Luego de una fragorosa batalla de ribetes épicos, que nos mostró el imponente espíritu competitivo de dos gladiadores que desplegaron todas sus habilidades sobre el ring, tenían que venir los jueces a arruinarlo todo este sábado en Dallas, Texas.
Francisco “Gallo” Estrada hizo una gran pelea. Llegó en magníficas condiciones y puso la parte que le correspondía en este monumental duelo, pero Román “Chocolatito” González pareció transportado a su pasado más glorioso y se vio espectacular.
Y exhibiendo su viejo esplendor y esa arquitectura boxística que no se encuentra en cada esquina, empezó a edificar una victoria que debió ser unánime, de no ser porque los jueces estaban de espaldas al cuadrilátero levantado en el American Airlines Center.
González no solo ofreció detalles magníficos, destellos de la grandeza que le ha caracterizado, sino que probó que sigue siendo un peleador genial, capaz de enfrentar los límites más peligrosos a base de inteligencia, agallas y recursos.
La pelea fue de una intensidad admirable, ritmo violento y múltiples variantes, pero los dos peleadores fueron hacia adelante en todo momento, con bravura y tenacidad, sin embargo, Chocolatito llevó su presentación a otro nivel.
Como en el combate pasado, el Gallo trató de tomar la iniciativa y se puso arriba en las tarjetas, pero una vez que Román despertó, ya en el segundo asalto, no hubo modo de frenarlo y comenzó a construir un éxito muy claro.
El Gallo atacó al pinolero y este, en lugar de replegarse, lo enfrentó con determinación y lo golpeó a la cabeza repetidamente hasta frenarlo y obligarlo a hacer ajustes. Y luego lo castigó al cuerpo a base de combinaciones.
Ciertamente, hubo asaltos tan equilibrados que se le podían dar a cualquiera de los dos, como el tercero y sexto, pero aún así, quien presionó más, disparó más y acertó más con su golpeo, fue el nica, quien estuvo a tono con su pasado.
Y para disipar cualquier duda sobre su estado actual, Román apretó el acelerador a fondo en la recta final de la pelea, dándole los toques finales a una obra, apreciada por el universo del boxeo, pero arruinada por los jueces.
Ese fallo, desacertado como muchos de los que vemos por estos lados, no afectará para nada el legado de González, púgil brillante, bien construido, al que se le pueden cuestionar por sus decisiones, pero no por falta de calidad boxística.
La grandeza de este pugilista, que ha llegado a donde ningún otro nica ha podido: cuatro títulos mundiales y una permanencia estimable como mejor peleador libra por libra del mundo, sigue intacta, sin oxidarse todavía.
González demostró que aún pertenece a las grandes ligas del boxeo, que en sus puños aún le queda pólvora y que su técnica y fortaleza no han sido afectadas por el paso del tiempo. Aún tiene victorias por conquistar.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR