Vestida de blanco, Violeta Barrios de Chamorro recibe la banda presidencial. Levanta los brazos, hace la señal de la V de victoria con los dedos y gira a su izquierda para que el público que está a sus espaldas y ha llegado al estadio nacional Dennis Martínez para presenciar este hecho histórico, vea claramente. El ambiente es de fiesta en este sitio y Nicaragua entera está pendiente del inicio de su Presidencia. Es el fin simbólico y democrático de un capítulo negro de dictadura, gobiernos transitorios y una guerra civil que desangró al país. Hace 31 años esa fue la escena que marcó la historia del país y quedó plasmada en las página de LA PRENSA.
Pero para llegar a ese momento culmen del civismo nicaragüense, el 25 de abril de 1990, hubo mucho que contar en la páginas de este Diario. Antes, 14 fuerzas políticas tuvieron que sentarse y por encima de sus colores e ideologías políticas lograr la llamada Unión Nacional Opositora (UNO), se barajaron los precandidatos y se eligió la fórmula, hubo ataques contra Barrios de Chamorro —viuda del periodista y Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal—, hubo pleitos a lo interno del bloque opositor y se enfrentó en las urnas a Daniel Ortega, el gallo ennavajado del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) quien desde entonces buscaba aferrarse al poder.
Todo ocurrió en el contexto de una grave crisis económica, miles de muertos y migración forzada por la guerra en el país. Eran además tiempos del Servicio Militar Patriótico (SMP), una obligación civil que no todos los jóvenes querían cumplir. El descontento social obligó a Ortega a adelantar las elecciones generales. Estaban previstas para noviembre de 1990 y se realizaron en febrero. Todo esto está relatado en las ediciones impresas de LA PRENSA de esos días, hoy amarillentas por el paso del tiempo.
Uno de los momentos claves de este proceso cívico fue publicado por LA PRENSA el 7 de junio de 1989, fue la oficialización del nombre del bloque opositor que ocho meses después se mediría con Ortega en las elecciones. “Los catorce adoptan nombre de Unión Nacional Opositora (UNO)”, fue el título de la nota. En la misma se aclara que el siguiente paso sería trabajar en la plataforma de gobierno y posteriormente iniciar las actividades de campo. En los siguientes dos días el rotativo publicaría una carta escrita por Violeta Barrios de Chamorro, dirigida a todos los integrantes para celebrar el hecho.
Los 14 que se sumaron a la UNO
Partido Liberal Independiente (Pali), Partido Socialista Nicaragüense (PSN), Partido Democrático de Confianza (PDC), Partido Alianza Popular Conservadora (PAPC), Partido Acción Nacional (PAN), Partido Conservador Demócrata (PCD), Partido Popular Social Cristiano (PPSC), Partido Integracionista de AC (PIAC), Partido Liberal Independiente (PLI), Partido Social Demócrata (PSD), partido Liberal Constitucionalista (PLC), Partido Comunista de Nicaragua (PC de N), Movimiento Democrático Nicaragüense (MDN) y Partido Nacional Conservador (PNC).
Otro paso firme que daría la UNO y bien registrado en el periódico es la confirmación de su participación en las elecciones previstas para el 25 de febrero del noventa. Al siguiente día se publicaría en la primera plana otra misiva de Barrios de Chamorro donde aplaude la decisión de ir a las elecciones. Para esta fecha no había ningún precandidato propuesto.
“UNO avanza en su organización”, fue otra noticia publicada por el mismo periódico el 28 de julio. En esta se informa que la coalición opositora alcanzó resoluciones en tres temas fundamentales: funcionalidad de su estructura, legalización de la alianza y estrategias y demandas básicas a exponer en un Diálogo Nacional con Ortega. Empezó oficialmente el camino hacia la contienda electoral.

Presentación de candidatos
Paralelo a la etapa organizativa y el fortalecimiento de la UNO, empezaron a sonar nombres de los posibles candidatos potables para las elecciones del 25 de febrero del 90.
En la edición del 30 de junio de 1989, LA PRENSA publicó que Gustavo Tablada y Juan Gaitán, en representación del Partido Socialista de Nicaragua, visitaron a doña Violeta para proponerle que aceptara la candidatura en su casilla. “Doña Violeta agradeció la iniciativa de los socialistas respondiendo que pensaba que no era todavía el momento de hablar de candidatos a la Presidencia y que ella aceptaría una propuesta como tal si hubiera consenso de todos los partidos porque cree que el candidato de la oposición para presidente de Nicaragua debe ser uno solo, aceptado por toda la UNO. En todo caso de no ser ella propuesta, agregaría siempre una fórmula unitaria”, reza el artículo.
Pero el nombre Violeta Barrios de Chamorro se amplificaba a nivel nacional e internacional. La prestigiosa revista Time —según reprodujo de LA PRENSA del 10 de junio de 1989— la llamó “La gran dama de Nicaragua” y resaltó que era “un fenómeno, una mujer de influencia en una sociedad machista”.
“Dra. Argüello proclamada, invoca unidad”. Fue uno de los titulares del 3 de julio de LA PRENSA, en donde informa que en la Convención Nacional el Partido Alianza Popular Conservadora eligió a la doctora Miriam Argüello Morales como precandidata. “Será responsabilidad de la asamblea de la UNO saber escoger al candidato único que responda a las ansias populares, de libertad, democracia, justicia social, para satisfacer a todo el pueblo de Nicaragua”, expresó Argüello en ese momento.
El prominente economista Francisco Mayorga fue otra personalidad que en su momento sonó como precandidato. “En los últimos días el nombre del doctor Mayorga fue mencionado en diferentes medios de comunicación como viable para acompañar en la Vicepresidencia a la fórmula presidencial de la oposición”, informó LA PRENSA el 4 de julio.
El otro propuesto, esta vez por el Partido Nacional Conservador (PNC), fue el ingeniero Enrique Bolaños Geyer, expresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep). La escogencia del empresario fue una sorpresa porque se pensaba que se inclinarían por el doctor Emilio Álvarez Montalván. “Bolaños, según el New York Times en su edición del sábado, es percibido como un hombre capaz y agresivo con la amplia experiencia como vocero de los empresarios antisandinistas. Fluido en idioma inglés, dice el Times, que ha cultivado amplios contactos diplomáticos y es fuertemente apoyado por el sector privado que considera que él es quien puede restablecer el crecimiento de la economía del país”, reprodujo el Diario.
El liberal Virgilio Godoy fue otro precandidato, a quien el veterano periodista Joaquín Absalón Pastora, que estuvo a cargo de las Relaciones Públicas y Comunicación de Godoy, lo recuerda como un hombre “de carácter muy especial, conspicuo, un político diferente y liberal de principios. De otro espesor”. Una anécdota que comparte –dice atesorar decenas– tiene que ver con Arnoldo Alemán, que en las elecciones de 1990 se convirtió en alcalde de Managua y seis años después ganaría la presidencia.
“El doctor Alemán le decía maestro y entonces Virgilio Godoy le contestaba: ‘No, no soy tu maestro. Yo soy un hombre diferente, no sea hipócrita’. Virgilio entendía que cuando Arnoldo le decía maestro era en forma de sorna”, rememora Joaquín Absalón Pastora.
Emilio Álvarez, Andrés Zúniga y Adán Flores también formaron parte de la lista de principales candidatos para las primarias y que el 30 de agosto, junto a Barrios de Chamorro, la doctora Argüello, Bolaños Geyer y Godoy, hablaron al pleno de la organización política. De todos, Barrios de Chamorro, Bolaños Geyer y Godoy eran los que punteaban como favoritos.
La Fórmula UNO
“Queridos compatriotas: El día de hoy la Unión Nacional Opositora me ha nominado como su candidata a la Presidencia de la República para las elecciones que tendremos el 25 de febrero de 1990, acompañada del doctor Virgilio Godoy como candidato a la Vicepresidencia. Esta no es una victoria de Violeta y Virgilio, sino de un triunfo para Nicaragua”. Este fue el primer párrafo del mensaje publicado por Barrios de Chamorro en LA PRENSA tras ser elegida candidata por la UNO y que se tituló “Mensaje de doña Violeta a los nicaragüenses y al mundo”.
En las siguientes líneas se refirió a devolver la democracia al país, buscar la reconciliación, trabajar por la reconstrucción de la economía y cerrar el capítulo de muerte y luto que provocaba la guerra civil. “Y compromiso con la sangre de mi esposo Pedro Joaquín, que inició en su vida una hermosa lucha que ahora yo debo terminar”, escribió más adelante.
El mecanismo de selección del candidato a presidente y vicepresidente fue en sesión separada y con un sistema de cinco rondas a través del voto secreto. El candidato tenía que obtener el mínimo de 10 de los 14 votos que sumaba la coalición opositora. “Si al concluir la quinta ronda ninguno de los precandidatos alcanza los diez votos, se podrá hacer un nuevo intento o abrir un proceso de negociación dentro de la Comisión Política Nacional, para seleccionar una fórmula presidencial que mantenga el equilibrio de las diferentes fuerzas políticas representadas”, anunció LA PRENSA el 29 de agosto de 1989.
A juicio de Luis Sánchez Sancho, quien formó parte de la UNO y fue responsable conjunto de la información y prensa de toda la comunicación de la campaña política, LA PRENSA escribió el proceso y campaña electoral con una rigurosa responsabilidad y veracidad. “Es cierto que en las campañas políticas se entiende que se puede decir cualquier cosa, pero nosotros procuramos ser siempre fieles a la objetividad informativa, fieles a decir la verdad y creo que lo logramos. No se usó por parte de la UNO ninguna triquiñuela, ninguna engañifa, ningún instrumento de difamación, lo cual no puedo decir de la otra parte. Barricada y El Nuevo Diario eran feroces contra la UNO, contra doña Violeta, la vulgareaban a como se dice popularmente”, recuerda Sánchez Sancho.
Diez partidos participaron en total para las elecciones presidenciales de 1990.
En la boleta, la casilla 1 era para la Unión Nacional Opositora, la 2 para el Partido Social Conservatismo, 3 para el Partido Liberal de Unidad Nacional, 4 del Partido Revolucionario de los Trabajadores, 5 para el Frente Sandinista de Liberación Nacional, 6 el Partido Marxista Leninista, 7 el Partido Social Cristiano, 8 el Partido Unionista Centro Americano, 9 el Partido Conservador Demócrata de Nicaragua y 10 el Movimiento de Unidad Revolucionaria.
Sin descuidar otros aspectos noticiosos, el periódico estaba de cara a la cobertura del proceso electoral. Su directora, doña Violeta, estaba en la contienda y además era la oportunidad para Nicaragua de ponerle fin a la guerra y dar paso a la paz que el país necesitaba. El contexto en que todo se desarrolló es catalogado de “muy difícil” por el periodista Luis Sánchez Sancho.
Cuenta además que en LA PRENSA se decidió destinar a la cobertura expresa de la fórmula a los periodistas Ana María Ruiz, Róger Suárez y Julio César Armas. Esto se comprueba tras revisar las ediciones entre el 1989 y 1990 que evidencian la cobertura a cada paso de la coalición y las visitas a diferentes partes del territorio.
“LA PRENSA tuvo una posición muy constructiva, muy reconocedora de la realidad y seria. Como ha sido siempre en su historia. LA PRENSA ha mantenido su línea desde que nació hasta el día de hoy”, elogia Joaquín Absalón Pastora.
Ataques contra Barrios de Chamorro
En las páginas del periódico quedaron también documentados los ataques contra doña Violeta Barrios de Chamorro que lanzaban los medios oficialistas, con el fin de manchar su prestigio al ser una amenaza real para “el gallo ennavajado” en las elecciones.
Lo más extremos fue vincular imágenes de doña Violeta con las del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan, con la Alemania nazi y hasta con cuerpos mutilados en Vietnam. Comparaciones tan disparatadas como grotescas. Pero además están las injurias y calumnias en contra de doña Violeta referente a un accidente de tránsito en que se vio envuelta a finales de julio del 89. Al salir de una cena en la embajada norteamericana una motocicleta colisionó el vehículo en que ella viajaba. La Voz de Nicaragua y Barricada luego mentirían diciendo que la culpa fue de ella y no del motorizado, a como él mismo reconoció públicamente.
Dejar de llamarla por el apellido de su esposo Pedro Joaquín fue otra jugada del FSLN a través del Departamento de Agitación y Propaganda, con el fin de desvincular la lucha de doña Violeta con la de su esposo —asesinado por la dictadura somocista en 1978— una respetada voz de justicia social en Nicaragua.
El tiempo transcurrió y los ataques para dañar la imagen de doña Violeta se intensificaron. En enero de 1990 LA PRENSA denunció tres mentiras hechas por El Nuevo Diario en un lapso de una semana. La primera fue que ella sufrió una recaída en Nueva York, Estados Unidos, y tenía que someterse a una operación otra vez, “especulando abiertamente con su salud y su ausencia por unas semanas más. Hay pruebas y testigos que doña Violeta viajó a Houston, que se operó una sola vez, que nunca viajó a Nueva York y que regresó el martes de esta semana”.
Las otras dos tuvieron que ver con que su hija Cristiana Chamorro fue enviada a solicitar ayuda a Nueva York y Washington para la campaña de doña Violeta y del ocultamiento de los resultados de una encuesta.
También hubo pintas afuera de su casa y lanzaron piedras a la misma propiedad, ubicada en reparto Las Palmas. Una semana antes de las elecciones presidenciales le cotaron la línea telefónica. “En un principio se pensó que era un desperfecto accidental, pero ahora la candidata está convencida de que se trata de un esfuerzo deliberado por mantenerla incomunicada en la víspera de la elección”, denunció El Diario de los Nicaragüenses.
Pleitos internos
Pero el ataque en su contra no fue a lo único que enfrentó doña Violeta. Ya conformada la fórmula de la UNO, en el seno de esta nadie se fiaba del otro. “Había mucha desconfianza”, reconoce Sánchez Sancho.
Estas diferencias y desconfianzas internas alcanzaron uno de sus puntos más álgidos en Quezalguaque, León. El bando de Virgilio Godoy se llegó a empujar con el equipo que llevaba la campaña de doña Violeta y casi terminan en golpes. Todo ocurrió en una tarima, frente a las personas que llegaron a mostrar su apoyo a la UNO.
Se cuenta que Jaime Bonilla, quien era la mano derecha de Godoy, empujó en esa concentración a Antonio Lacayo, jefe de campaña de la UNO, en plena tarima. “Volví a subirme, agarré a Jaime y lo empujé fuera del camión”, plasmaría tiempo después Lacayo en su libro La difícil transición nicaragüense.
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Hora de la verdad
“Violeta presidente de todos los nicaragüenses”. Ese fue el título de portada del 26 de febrero, tras informar el Consejo Supremo Electoral (CSE) la clara tendencia del voto popular. El titular está acompañado de una foto de doña Violeta alzando los brazos de la mano de Godoy. “La tendencia de la elección en favor de la UNO era claramente amplia, aplastante en favor de la UNO sobre el FSLN”, publicó LA PRENSA. Horas después, en una muestra inusual de civismo, Ortega reconocía la victoria de doña Violeta y Virgilio Godoy.
“Es hermoso celebrar una victoria donde no hay vencidos. Y no hay derrotados porque en primer lugar el sentido de la lucha de la UNO no era en contra de, sino a favor de. No era contra del FRENTE, sino a favor de la DEMOCRACIA”, zanjó el editorial de LA PRENSA de ese 26 de febrero.
Exactamente dos meses después, Violeta Barrios de Chamorro consuma la lucha cívica al recibir la banda presidencial. El estadio estalla en júbilo, con miles de banderas azul y blanco ondeando, agitadas como toda Nicaragua.

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54.7 por ciento de votos logró la Unión Nacional Opositora (UNO), 40.8 por ciento de votos logró el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y 4.5 por ciento sumaron los otros ocho partidos.