Hay esperanza en las elecciones

La encuesta de CID Gallup que se dio a conocer a principios de esta semana, ha revelado datos interesantes.

Según la información, la encuesta se hizo entre el 10 y el 25 de enero recién pasado, mediante llamadas telefónicas y con la participación de 1,200 ciudadanos. Las respuestas se refieren a diversas cuestiones de sumo interés, como la valoración ciudadana de la gestión gubernamental de Daniel Ortega, los problemas que más preocupan a la gente, el interés de emigrar por la mala situación del país, las preferencias de partidos y movimientos políticos, la predisposición a votar en los comicios de este año y las personalidades de la oposición a quienes se les ve con más posibilidad de ganar las elecciones de noviembre.

Entre los diversos temas de la encuesta, uno de los más relevantes a nuestro juicio es el que se refiere a la probabilidad de que el 65 por ciento de los ciudadanos vaya a votar en las elecciones del próximo 7 de noviembre. Este dato llama la atención, considerando que en las elecciones anteriores —las fraudulentas de noviembre de 2016— hubo una abstención calculada más o menos 70 por ciento. El Consejo Supremo Electoral de la dictadura reportó 74 por ciento de participación, pero ninguna persona seria lo creyó porque los centros de votación se vieron vacíos .

También es importante este dato de la encuesta de CID Gallup, porque es del amplio conocimiento público que no hay seguridad de que las elecciones de este año serán competitivas y limpias; y cuando no hay libertad de manifestación pública, ni siquiera de reuniones bajo techo.

Sin embargo, al parecer los ciudadanos nicaragüenses en su gran mayoría están convencidos de que la vía electoral es la indicada para resolver los problemas políticos del país. Y seguramente esperan que pueda haber una reforma electoral apropiada, ya sea por voluntad propia y la conveniencia del mismo Daniel Ortega, o porque se vea obligado a cumplir la resolución de la OEA acerca de que el régimen de Nicaragua tiene la obligación de garantizar que las elecciones de noviembre sean justas y limpias.

Es comprensible que un pueblo que en los últimos cuarenta años ha sufrido dos sangrientas guerras civiles por causas políticas, entre ellas la falta de elecciones libres y limpias, no quiera caer nuevamente en una situación de violencia y lucha armada fratricida. La mayoría de los nicaragüenses son personas sanas, sensatas y pacíficas, a pesar de los defectos que tiene la cultura política nacional según los investigadores sociales, y no obstante la persistente existencia de un sector de la sociedad que rinde culto a los caudillos y apoya el uso de la arbitrariedad y de la fuerza bruta en el ejercicio del poder.

Un reciente estudio de Funides, publicado la semana pasada, revela que el 74.4 por ciento de los nicaragüenses cree que la democracia es la mejor forma de gobierno. Por tan alto porcentaje de personas que tiene esa opinión de la democracia, se debe creer que es lógico que también crean que las elecciones son el medio indicado para constituir gobiernos que emanen de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, manifestada en las urnas electorales, lo cual constituye la base del sistema democrático.

De manera que si la gente quiere la democracia como forma de gobierno, necesariamente tiene que querer también elecciones libres, competitivas y limpias.

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