Dos de los principales referentes religiosos y morales de Nicaragua, el cardenal Leopoldo Brenes y el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, hicieron el domingo pasado vehementes llamados a que no se continúe usando un mensaje de odio en el lenguaje político.
Los pastores católicos hicieron este llamado en las homilías de las misas que oficiaron el domingo 14 de marzo. No es la primera vez que ellos y los demás obispos de Nicaragua claman contra el lenguaje de odio. Sin embargo, los llamados de este domingo han sido emitidos cuando la nación está en vísperas de entrar a una campaña electoral, la cual será necesariamente excepcional por la resaca de los violentos acontecimientos sociopolíticos de abril y meses siguientes de 2018, que de manera directa o indirecta siguen lastimando dolorosamente a toda la población nicaragüense.
Nosotros respaldamos el llamado de los obispos a la moderación política. Pero también debemos señalar que la principal fuente del discurso de odio es la dictadura, inclusive, a título personal Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ellos, cada vez que hablan en público envían a sus seguidores un terrible mensaje de odio contra toda persona que pertenezca a la oposición o que simplemente critique las políticas gubernamentales. Un discurso de odio incluso contra los obispos católicos y otras personas consagradas.
Por supuesto que entre los adversarios del régimen también hay quienes usan un lenguaje de odio contra los dictadores y sus colaboradores y fanáticos. Pero esto ocurre prácticamente solo en las redes sociales y por parte de personas que no tienen responsabilidad política en la oposición organizada. Además, el discurso de odio de quienes disponen de un partido político armado y el poder policial, militar y judicial, tiene mucho más peligrosidad que el de personas inermes e indefensas cuya única arma es la verbal; y lo que exigen es justicia, libertad para todos los presos políticos, regreso seguro de los exiliados y reparación a las víctimas por los graves daños que han sufrido.
Los dirigentes y voceros de los movimientos opositores organizados no utiliza palabras de odio para referirse a sus adversarios. Y más bien algunos de ellos son víctimas del lenguaje de odio hasta de quienes los atacan desde posiciones opuestas a la dictadura, porque exhortan a la reconciliación nacional, la transición pacífica, la necesidad de un acuerdo, compromiso, pacto o como se le quiera llamar, para unir esfuerzos en la reparación del tejido social dolorosamente dañado, e impulsar la reconstrucción nacional en clave democrática, gradual e institucional.
Dice el académico venezolano Salvatore Giardullo Russo que ni siquiera hay que “odiar en defensa propia”, porque el odio “nos aleja de nuestra esencia humana”. En realidad, como advierten sicólogos y sociólogos, de tanto odiar a quienes nos odian podemos terminar pareciéndonos a ellos. Y no se puede construir una sociedad y un mundo mejor utilizando los mismos materiales y herramientas con las cuales se construye la dictadura y el sistema de opresión.
No por casualidad solo políticos deshumanizados, como Hitler y el Che Guevara, han predicado el odio y el exterminio como doctrina para conquistar y preservar el poder. Porque ha sido para imponer monstruosas tiranías.