Héroes y villanos en la pandemia

Al conmemorarse el primer aniversario del ataque de la pandemia del Covid-19 en Nicaragua, es necesario rendir un tributo de admiración y agradecimiento a los médicos de ambos sexos y diversas especialidades, quienes desde antes de que el virus comenzara a matar gente en Nicaragua crearon el Observatorio Ciudadano Covid-19. Y por supuesto, el reconocimiento va también a todas las personas de otras disciplinas y labores, que los apoyan y facilitan el desarrollo de su extraordinaria labor humanitaria.

Según los creadores del Observatorio, su propósito es informar, aconsejar y alertar a la población nicaragüense, sobre los avances e implicaciones de la pandemia, y las medidas de prevención que se deben poner en práctica rigurosamente. De esa manera ellos llenan en todo lo que pueden el vacío informativo deliberado y malintencionado del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que no ha querido poner en práctica las necesarias medidas públicas de precaución, oculta información y manipula los datos que son de vital interés público.

Pero los médicos del Observatorio no solo hacen esa labor que tiene tanto valor preventivo para la gente. También se han dedicado a dar consultas e inclusive a atender físicamente, y a través de teléfonos y redes sociales, a muchas personas que han sido afectadas por la peste pero son desatendidas por el sistema de salud pública discriminatorio del régimen orteguista.

No obstante, también es necesario reconocer que no pocos médicos y otros integrantes del personal sanitario, han hecho todo lo posible para atender a los pacientes afectados por la peste, honrando su compromiso ético, social y humanitario. No pocos de esos médicos y otros miembros del personal sanitario han sufrido represalias de sus jefes, quienes más que profesionales de la salud son partidistas fanáticos, contaminados por el virus odioso del caudillismo y de la ideología política de la dictadura.

Gracias al Observatorio Ciudadano, gran parte de la ciudadanía ha podido mantenerse informada semana a semana de la trayectoria de la pandemia, y de sus amenazas y consecuencias reales, contrarrestando al régimen que manipula las cifras y niega la información necesaria para que la gente se proteja mejor. Inclusive, en vez de tomar las medidas de protección colectiva de los contagios, el orteguismo promueve de manera irresponsable aglomeraciones populares de toda clase.

Daniel Ortega ni siquiera hace honor a la fama de eficiencia que tiene —o más bien se ha inventado— el totalitarismo, sobre todo en la ejecución de políticas sociales. Como lo demuestra la dictadura de Nicaragua, la verdad es que tal eficiencia solo es en el espionaje a los ciudadanos y en la represión de toda forma de pensamiento libre, de oposición, de inconformidad o disidencia.

De los médicos y miembros del equipo de apoyo del Observatorio Ciudadano Covid-19 Nicaragua, que honran su juramento hipocrático de ética profesional, se puede decir con razón lo dicho por Simón Bolívar: Que debe sentirse dichoso todo aquel que “corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y las desgracias públicas, preserva su honor intacto”.

Y cabe mencionar, finalmente, a la empresa privada que con ejemplar responsabilidad ha dispuesto para sus colaboradores y usuarios, todas las medidas necesarias de protección ante la pandemia del Coronavirus 19.

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