Exobrera de la maquila Orbenia Martina Díaz, dedicó más de 20 años a las empresas zonas francas. LA PRENSA/JADER FLORES

«Mi mano está muerta», la denuncia de mujeres extrabajadoras de maquilas en Nicaragua

Alrededor del 30 por ciento de las obreras de las zonas francas experimentan dolencias y enfermedades derivadas de las condiciones en las que desarrollan su trabajo, señala el Movimiento María Elena Cuadra

Contenido Exclusivo CONTENIDO EXCLUSIVO.

Yadira del Carmen Juárez, de 51 años, pasó casi una década laborando en una empresa de zona franca. Ahora la aquejan múltiples enfermedades y dolencias asociadas al trabajo en la maquila: desde problemas en la columna debido a la postura en la que debía permanecer trabajando, hasta padecer un síndrome que le impide mover una de sus manos.

«A tres años de estar en esa empresa empecé a tener problemas de salud. Se me caían las cosas de las manos y se me dormían los dedos. En el hospital el ortopedista me mandó a hacer ultrasonidos y salió que tengo el síndrome del túnel carpiano en las dos manos. En el hospital me operaron, pero ya estaba pasada la enfermedad. Mi mano está muerta, no la siento, los dedos se me ponen tiesos», relata Yadira.

La exobrera de la maquila es originaria de Tipitapa, laboró por nueve años en la empresa New Holland Appareal, pero el pasado 9 de octubre de 2020 fue despedida bajo el argumento de «recorte laboral» y ahora lamenta que algunas empresas despidan a personas con daños laborales y crónicos. «Es inhumano».

LA PRENSA consultó vía telefónica a la empresa Sincotex —una de las compañías mencionadas en la denuncia de las mujeres— y una representante aclaró que durante el inicio de la pandemia la empresa se vio obligada a cancelar el contrato de todo el personal. En cuanto a las enfermedades que desarrollaron los extrabajadores, adujo que esa parte no le corresponde a la compañía sino al Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS).

«Aquí se prestan todas las condiciones, se capacita al personal, si no, no tuviéramos mil y pico de empleados trabajando y todos estarían enfermos. Sobre las enfermedades laborales, eso lo ve el INSS y para que el INSS pueda diagnosticar una enfermedad laboral tienen que investigar en todas las empresas donde la persona trabajó, no solo en el último empleo que tuvo», mencionó la representante.

Este Diario también envió correo electrónico a la empresa New Holland Appareal para conocer su versión en cuanto a estas denuncias que también los señala a ellos, pero hasta el cierre de este artículo no recibimos respuesta al respecto.

Lea también: La situación de las mujeres en las maquilas

«Despedida solo tengo derecho a tres meses de atención en el Seguro Social y ningún ingreso porque no agarré liquidación», dice Yadira. Con tres hijos, la mujer asegura que actualmente sobreviven con la pensión de su marido: 3,200 córdobas al mes.

La historia de Yadira es la misma que viven y cuentan miles de mujeres nicaragüenses que trabajan en las maquilas, quienes reportan largas jornadas laborales bajo un ambiente hostil, apuntando casos de violencia y acoso. Sumado a ello los padecimientos que las obreras desarrollan con el tiempo, como dolor en las manos, espalda y rodillas.

Diagnóstico

El movimiento de mujeres trabajadoras y desempleadas María Elena Cuadra (MEC) presentó un informe denominado «Diagnóstico de la situación de los derechos laborales de las trabajadoras en empresas de zona franca» en el que exponen el deterioro de las condiciones de las trabajadoras, que tiene que ver con los horarios de trabajo, salario e incumplimiento de sus derechos consagrados en la Constitución.

El diagnóstico del Movimiento de Mujeres analizó a 17 empresas maquiladoras, de un total de 35 zonas francas ubicadas en Managua, Ciudad Sandino y Tipitapa, las cuales aglutinan a un aproximado de 40,890 obreras, que corresponde a un 32.7 por ciento del total de trabajadoras de las empresas textileras en todo el país, explican los consultores del organismo.

Para ello entrevistaron a un universo muestral de 902 mujeres trabajadoras de las 17 empresas seleccionadas. En la encuesta se abordaron temas como los datos socio-laborales, producción, normas y salarios; conocimiento sobre derechos laborales, seguridad social, atención en salud, maternidad, violencia laboral, accidentes, entre otros.

«Alertar a las obreras»

La periodista Sylvia Torres, quien forma parte del equipo de trabajo de este organismo de mujeres, durante la presentación de dicho informe detalló que un 34 por ciento de las casi mil mujeres entrevistadas presentaban síntomas de trastorno de músculo esquelético, que son enfermedades laborales causadas por jornadas intensivas y falta de condiciones ergonómicas.

«Con el objetivo de ponerle cuerpo y vida a esta cifra que está ahí planteada fue que el MEC buscó testimonios y mostrar fotografías de la vida de mujeres que han sido afectadas», explicó Torres.

Periodista Sylvia Torres, parte del equipo de trabajo del MEC. LA PRENSA/JADER FLORES

Detallaron que este estudio tiene como objetivo «alertar» a las mujeres jóvenes, que todavía no tienen síntomas de trastorno de músculo esquelético, «que tienen que demandar condiciones de trabajo según el código de higiene y seguridad ocupacional. Es mirar lo que se les puede venir en el futuro y reclamar sus derechos y demandar ante las empresas que inviertan en las condiciones de sus trabajadores».

Indefensión sindical

Además de trabajar en condiciones no aptas para estas labores —señalan—, muchas de las obreras están en total indefensión sindical porque pese a que los sindicatos existen en las empresas para defender a los trabajadores, en su mayoría se parcializan a favor del empleador.

Tal es el caso de doña Rosario de la Concepción Gaitán, de 44 años. Ella desde los 18 años trabajó en diferentes empresas de zonas franca. La última fue Sincotex, de donde la despidieron durante el inicio de la pandemia. Recuerda que en esa empresa se la jugaba con tres máquinas al mismo tiempo —la  plana, la overlock y la sambo— «cada una era una posición diferente», indica, lo que la terminó desgastando.

A los tres años de laborar en empresas textileras —recuerda Rosario— comenzaron los problemas de salud: inició con una alergia por la pelusa, se combinó una fuerte tos y terminó perdiendo la voz durante 18 meses. La recuperó a través de terapias de vocalización, aunque —dice— el problema persiste.

Lea además: ¿Qué es el Síndrome de Túnel del Carpo?

«Tengo alergia crónica, se me va la voz cuando grito muy alto y una tos que me agarra en la tardecita y la noche. Lavo poco y no puedo retorcer la ropa, y cuando cocino se me quema la comida porque se me va el olfato y no siento gusto», relata. «El INSS no reconoció mis otras lesiones, yo tengo dolores fuertísimos en las manos, el hombro, la columna y mi rodilla derecha».

Alrededor del 30 por ciento de las obreras de las zonas francas experimentan una serie de males derivados de las condiciones en las que desarrollan su trabajo. LA PRENSA/JADER FLORES

INSS: 400 córdobas al mes

Ahora, como desempleada, solo recibe por parte del INSS un monto de 400 córdobas mensuales en concepto de pensión por padecer enfermedades como rinofaringitis, sinusitis crónica, bronquitis crónica simple y laringofaringitis irritativa.

«Mi reclamo es que se pongan las manos en la conciencia, al Gobierno que administra el INSS como la institución, porque ¿quién come con 400 córdobas al mes en esta situación que estamos? Yo metí reclamos al INSS por mi dolor en la columna y mi hombro, pero no me dan respuesta. Aparte que estas empresas nos perjudicaron bastante por no darnos medidas de protección y se hicieron millonarios a costillas nuestras», dice Rosario.

¿Dónde acudir?

Sobre este punto, Pedro Ortega, secretario general de asuntos laborales de la Confederación Sindical de Trabajadores de Zona Franca (CST-ZF), sugiere a las mujeres agotar todas las vías legales existentes para que el Seguro Social diagnostique los casos como riesgo laboral y puedan recibir su pensión de invalidez e indemnización por parte de la institución estatal.

«Si el INSS o el Ministerio del Trabajo no responden, entonces aquí quedan dos vías donde las compañeras pueden acudir: ir a la Procuraduría General de la República, que es la entidad que monitorea el cumplimiento de las leyes. La otra vía son los juzgados, a través de la Ley 815, donde el Código Procesal Laboral de Seguridad Social, que contempla la competencia de los juzgados sobre resoluciones administrativas competentes a la Seguridad Social»,explicó.

La historia de Orbelina Martina Díaz, de 51 años, es similar. Se la pasó más de 20 años laborando en la empresa textilera Fortex, hasta que cerró en el 2007. Durante el tiempo que laboró en dicha fábrica sufrió una caída que le afectó la columna.

«Por esa falta de atención por la negativa de la empresa a darme permiso, ya se me han cerrado los discos de la columna de arriba hacia abajo y ahora se me inflaman las piernas. Por otro lado, debido a los movimientos de la muñeca me operaron las dos manos en el 2012, pero quedé igual», relata.

Ahora la mujer de 51 a­ños lamenta que el Seguro Social no le reconozca muchos de estos padecimientos y debido a eso no recibe una pensión por riesgo laboral. «Si estás sana sos una excelente trabajadora, pero si te enfermás, sos un problema», dice.

Un cambio

Sandra Ramos, directora del MEC, describe que durante 25 años este movimiento ha estado peleando para que las condiciones de estas mujeres cambien y por eso ahora buscan evidenciar el impacto y secuelas que ha provocado el trabajo en la maquila en las mujeres.

«En muchos de estos casos han sido diagnosticados como enfermedades comunes y no como secuelas del trabajo y ese es un gran reto que tiene este país y nosotras estamos trabajando con una red centroamericana y Europa que se llama «Campaña de ropa limpia», que incluye organizaciones que trabajan con las marcas para que cuando estas pongan sus productos aquí, cumplan con su responsabilidad social empresarial que tienen».

Las maquilas llegaron a Nicaragua como una opción de mano de obra ante el creciente desempleo y la débil recuperación económica. En la actualidad, en este rubro los empresarios prefieren contratar mujeres de edades entre los 18 y 35 años, para evitar el ingreso de mujeres que arrastran secuelas laborales que día a día minan su salud.

Alrededor del 30 por ciento de las obreras de las zonas francas experimentan una serie de dolencias y enfermedades derivadas de las condiciones en las que desarrollan su trabajo, principalmente por ser este de movimientos repetitivos y con ritmos acelerados por los plazos y metas que se deben cumplir o aumentar su volumen de producción y de esta forma también —en algunos casos— aumentar sus ingresos, expuso el Movimiento María Elena Cuadra.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí