Siguiendo con la temática de los retos de los precandidatos presidenciales de la oposición, en esta ocasión me referiré al mayor de todos los retos, me refiero a la escurridiza unidad. Para empezar a hablar de ella, permítanme enumerar algunos conceptos de unidad: para lograr la unidad, es indispensable la existencia de un objetivo común entre quienes pretenden unirse, uno de los beneficios de la unidad, es que te permite mantener tu identidad, algo que tanto los partidos políticos como las organizaciones civiles protegen con mucho celo. Por ello es indispensable que entiendan que las diferencias no desaparecen con la unidad, se mantienen, aunque subordinadas a los puntos que llevaron a contraerla. Por lo tanto, solo rige con relación al objetivo común que la hizo posible, algo que hasta hoy parece que no han logrado comprender nuestros políticos. En el caso nuestro, se me ocurre que estos podrían ser entre otros, recuperar nuestra democracia, reconstruir nuestra economía y devolvernos nuestros derechos civiles y políticos conculcados por la dictadura. Objetivo que solo será posible yendo unidos. Esto me recuerda la anécdota del jefe indio, que en su lecho de muerte llamó a sus cinco hijos y les pidió que cada uno partiera una flecha, algo que todos lograron, luego solicitó cinco más y le pidió al más fuerte que intentara romperlas todas al mismo tiempo y por más que lo intentó no lo logró, creo que no hace falta explicar la metáfora.
Lo que nos lleva a aceptar la triste realidad, que no todos los partidos y candidatos tienen el mismo objetivo. En esta ocasión no voy a referirme a quien tiene tal o cual objetivo, eso se lo dejo a la apreciación de cada uno. Lo que sí voy a hacer, es afirmarles categóricamente que, hasta hoy, los intereses de los empresarios, de los partidos políticos, así como de los precandidatos, no son los mismos. Pues si así fuera, hace rato tendríamos en temblores a la dictadura. Ahora permítanme analizar las causas de la falta de unidad y por qué afirmo y reafirmo que la ansiada unidad no se va a dar. Además de los egos de algunos y algunas, están los mezquinos intereses políticos y económicos, algo que no existía en las elecciones del noventa, pues todos los partidos políticos opositores al gobierno estaban en la perra calle, no existía una empresa privada poderosa como la hay ahora, además de que jamás se le pasó por la cabeza a la dictadura de entonces la posibilidad de perder. En cambio, hoy, la dictadura tiene miles de millones de dólares que defender y decenas de millones para torcer las voluntades que hagan falta para mantenerse en el poder.
Razón por la que la ansiada unidad llegará hasta que surja el líder que inspire y tenga el coraje de ponerse al frente de las demandas del pueblo, ese día, a ese o esa, todos le seguiremos. Mientras ese líder no aparezca, seguirán hablando sin entenderse, como en la histórica torre de Babel.
No quiero finalizar sin pedirle a los precandidatos presidenciales que dejen de pintarnos la Nicaragua del futuro, hablando de sus “programas de gobierno”, que mejor se busquen una escoba, que la agarren entre todos y que prometan que van a barrer con la corrupción y los corruptos, con eso basta y sobra. Si no se ponen de acuerdo en hacerlo, suscriban un documento en donde se obliguen a denunciar desde el 1 de junio la ilegitimidad del proceso y pedirle a la comunidad internacional el desconocimiento del mismo. Si no lo hacen por la razón o excusa que se inventen, vayámonos preparándonos para ver como algunos rasgándose sus vestiduras, asegurarán que hay que participar, pues solo así se podrá demostrar el fraude. Algo que ya se ha hecho y los únicos que han sacado ganancia han sido la dictadura y los eternos zancudos.
El autor es comentarista político.