Un año más resistiendo

Nos golpeó a todos el infortunio, pero un país como el nuestro, la Nicaragua en escombros se ha sostenido por la resistencia del nicaragüense

Cuando hago memoria de todo lo ocurrido en este año, me resulta difícil recordar las veces que sonreí. Nos golpeó a todos el infortunio, pero un país como el nuestro, la Nicaragua en escombros se ha sostenido por la resistencia del nicaragüense. Unos siguieron mostrando su verdadero rostro: el de la calamidad y falta de principios, otros se quitaron las máscaras. No obstante, vimos médicos batallando por salvar vidas y personas levantar la voz a pesar de las amenazas. Tengo la sensación de que hemos pasado por 12 meses imposibles de tragar, pero de alguna forma lo conseguimos. Un ejemplo claro que no hay muralla demasiado alta de la que no podamos saltar. Y lo digo no solo por la crisis económica y el Covid-19, sino porque percibo mucha desesperanza en torno al futuro de la tierra de lagos y volcanes. Los ciudadanos se sienten prisioneros.

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Ha sido un año anormal en todos los sentidos. Vimos cómo se detenía el mundo, con excepción de algunos países que fueron irresponsables, y también muchos sueños u objetivos paralizados. En este año contribuiría cercanamente a mi país en proyectos de desarrollo en el deporte y la educación, pero todo se canceló. Cada persona tenía un sueño el cual alcanzar, aunque la mayoría coincidía en uno: ver una Nicaragua libre.

Tantos atropellos a diario mantienen mi sistema nervioso a veces alterado. Pienso en la suerte que he tenido en establecerme en Estados Unidos y vivir con libertades, pero a la misma vez me causa indignación cómo en Nicaragua la gente de poder y empresarios se hacen más ricos, mientras les clavan la daga en la billetera a las familias de menos recursos.

Nunca he escondido mi vinculación a la Iglesia católica y por eso sentí en primera persona cómo destruían templos e incineraban imágenes sagradas para nosotros. Me entristecen las personas que lo hicieron y todavía causan mucha más repulsión los que mandan a cometer esos actos. Ha quedado demostrado que Nicaragua vive uno de sus peores momentos en la historia. El 2020 ha sido el año en el cual la serpiente mudó de piel sin esconderse. Se implantaron leyes absurdas y se cierra el año con otras que confirman el terror de los que poseen el “control” del país hacia el pueblo. Siempre me pregunto ¿dónde se van a meter todos los abusadores cuando esto cambie? Nunca es demasiado tarde para tener empatía y dar un paso al lado para dejar incinerar las cenizas de país que nos quedan.

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Y en mi última columna del año, no quería despedirme sin antes felicitar a los nicaragüenses que albergan esa llama de cambio en su corazón, que resisten con el estómago hambriento, pero con la cabeza firme en defensa de sus ideales, que a pesar de las divisiones de las cúpulas, no pierden la fe que tarde o temprano saldrá el sol, y que aunque hayamos vivido un año oscuro, mantienen iluminado sus hogares con esperanza. Que tengan una Feliz Navidad en familia y así como sucedió el milagro del Niño Dios, esperemos que ocurra el milagro para Nicaragua en este 2021.

Deportes Dennis Martínez archivo

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