Hace un mes, el devastador huracán Iota arrasó todo lo que encontró a su paso en la Costa Caribe Norte de Nicaragua: viviendas, árboles y cultivos quedaron destruidos. Hoy las necesidades de los habitantes no solo se centran en la reconstrucción de sus viviendas y la búsqueda de alimentos para sobrevivir, sino en la urgencia de recibir atención médica en medio de la proliferación de enfermedades epidémicas.
Las condiciones de insalubridad producto de las inundaciones que dejaron extensos fangales o charcas, que rebasaron letrinas, además de la contaminación de ríos y pozos tienden a favorecer que en dichas zonas se desarrollen diferentes enfermedades desde respiratorias, hasta gastrointestinales como diarrea y malaria.
Hasta el 4 de diciembre, el Ministerio de Salud (Minsa), informó que más de 238 mil personas de 1,132 comunidades en el Caribe Norte del país habían iniciado tratamiento contra la leptospirosis. En esas localidades los pobladores también son propensos a sufrir por malaria debido a la proliferación de mosquitos.
«Hospital no está funcionando»
«La gente de Bilwi y las comunidades anda tosiendo. Tosen, tosen y tosen quizás sea gripe u otra enfermedad respiratoria, o ni siquiera sabemos si es Covid-19. Hasta ahora el Hospital Regional de Bilwi —Nuevo Amanecer— no lo han podido recuperar, sigue dañado, está en dos partes y atienden solo emergencias en quirófano», manifestó el activista e integrante del Movimiento Pri Laka, Limbord Bucardo, que se escucha al otro lado del celular un poco afectado de la garganta.
El líder comunitario destacó la deficiencia que por años ha existido en el sistema de salud pública en Nicaragua, pero específicamente en la zona del Caribe Norte. «Antes de los huracanes en el Hospital y los centros de salud había una carencia de medicamentos, uno va con una enfermedad y los médicos solo dan la receta, porque nunca hay tratamientos o medicinas, esto es un problema antiguo, todos sabemos que la asistencia médica aquí ha sido muy deprimente», expresó Bucardo.
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José Medrano Coleman, defensor del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan), enfatizó que la pandemia del Covid-19 y el impacto de los dos huracanes agravaron las condiciones el sistema de salud que ya existía en la Costa Caribe.
«Si antes de los huracanes y el Covid-19 los insumos médicos eran limitados, teníamos muchas dificultades y desigualdades —en relación al trato o discriminación por ser caribeños—, después de Iota la situación empeoró unas cinco veces más, porque incluso el hospital no está funcionando, lo que han hecho es dividirlo para atender emergencias pero sin condiciones, porque no hay ni camas», sostuvo el defensor.
Situación en comunidades es más grave
Ambos defensores de derechos humanos de los indígenas coincidieron en que si la situación de los caribeños en el casco urbano es difícil, la de las comunidades indígenas es «más grave», donde históricamente las enfermedades como malaria y dengue se mantienen en alza. Ahí los comunitarios han comenzando a presentar fiebre, dolor de cuerpo y diarrea.
«Hay zonas donde no tienen acceso al medicamento de la malaria, no hay personal de salud como enfermeras, no es de hoy, es histórico, con esta crisis lo que más sufren son los comunitarios. También con los cambios de clima la gente se enferma bastante, todos andan con tos, no sabemos si tenemos Covid-19», indicó Bucardo. Enseguida, hizo hincapié que en las comunidades indígenas por las noches los comunitarios no toleran la proliferación de mosquitos, por lo que siempre están expuestos a adquirir y fallecer por malaria.
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En champas improvisadas, donde se cuelan los mosquitos que los atacan día y noche, y donde tratar de pasar el frío y la lluvia, los comunitarios piden auxilio ahora por el miedo a morir sin atención médica. Se les hace casi imposible acceder a los puestos de salud debido a la distancia, costo económico y en ocasiones por la discriminación que sufren en las zonas urbanas.
«Imagínese en las comunidades hemos conocido que muchas enfermedades como la malaria, problemas respiratorios están en alza porque cuando los evacuaron en los albergues dormían en el suelo, sin sabanas, la gente se está tratando con medicina tradicional que encuentran porque las plantas quedaron destruidas, pero si van a la clínicas más cercanas la excusa que les dan es los daños de los huracanes. No los atienden», señaló Coleman.