En esta Navidad, celebrar es resistir

La dictadura ha pretendido impedir que los nicaragüenses celebren alegremente esta Navidad. Eso es lo que se deduce del inusitado recrudecimiento de la represión, incluyendo la aprobación de leyes espurias y de odio a la gente de pensamiento democrático.

Pero no se le debe permitir que cumpla su malvado propósito. Esta Navidad los creyentes deben celebrarla con más fervor que nunca, y toda la gente hacerlo con la misma alegría de siempre, que es propia de esta festividad en la que se exalta la generosidad humana y se enaltece la convivencia familiar. Guardando todas las medidas necesarias de protección, por la pandemia del coronavirus, la Navidad hay que celebrarla de la mejor manera posible a fin de reafirmar la voluntad de vivir con dignidad, en libertad y con democracia.

Si la dictadura quiere que la gente se deje dominar por el derrotismo no hay que darle ese gusto. La Navidad no se debe celebrar con miedo, sino con valor, escribe el médico Enrique Jiménez en un artículo de opinión que publicamos este 24 de diciembre. Alude el autor a una valiente jovencita que en la promoción de su bachillerato, y al recibir la distinción de mejor estudiante, enarboló con fervor libertario la bandera de Nicaragua. Un gesto patriótico que la dictadura persigue con saña insólita.

Ciertamente, la Navidad hay que celebrarla con valor, con alegría y con fe en el futuro de una Nicaragua mejor, con libertad, democracia y bienestar personal, familiar y social.

Las madres, padres y demás parientes de las víctimas fatales de la represión del régimen, deben sentirse orgullosas de que sus hijos y deudos son los nuevos héroes y mártires que gozarán siempre de la gratitud de los nicaragüenses, por cuya libertad y felicidad ellos sacrificaron sus vidas.

Los presos políticos y sus familiares también tienen que sentirse honrados de que su sacrificio en las cárceles y centros de torturas es su gran aporte a la liberación de Nicaragua. Y también los damnificados por los huracanes que azotaron el país este año, deben tener la confianza en que con la solidaridad y compasión de sus compatriotas pronto podrán reconstruir sus vidas.

La celebración de la Navidad está en el alma, la cultura y la historia de los nicaragüenses. La Natividad de Jesucristo la celebraban los cristianos ya en el siglo III de nuestra era, bajo la persecución romana, igual que ahora la Iglesia es acosada por practicar la fe y defender la libertad religiosa y los derechos humanos. En América la Navidad fue celebrada por vez primera en 1492, el mismo año del Descubrimiento, en la Hispaniola, la isla antillana donde ahora están República Dominicana y Haití. Y en Nicaragua, se estima que la primera celebración navideña habría sido en 1524, cuando Francisco Hernández de Córdoba fundó las ciudades de Granada y León e hizo construir los primeros templos católicos en el territorio nacional.

Desde entonces los nicaragüenses celebran año tras año la Navidad. Una celebración santa pero también bonita y alegre que ningún dictador, por muy poderoso, malvado y cruel que sea, se la puede quitar a este pueblo que, para decirlo con palabras del poeta nacional Rubén Darío, “con voz de la Biblia aún reza a Jesucristo” y “está hecho para la libertad”.

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