Cómo se disfruta que a uno lo entrevisten después de haberle ganado a Randy Johnson un sexto partido en la final de la Liga Americana, tras lanzarle un juego perfecto a los Dodgers de Los Ángeles o convertirse en el latino más ganador de todos los tiempos luego de superar a Juan Marichal. Sin embargo, ¿qué pasa si fracasás? ¿Si te desviás y no cumplís con las expectativas? ¿Se vale huir, correr, dar marcha atrás y tratar a los periodistas como enemigos? Si algo he aprendido de la vida como figura pública es que uno se debe al pueblo, y se tiene la obligación de dar la cara a aquellas personas que te ovacionaron, que te admiran y siguieron tu carrera. Y hablo desde mi perspectiva como exjugador que, a pesar de pertenecer a equipos privados, en el fondo los fanáticos eran los que le daban significado a la franquicia.
No era fácil salir al frente y admitir que era un alcohólico y que eso perjudicaba mi rendimiento, que había fallado contra un bateador y habíamos perdido el juego cuando más de 30 mil personas están esperando que rindas y otros miles cruzan los dedos desde el televisor. Cuando uno no tiene nada que ocultar, nada que mentir, debe enfrentarse a la realidad, golpear de frente las preguntas y expresar la verdad. Por eso me sorprendió cuando un funcionario público, quien recibe su salario gracias a los impuestos de los nicaragüenses, que además en su juramento como diputado está respetar la Constitución y defender los derechos del pueblo, huye a las preguntas, no puede decir una sola declaración ante los cuestionamientos de la masacre de 2018 que se le acusa al Estado de Nicaragua por organismos internacionales y nacionales.
Hay muchas formas de interpretar su silencio: una es incapacidad, pero si tenés un cargo tan alto deberías estar preparado; el otro motivo podría ser el miedo. Sí, el miedo a meter la pata, a decir una palabra fuera de los alineamientos de la persona que te da las órdenes, dejándote como una marioneta. Entonces, esto nos deja entrever el terror de un sistema por enfrentar la realidad, le huyen a la verdad y se temen entre ellos. Vos podés pertenecer a un grupo político o de cualquier otro tipo, pero no significa que debés estar sometido, si no te quitan la libertad hasta de pensamiento, algo que los jóvenes rechazaron y provocaron el levantamiento de todo un país.
Curiosamente, ese silencio dijo más de lo que creyó el funcionario público, que huyó como si se robara la segunda base, pero no contó que la valiente periodista tenía un brazo como el de Yadier Molina.