Aquí no hay introducción que valga. Tengo un cóctel de sensaciones encontradas. Siento un nudo en la garganta por la furia y a la misma vez impotencia por lo sucedido tras el paso del huracán Eta en Nicaragua. Por un lado, cómo en medio de una crisis las personas se solidarizan y buscan la manera de recaudar productos de primera necesidad para los damnificados. Eso es una lección impresionante del nicaragüense: compartir lo poco que se tiene, sin embargo ¿cómo es posible que la respuesta de los gobernantes sea mandar a la Policía Nacional a evitar que se recopile toda la ayuda en los puntos de entrega, acosando y persiguiendo a las personas?
Pienso en Roberto Clemente y en la gran decepción que lo albergaría en la actualidad. ¡Esto es una vergüenza! Muchos no han aprendido nada. Se está repitiendo la historia. Clemente vio cómo la ayuda enviada desde afuera no estaba llegando a los damnificados en 1972 tras el terremoto. Decidió cargar un avión y arribar personalmente al país para asegurarse de que los víveres los recibieran los verdaderos necesitados. Ya todos conocemos el final. Un desenlace injusto para alguien con ese corazón y empatía. Casi 50 años después la película se vuelve a rodar.
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No entiendo cómo puede haber gente así, con el corazón tan oscuro para dañar a seres humanos ya golpeados. En situaciones como estas es cuando desaparece la política, se eliminan los colores partidarios y solo se debe ver a la persona. La tragedia nos debe unir. Lo más preocupante es cuando predican ciertas cosas y en los hechos no las practican. Mucho hablan y poco actúan. Solo alguien con sentimientos de hielo puede ser capaz de tan cruel acto. Asimismo, es lamentable que existan nicaragüenses dispuestos a dejarse gobernar por líderes así. Miren lo ocurrido en Estados Unidos con Trump y su prepotencia, el pueblo le dio una lección al no reelegirlo. No obstante, en Nicaragua suceden situaciones más delicadas.
Por un momento creí que después de la reacción hacia los protestantes tras la crisis de 2018 lo había visto todo, luego pasó la inoperancia con el Covid-19, invitando al contagio y ahora esto. Veo que nombran estadios Roberto Clemente, hacen monumentos en su honor, pero cuando deben reflejar su ejemplo, el cual le costó la vida, no lo hacen, entonces pisotean la memoria de un icono mundial. ¡Discúlpalos Roberto! No han aprendido nada.
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