El masoquismo del Real Madrid. Les gusta tener una pistola cargada en la garganta con una mano en el gatillo para reaccionar. De nada le sirvió al Atlético de Madrid ser el menos goleado de LaLiga, el líder, el único equipo sin derrota y con un ritmo de juego constante. Los Blancos lo arrasaron. Fue un viento huracanado desde el minuto uno. Kroos, siendo el cerebro; Benzema jugando de creativo, más que un delantero; Modric peleando en las recuperaciones. El Real Madrid activó el interruptor para salir de la crisis y no solo consiguió el triunfo (2-0), sino dejar las buenas sensaciones que ha regresado a la élite.
El arranque tenía cara de recital. El primer aviso de mucha peligrosidad empezó con Carvajal, robándole el balón a Mario Hermoso a base de presión, controló Benzema en el área y soltó un latigazo que Oblak rozó para que se estrellara en el poste. Un choque de placas tectónicas. Parece que la tropa de Zidane encontró con la tecla. El Atlético ni siquiera vio a portería, más allá de un córner de Carrasco que tuvo la intención de irse en gol olímpico, pero controló Courtois. Fueron completamente anulados hasta las apariciones chispeantes de Joao Félix en el mediocampo, muy lejos para causar problemas en la portería. El 70 por ciento de sostenimiento Blanco se tradujo en gol. A Simeone no le quedó de otra que cambiar su sistema de tres centrales y dos carrileros libres, los estaban ahogando y pasó con cuatro defensores, cuatro mediocampistas y dos delanteros.
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Al minuto 15, Casemiro cabeceó un córner para mandarla al fondo de las redes de Oblak. Como un niño tirando sus viejos juguetes quedó el mexicano Héctor Herrera en la marca y así terminar los primeros 45 minutos con mucha tranquilidad.
Y seguimos viendo otro Madrid en la segunda parte. Aprovechando los errores y mordiendo cuando mira un trozo de carne. Un error de Lodi provocó una falta de Correa sobre Kroos en la línea del área pequeña, pero Sergio Ramos estrelló el disparo en la barrera. Simeone causó un sismo en el equipo con los cambios. No se salvó ni Joao Félix, quien salió tirando patadas al aire. Pero la respuesta llegó con Marcos Llorente, un centro rasante al 54 y Lemar solo ante Courtois la mandó desviada. Poca confianza o miedo al fallo, pero la brújula se le descompuso. Ocho minutos más tarde, un rechazo de Saúl le quedó a Carvajal desde fuera del área y de volea la estrelló en el poste. Oblak contó con tan mala suerte que en el lance la pelota golpeó su espalda con el rechazo del poste y selló el encuentro. 2-0 gane de Zidane.
Los aficionados de los Merengues en ese punto estaban desconcertados. ¿Cómo este mismo equipo podía causar admiración y aplausos constantes y semanas atrás rabia e impotencia, por lo mal que jugaba? Las últimas patadas de ahogado surgieron al 79 con un centro de Lodi, pero Courtois tapó el cabezazo de Saúl y luego en el cierre otro disparo de Lemar enviado a las nubes.
Con la pistola en la garganta, sintiendo el frío del hierro, el Madrid descontó tres puntos. Los Blancos han nacido de nuevo. Le marcaron en 62 minutos los mismos goles que les habían hecho en 10 partidos a los Colchoneros.