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Todo parecía estar alineado para los Yanquis en este 2020. El equipo habituado a vivir dentro de un marco de exigencia enorme, ahora sí parecía disponer del talento, la experiencia y la ambición para saltar al terreno en busca de un título que le ha sido esquivo desde el 2009.
La tropa de Nueva York, dio la impresión de ir hacia su punto más alto, mientras resolvía a sus rivales sin mayores contratiempos, pero de pronto todo se ha venido contra el piso y de soñar con la excelencia, ha pasado a una lucha por la sobrevivencia.
Antes del inicio de la temporada se dijo que no había un líder de staff, pero los Yanquis consiguieron al mejor, Gerrit Cole. Se dijo que las lesiones volverían a afectar, entonces el Covid-19 provocó una pausa y cuando se cantó playball el 23 de julio, la tropa estaba saludable.
Y para alimentar las altas expectativas que siempre rodean al conjunto, inició con balance de 16-6, mostrando una llamativa potencia ofensiva y un solvente comportamiento de los lanzadores abridores, mientras el bullpen enseñaba la solidez a la cual nos tiene acostumbrados.
Sin embargo, del 16-6, se pasó a 5-15 en los siguientes 20 partidos, para redondear un récord de 21-21, que se modificó a 22-21, luego de la victoria anoche 7-2 sobre los Azulejos de Toronto, a pesar de la cual, están en el borde de la zona de clasificación, con los Orioles atentos a cualquier titubeo.
Para situar en perspectiva el desplome de los Yanquis, hay que considerar que ellos no habían tenido un trecho tan malo en un período de 20 juegos, desde hace 20 años. Y no tienen una campaña con balance negativo desde 1992 (80-82).
Es cierto, las lesiones han vuelto a molestar. No están ni Aaron Judge ni Giancarlo Stanton, los artilleros de más poder en el equipo. Hasta hace poco Gleyber Torres y DJ LeMahieu se contaban entre los ausentes, pero los que están no batean.
En este período de 20 juegos, los Yanquis batean .204. Nueve de sus 16 bateadores no llegan ni a .200 de average. Algunos ni a .150 (Gary Sánchez, .130) o a .100 (Mike Ford, .086). Así no se puede ganar. Y para el colmo, el pitcheo ha aflojado.
Claro aún faltan 17 juegos y en esta temporada en la que hasta terceros lugares van a pasar a los playoffs, hay una considerable oportunidad de seguir con vida, pero objetivamente, los Yanquis no pueden darse el lujo de continuar tropezando.
Este grupo que se ensambló para este año, parecía con todo lo necesario para avanzar profundo y con paso firme hacia la postemporada, pero en lugar de eso, están arañando para sobrevivir, mientras las altas expectativas se desinflan.
A menos que den un giro de considerable magnitud y logren convertirse en algo parecido a un buen equipo, los Yanquis van a seguir alarmando y enfilados por una ruta que los llevará al fracaso, algo que nadie anticipó al arranque de la temporada.
No hay duda que las lesiones son un problema, pero los Yanquis disponen del talento y experiencia para lucir mejor que un equipo de .500. Sin embargo, la realidad se ha impuesto y la tropa de la Gran Manzana ha volado por debajo de las expectativas.
Las alarmas han sonado de tal manera en Nueva York, que el gerente general de los Yanquis se movió a Buffalo para reunirse y alentar al equipo, que ya está en un trecho en el que no puede seguir con vacilaciones. Ya veremos qué sucede.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
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