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Cuando pienso en los tentáculos de la política en el deporte, es imposible que no venga a mi memoria Alexis Argüello: el gran ídolo deportivo nicaragüense, a quien conocí y me relacioné en muchas ocasiones. Encontró en la política una alternativa para recuperar solvencia económica y se topó con un final inesperado. La política es ese monstruo que te mastica y, con suerte, te escupe cuando ya te ha sacado todo el sabor de tu alma, si no te devora por completo. A lo largo de mi carrera he recibido un sinnúmero de propuestas; en una ocasión hasta de ser candidato a la presidencia, me gustaba como apodo cuando jugaba porque reflejaba respeto, pero no como forma de vida. Nacer en la pobreza, rodeado de una familia que luchaba en el día a día, crecer en la calle con mis amigos y conseguir frutos a base de mi esfuerzo es una escuela que no se enseña en ninguna universidad.
El deportista debe enfocarse en su juego, tratar de ser el mejor, pero tampoco olvidar que es un ciudadano como cualquier otro. Debe pensar en el país a construir y heredar a sus hijos. Y los que son figura pública no pueden callar todo el tiempo. Todo nicaragüense tiene el derecho a levantar la voz ante arbitrariedades. Guardar silencio es una tortura interna, si tus gritos pueden ayudar a los demás. No obstante, en el caso del beisbol, entiendo que los jugadores se hayan convertido en una especie de empleados públicos. Si yo estuviera en este momento como pelotero activo en Nicaragua, seguro ya no jugaría en el Pomares, porque las ideas por un país mejor no se pueden encadenar, así que estaría en la Mayor A o jugando en algún otro sitio. Realmente ni me gustaría estar en la posición de los jugadores actuales, por eso es que batallé durante 26 años de carrera profesional para no depender de nadie y tener solvencia económica. Nunca he dejado que alguien influya en mi destino, solo Dios, ni ser utilizado.
Desde joven pensé en velar por el mañana, estar pendiente de mi futuro y el de mi familia. Tenía miedo de concluir mal y ensuciar mi trayectoria para que los fanáticos me recordaran como alguien injusto o deplorable en valores. Si bien es cierto que estoy lejos de la perfección, quiero ser recordado como una persona correcta. Me esforcé al máximo para no depender de nadie cuando surgiera una necesidad en mi familia. Ahora los reconocimientos por mis números como jugador o por el legado de una carrera en la élite, los he recibido con mucho orgullo, pero jamás me someterán.
El deporte es una plataforma anhelada desde siempre por la política debido al significado en los ciudadanos. Si participo activamente en movimientos en pro del país no lo hago como político, sino como un nicaragüense rogando por romper las murallas de represión, injusticias e impotencia que vive Nicaragua. Muchos dicen que los deportistas se deben a sus fanáticos, puede ser, pero más bien diría que se deben a su conciencia. Unos pueden cerrar los ojos ante tanto cinismo de las élites, otros pueden apartar la cara frente a los pisotones a las clases bajas… Decisión de cada quien, pero yo no lo soporto.
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