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Sergio Quintana en sus dos facetas: como vendedor ambulante y entrenador de boxeo. LAPRENSA/FOTO:JADER FLORES/ARTE FÉLIX CASTILLO

La historia del entrenador del campeón Gold que vende palomitas y algodones en las calles

Es entrenador de dos pugilistas clasificados mundialmente: Leyman Benavides (campeón Gold de la AMB) y Alexander “Popeye” Mejía (quinto en las 122 libras), además tiene a una de las joyas del boxeo amateur: Bryan Mercado

Cuando era niño, Sergio Quintana vendía caramelos en las calles. Creció en la pobreza, pero aprendió a trabajar para comer. Ignoró la delincuencia, alzó su frente y, colmado de orgullo, en los momentos que necesitaba un ingreso para sostenerse, se dedicó a hacer algodones de azúcar, manzanas caramelizadas y palomitas de maíz, recorriendo diferentes barrios para su venta. “Crecí en el mercado Roberto Huembes. No me da pena hacer lo que hago”, confiesa Quintana. Ahora tiene 38 años y ha construido un nombre en el boxeo casero. Es entrenador de dos pugilistas clasificados mundialmente: Leyman Benavides (campeón Gold de la AMB) y Alexander “Popeye” Mejía (quinto en las 122 libras), además tiene a una de las joyas del boxeo amateur: Bryan Mercado.

Sergio Quintana junto a Leyman Benavides, campeón Gold de la AMB. LAPRENSA/CORTESÍA

Quintana nunca ha tenido un camino de vino y rosas. Luego de estudiar la primaria, empezó en el colegio Elvis Díaz la secundaria. En segundo año decidió abandonar los estudios. “No era una época fácil. Era trabajar, entrenar y estudiar a la vez y chocaban los tiempos.  Pienso que me hubiese gustado ser un buen abogado”. Lo dice con una nostalgia del pasado, pero sin arrepentirse de la persona que es hoy en día. De lunes a viernes el Gimnasio Tropical Boxing es su segunda casa, entrena a alrededor de 100 pugilistas. “Muchos llegan una vez y regresan a las semanas, otros son más constantes. Pero me gusta lo que hago y lo disfruto”, añade.

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En el 2000 empezó su travesía en el boxeo. Fue al gimnasio de Guillermo “Polvorita” Martínez solo por curiosidad y terminó enamorado de este deporte. Guanteó por primera vez con un cadete del Ejército de Nicaragua y lo hizo tan bien que Polvorita lo invitó a unirse a su equipo. “Nunca debuté en profesional, solo amateur, pero en 2003 estuve como juez y árbitro y me dieron un premio como el mejor ese año, luego le ayudaba a Polvorita en la Academia Militar, era su asistente, cargando el agua o lo que necesitara. Me gustaba aprender. Entendí que lo mío era estar en la esquina. Cuando en 2004 sentí por primera vez estar dirigiendo a un muchacho, esa adrenalina me gustó”, relata Quintana.

Sergio Quintana en el Gimnasio Tropical Boxing. LAPRENSA/JADER FLORES

Quintana ha trabajado con muchos prospectos nacionales en su paso por la Selección Nacional de Boxeo, ha viajado a muchos países como: México, Japón, República Dominicana, Cuba y a Centroamérica. “Uno cosecha lo que siembra y yo me considero buena persona. Tengo una bonita relación con mis boxeadores, no soy un ogro, pero me respetan mucho”, agrega. Aunque su físico no es para nada atlético, Quintana ha absorbido muchos conocimientos por la experiencia y aunque su sueño de ser abogado se truncó desde joven, le queda otro anhelo: forjar a un campeón mundial. No parece algo imposible y más para un luchador de la vida como Quintana, quien no descansa ni por un momento porque para él el boxeo es una pasión no un negocio, por ese motivo ajusta para sobrevivir con su trabajo de calle en calle, de barrio en barrio con sus palomitas, manzanas y algodones.

Sergio Quintana en Japón. LAPRENSA/CORTESÍA

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