Ser manager es un arma de doble filo. Si el equipo gana está en segundo plano, si pierde es el primero en recibir su preaviso. En la Liga Profesional el presente importa y por eso tenemos a Lenin Picota oyendo melodías celestiales al estilo rock y a Ramiro Toruño con un pitido permanente en el tímpano.
Siempre escucharemos como justificación que es más fácil correr a uno que cambiar a todo el equipo. En la fila de triunfadores del Tren del Norte el último en tener el mérito, injustamente, es Picota y en los fracasos del Bóer el primer culpable, sin serlo, fue Toruño.
Sin embargo, la reputación juega, los antecedentes, el tener personalidad o llenarse la boca de frases motivadoras sigue funcionando. El carisma, el llevarse bien con los peloteros o tener equilibrio entre la disciplina y la flexibilidad son ingredientes que deben acompañar a un mentor, pero lo más importante es ganar.
Joel Fuentes
El manager de los Gigantes aparecía al frente de un trabuco, favorito con argumentos al punto que los directivos de la profesional encargaron una placa con el nombre del equipo para no perder tiempo con el trofeo. Nada de eso ha ocurrido, porque las lesiones, una defensa que se derrite en el momento clave y un relevo de pesadilla tienen al Rivas jugando de forma horrible. Obviamente no quieren perder, pero eso no vacuna contra la molestia al montón de seguidores.
Fuentes ha estado haciendo trucos y se le acabaron los conejos. Si lanzas para un colectivo 5.86 y tu bateo es solo mejor que el del Bóer con .284 en una liga que batea para .294, tus opciones de mejorar se reducen poco a poco. A siete juegos del primer lugar y señalado como única esperanza del Bóer para clasificar, los Gigantes lucen como un equipo extraño.
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Sandor Guido
León era el segundo equipo con posibilidades de dominar la liga profesional, pero se le han trabado bateadores importantes, nacionales y extranjeros. Un grande de sus lanzadores como José Mateo se ha ido a un hueco, mientras su balance de ganados y perdidos solo está una victoria encima de los .500.
Guido es un manager perseguido por los billetes de lotería y las pelotas de bingo, tiene más suerte que un gato zurdo. Ha demostrado que puede ser un ganador y tiene la capacidad para remar contra la corriente. Sin embargo, cuando se deja de estar en la cima, las piedras llueven de todos lados.
Vicente Padilla
Los Tigres están cumpliendo con el estilo básico de Padilla. No tiene discursos elocuentes, pero sabe enseñar y tiene un grupo de entrenadores que lo respaldan con gran profesionalismo. No ha perdido de vista a los líderes y los mantiene presionado a cuatro juegos de distancia. Son los mejores en picheo con 3.98 y los segundos en bateo con .298, además son el segundo equipo con más de 100 carreras anotadas.
En el terreno de la realidad, con la fortaleza de sus abridores y sobrevivir al bajón de buenos bateadores como Norlando, Mendoza y Montiel, todos ven a esta tropa como uno de los candidatos de la final.
Lenin Picota
En el Tren del Norte todo está saliendo bien, casi toda su alineación batea sobre trescientos puntos, son líderes en bateo y segundos en picheo. Sus extranjeros un éxito, no hay quejas de los nacionales y los veteranos se están robando el show. Algunos han llegado a creer que si pellizcan a Picota se le escuchara una carcajada.
Omar y Toruño
El presente y el pasado del Bóer se revuelven en una historia que solo es para olvidarla. Ramiro no era el primo de Houdini, ni Omar es fabrica de milagros. Solo esperan que la pesadilla termine.