Elecciones en el autoritarismo

Ha habido —y hay— tantos regímenes autoritarios en el mundo, en los cuales sin embargo de vez en cuando se realizan elecciones, que los científicos políticos y expertos electorales han creado una sección especial de la doctrina para entender y explicar este fenómeno que de primas a primeras parece absurdo y anormal.

Las elecciones son el medio fundamental de participación ciudadana y popular del sistema democrático, opuesto al autoritarismo. Las elecciones se entienden y practican como una sana aunque enconada competencia entre partidos de distinto signo ideológico, pero identificados con los valores e instituciones de la democracia y además comprometidos no solo a practicarlos, sino también a defenderlos.

De modo que las elecciones son un componente esencial de la democracia pluralista. Es cierto que las elecciones libres y competitivas no son toda la democracia, pero sin ellas la democracia no puede ser. Elecciones y democracia se entienden como una sola cosa y por eso resulta por lo menos difícil dilucidar que en países no democráticos, dominados por regímenes autoritarios, pueda haber elecciones o algo que merezca ser llamado así.

Sin embargo, las hay, solo que son sustancialmente distintas a las elecciones en los países democráticos. La diferencia sustantiva consiste en que en la democracia las elecciones son competitivas, ponen en disputa el poder, los ciudadanos votan para quitar o poner a gobernantes y representantes, mientras que en los regímenes autoritarios las elecciones no son competitivas, en ellas no se disputa el poder político del Estado, solo se avala.

En las elecciones bajo dictadura y autoritarismo —que para el caso son lo mismo— no hay opciones de ninguna clase, los electores tienen derecho de votar pero no de elegir, allí los resultados de las elecciones no tienen ninguna consecuencia en el gobierno. Por eso se les llama elecciones no competitivas, como las que se hacen en Cuba, donde la gente vota pero no hay ninguna posibilidad de sustituir al presidente Díaz Canel —y antes a Fidel y Raúl Castro—, porque la permanencia de ellos en el poder la determina el partido comunista, no el voto de los ciudadanos.

Mencionamos el caso de Cuba, porque el sistema político totalitario de ese país es el que quisiera Daniel Ortega, según él mismo lo ha declarado en algunos programas de televisión extranjera. Y sin duda que el dictador sandinista está haciendo un gran esfuerzo por llevar al país por una deriva totalitaria, para cubanizar políticamente a Nicaragua.

Pero en medio de las elecciones democráticas, y las no competitivas como son las de países completamente totalitarios como Cuba —o China, Vietnam o Corea del Norte—, hay también elecciones semicompetitivas.

“Elecciones semicompetitivas —dice el experto chileno Carlos Funeeus— son aquellas en las cuales hay una competición limitada entre candidatos (se tolera una semioposición o una oposición legal), el votante puede escoger entre ellos… y se pueden elegir representantes a las asambleas o parlamentos, aunque sin poder cambiar la composición del gobierno”. Sin duda que ese modelo de elecciones no-competitivas es el que corresponde a Nicaragua, por ahora, bajo el régimen autoritario de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Editorial Daniel Ortega Díaz Canel Rosario Murillo archivo
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