Daniel Ortega vive en una permanente campaña electoral. Su vocera, Rosario Murillo, ocupa diario los medios televisivos y radiales que controla, para hacer propaganda política. El FSLN se mantiene organizado en cada municipio, barrio y comarca. Los proyectos que ejecuta el gobierno sandinista, costeados con nuestros impuestos o mediante deudas contraídas internacionalmente, que el pueblo tendrá que pagar, son utilizados para la propaganda electoral del eterno candidato Daniel Ortega, independientemente de que los sandinistas compitan en elecciones libres o fraudulentas.
Por ejemplo, de nuestros impuestos dan dinero a algunos bachilleres para gastos de graduación, juguetes en Navidad, financian algunos proyectos, las purísimas de la Bolívar, ferias, carnavales y otras fiestas (con todo y pandemia) en una permanente campaña proselitista. Haya o no elecciones libres en noviembre, ya tienen su candidato, su organización y su propaganda. Todo funcionando como una maquinaria bien aceitada.
Menciono esta realidad porque me preocupa ver en nuestra oposición la desunión y la reticencia de algunos a promocionar candidaturas, lo cual retrasa consolidar una organización unificada. Claro que la oposición no puede competir en igualdad con quienes usan los recursos del Estado indirectamente para su propaganda política; además de ser una oposición reprimida por el gobierno. Pero hay cosas que deberían estar avanzando más rápido y mejor: unidad, candidatos y organización. Desde abril de 2018 llevamos dos años y medio buscando la unidad opositora sin éxito. Hablemos claro: las dos corrientes predominantes, liberales y disidentes sandinistas, son antagónicas y no pueden formar más que una “alianza electoral”. Hay que hacerlo así, simplificando las cosas, con una estructura muy sencilla, fundamentalmente electoral y con un plan de gobierno básico, elemental. Ayudará mucho el lanzamiento de varios precandidatos presidenciales surgidos de los grupos que finalmente decidan unirse.
Algunos consideran “pecado mortal” que un ciudadano opositor aspire a ser candidato a la presidencia. Ante cualquier precandidatura hierven las redes sociales con descalificaciones, como “ese quiere llegar al poder para enriquecerse”, “es otro político tradicional” o “no representa los intereses del pueblo”. ¿Por qué tanta reacción visceral? Si no es el que usted prefiere, ¡no lo ataque con tanto furor! ¡No cometamos más ese error! Elogiemos las virtudes de nuestro precandidato preferido sin denigrar a los otros, pues no sabemos si estaremos denigrando al que después resultará —democráticamente— el contrincante electoral de Daniel Ortega.
No conviene esperar hasta saber si habrá elecciones libres para elegir una fórmula presidencial. Hasta mayo se podrá empezar a ver si las elecciones serán libres y si la oposición va a participar. Mientras tanto Daniel Ortega y Rosario Murillo están en plena campaña y la oposición no debe seguir perdiendo tanto tiempo valioso. Desde el año pasado he insistido en la necesidad de buscar un método para seleccionar pronto una fórmula entre varios precandidatos presidenciales. Unas primarias serían muy costosas, difíciles de organizar e imposibles de controlar para que no vote gente del FSLN. He sugerido que lo más práctico es contratar una encuestadora de confianza para todos. Una buena encuesta revelaría las preferencias del pueblo para la fórmula presidencial. Si además se hace por departamentos ayudaría a definir también candidaturas a diputaciones. Tener candidatos será necesario para formar la unidad en torno a ellos, creando entusiasmo para integrar un tendido electoral. No es crear un caudillo; se trata del líder para estas elecciones solamente.
Promocionar un candidato presidencial no es fácil. Hay que darlo a conocer y entusiasmar para que voten por él. Que sea familiar y agradable para todos los opositores. Que diario salga en los medios, que se pronuncie sobre cada situación de interés nacional. Seamos sinceros: nuestro pueblo no se entusiasmará apoyando ideas ni proyectos. ¡Es ingenuo pensarlo! Se necesita del líder nacional y de líderes locales para unas elecciones. Sean libres o no, participemos o no, pero el pueblo estará organizado y entusiasmado. ¡Empecemos ya!
El autor es abogado y comentarista de temas políticos y religiosos.
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