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Roberto Clemente conectó 3,000 imparables en Grandes Ligas. LAPRENSA/ARCHIVO

¡Siempre presente! 48 años de la deuda eterna de Nicaragua con Roberto Clemente

El vínculo de Clemente con Nicaragua nació en 1964, cuando asistió a la Serie Interamericana de Managua como patrullero derecho de los Senadores de San Juan

El 31 de diciembre de 1972, Roberto Clemente hizo a un lado la cena de fin de año con su familia, con tal de asegurarse que la ayuda que había recolectado para los damnificados del terremoto de Managua llegara a los más necesitados. Era capaz de sacrificar uno de los momentos más especiales del año por ayudar al prójimo.

El astro boricua subió a un avión rentado que estaba sobrecargado por la gran cantidad de donaciones recibidas y a los pocos minutos de despegar del aeropuerto de San Juan, en Puerto Rico, el artefacto no resistió y se estrelló en el mar. Roberto murió a los 38 años de edad, todavía como jugador activo de los Piratas de Pittsburgh, en las Grandes Ligas.

Clemente desapareció físicamente, pero su legado quedó para siempre. A 48 años de su muerte, su recuerdo sigue fresco en la memoria de todos, especialmente los nicaragüenses.

Como jugador, hubo pocos como él. Fue una superestrella del juego, el primer latino en llegar a los tres mil hits y el primero en ser inducido al Salón de la Fama del Cooperstown, además de ser considerado uno de los mejores jardineros derechos de la historia del beisbol.

Como persona, nadie fue como él. “Si tienes la oportunidad de hacer el bien a alguien y no lo haces, estás desperdiciando tu tiempo aquí en la Tierra”, es una de las frases que más se le recuerda.

DEFENDIENDO SUS DERECHOS

Clemente fue un líder de los jugadores latinos. Siempre defendió sus derechos. Era doblemente discriminado por ser negro y latino. Sin embargo, siempre se dio a respetar. “Mi gran satisfacción proviene de ayudar a borrar opiniones gastadas acerca de los latinoamericanos y los afroamericanos”, dijo en más de una oportunidad.

El vínculo de Clemente con Nicaragua nació en 1964, cuando asistió a la Serie Interamericana de Managua como patrullero derecho de los Senadores de San Juan.

Ocho años más tarde, con motivo del Mundial de Beisbol Amateur de Nicaragua, Roberto aceptó dirigir al equipo de Puerto Rico. Nuevamente sintió la hospitalidad y admiración del pueblo nicaragüense.

El torneo terminó el 3 de diciembre, tres semanas antes que Managua fuera sacudida por un devastador terremoto, el cual obligó a Clemente a recolectar ayuda en Puerto Rico para trasladarla al más necesitado. Y como había escuchado que la guardia somocista robaba las donaciones, tenía la intención de entregarlas personalmente.

HÉROE EN EL MUNDO

Clemente es reconocido como un héroe en todo el mundo, especialmente en nuestro país, en donde diferentes escenarios deportivos, escuelas, parques y clínicas médicas llevan su nombre. Se calcula que hay cerca de 150 lugares en todo el mundo que llevan su nombre.

Hubo un movimiento encabezado por el cineasta católico Richard Rossi, para que el boricua fuera santificado. “Tenía una vocación más allá del juego”, decía Rossi.

El número 21 que utilizó en su uniforme, no puede ser utilizado por ningún pelotero en el Campeonato Nacional de Beisbol Superior, ni tampoco en la Liga de Beisbol Profesional Nacional.

El cometa de Carolina fue cuatro veces campeón de bateo de la Liga Nacional, estuvo en 12 juegos de estrellas y 12 veces ganó el Guante de Oro como mejor jardinero derecho defensivo. Tenía el brazo más potente que se recuerde y poco jugaban con su intensidad. Fue el Jugador Más Valioso del viejo circuito en 1966 y de la Serie Mundial de 1971.

Sin embargo, ni siquiera toda esa avalancha de número compite con su calidad como persona, al punto que a raíz de su muerte, las Grandes Ligas nombró como Roberto Clemente el premio anual al pelotero que más contribuye a la sociedad.

Además, el 9 de septiembre, es el líder de Roberto Clemente en las Mayores.

El boricua ha sido una inspiración inagotable para las nuevas súper estrellas que ganan millones y que destinan parte de sus ganancias para ayudar a los menos favorecidos. En la época de Roberto, los salarios no eran exorbitantes.

Clemente no debió esperar cinco años después de su último juego para ser elegible al Salón de la Fama de Cooperstown. La forma heroica de su muerte, llevó a las Grandes Ligas a incluirlo en el templo de los inmortales apenas meses después del terrible accidente del boricua.

Los nicaragüenses tenemos una deuda eterna con Clemente. Su legado debe motivarnos a ser mejor cada día.

“Mi vida tiene razón, una misión. Me identifico con el hombre que batalla para poder vivir”, dijo una vez Clemente y es una de las razones del porqué se sentía identificado con los nicaragüenses.

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