanza que realizó para desmontar a balazos los tranques que levantaron los rebeldes a fin de defenderse de la mortífera represión estatal.

La rebelión de abril de 2018 estalló espontáneamente, sin planificación, organización ni dirección de ningún movimiento social o político. Fue la consecuencia inevitable de los hechos atroces que venían ocurriendo desde el 10 de enero de 2007, cuando Daniel Ortega retomó el poder y comenzó a restaurar la dictadura.

En los primeros meses y años del nuevo régimen dictatorial de Ortega había muy poca resistencia democrática activa. Solo algunos grupos de valientes ciudadanos pertenecientes a una coalición pluralista se atrevieron a manifestarse en la calle. Y fueron reprimidos brutalmente por el régimen, pero también menospreciados insólitamente en medios de comunicación independientes y democráticos, que llamaban “4 gatos” a quienes participaban en los miércoles de protesta frente a las instalaciones del Consejo Supremo Electoral.

La brutalidad policial y de militantes armados pertenecientes a la Juventud Sandinista y a los comités de base del partido FSLN, fue incesante a partir de 2007. La misma agresión del 18 y 19 de abril de 2018, ya había ocurrido el 11 y 12 del mismo mes contra los estudiantes que exigían acciones gubernamentales efectivas, para sofocar un incendio forestal en la Reserva de Indio Maíz. Y ocurrió en la noche del 21 de junio de 2017, cuando estudiantes solidarios con pensionados del Seguro Social y convocados bajo la consigna OcupaINSS, fueron salvajemente agredidos por forajidos gubernamentales.

Así las cosas, en algún momento tenía que estallar una rebelión popular como la de abril de 2018. En realidad, lo lamentable fue que a pesar del coraje y el sacrificio la insurrección no triunfó. Pero puede triunfar en otra oportunidad, y si la rebeldía democrática se pudiera canalizar por la vía electoral sería mucho mejor.

 

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