Un cumpleaños con visita de «la familia cercana», una boda «íntima» o una pequeña reunión con «sólo amigos cercanos y de confianza», son también escenarios de riesgo donde las personas se exponen en sus círculos cercanos a llevar o traer el nuevo coronavirus, advierten epidemiólogos, quienes aseguran que aunque no se puede comparar con la gravedad de escenarios como el de bares, discotecas o ferias – como las que organiza el régimen de Daniel Ortega- , estos pequeños eventos privados son también espacios de exposición a contagio, más aún cuando no se toman las medidas de prevención.
El peligro, señalan, radica en que muchas personas bajan la guardia por encontrarse en un ambiente de confianza y seguridad, y al no cumplir las medidas estrictas de protección se exponen y exponen a sus círculos más cercanos. Los especialistas también refieren que no se trata de «satanizar» el hecho de que la gente se quiera reunir y compartir un momento agradable, ya sea por una ocasión especial o socializar un poco después de un extenso autoconfinamiento, pero recomiendan que si se toma esta decisión de reunirse físicamente, lo primero que hay que hacer es planificar sobre espacio con el que se cuenta – preferiblemente en lugares abiertos- y la cantidad de personas que se pretenden concentrar, además de establecer el distanciamiento físico de dos metros.
«¿Qué pasa si no se cumplen estas medidas estrictas? La gente se va a contagiar, porque toda persona que no respete los dos metros de distancia tiene alta posibilidad de contagio y en grupos es mayor la posibilidad de contagio porque la carga viral es alta (…). Si yo tengo un área de 50 metros cuadrados, tendría que calcular cuánta gente voy a meter ahí, posiblemente unas siete personas. Si logras mantener ese distanciamiento físico, vas a disminuir riesgo a contagio», afirmó el epidemiólogo Leonel Argüello.
Si la persona presenta los síntomas relacionados con el Covid-19, sobre todo fiebre, tos seca y cansancio, lo recomendable es evitar acudir a cualquier tipo de reunión, señala el epidemiólogo Rafael Amador. En cuanto a las personas de la tercera edad o que tiene factores de riesgo, el especialista sugiere que tampoco hagan presencia en estas concentraciones privadas. «No se trata de ser excluyente, sino garantizar la protección de estas personas», afirma.
Lea además: Casos positivos de Covid-19 en Nicaragua llegan a 4,668 y 141 muertes, según el Minsa
«Hay que recordar que aquí cuidándome yo, busco como cuidar a los más vulnerables. Si se van a reunir, que no se convierta en un hábito permanente, porque no estamos en una situación de normalidad, hay que hacerlo con mucho cuidado y saber quiénes van a llegar, que la gente entienda que si se acerca a otra persona la va exponer también, sobre todo si han estado en otras situaciones de riesgo, por ejemplo si trabaja en hospitales o atiende a personas enfermas, es mejor no reunirse», insiste Amador.
Los médicos coinciden también en otro factor de riesgo «invisible»: las personas asintomáticas que podrían propagar el virus de reunión en reunión al considerarse sanas y moverse o tener contacto físico regular con sus círculos de confianza.
Nuevos «modales» en la mesa
Una vez empieza la reunión, tampoco es fácil mantener la distancia en las interacciones, la gente se va relajando y olvidando las medidas de protección. Cuando toca el turno de compartir una mesa, hay que evitar el contacto directo o frontal, lo recomendable es sentarse en diagonal a la otra persona y guardando un puesto vacío en la mesa entre una persona y otra.
Los expertos en salud coinciden en que una importante vía de transmisión son las pequeñas gotículas de saliva que exhalamos al hablar, toser o estornudar y que quedan suspendidas en el aire. Las pláticas, carcajadas y gritos son comunes en estas reuniones sociales, por lo cual es oportuno conservar el uso de la mascarilla todo el tiempo.
Argüello sugiere que para comer, lo ideal es tratar que las personas se sienten a la mesa manteniendo la distancia, «evitar comer frente a frente y mantener los ambientes ventilados para una buena circulación del aire, lo cual ayudaría a evitar brotes del virus en los círculos familiares. El criterio no es sólo la cantidad de gente, sino el espacio que tenés para ubicarla».
La forma de saludarse, brindar o compartir los alimentos también debe cambiar; nada de compartir utensilios, ni beber del mismo vaso.
La responsabilidad gubernamental
Para el epidemiólogo Álvaro Ramírez, las autoridades gubernamentales también deben incidir en este punto, puesto que su responsabilidad es implementar iniciativas que regulen las concentraciones -sean mínimas o masivas- «para poder tener un plan estratégico de emergencia, donde participen todos los sectores del país en plena conciencia, ya que de lo que se trata aquí no es de política, se trata de salvar vidas y el Covid-19 tiene la capacidad de matar a mucha gente, colapsar hospitales y servicios de salud sin ningún problema».
El especialista recomienda que luego de participar de una reunión privada o pública, lo ideal es que al regresar a su casa, la persona debe desinfectarse y evitar contacto con el resto de los que la habitan, como precaución y cuido, sobre todo si estos presentan enfermedades de alto riesgo como hipertensión arterial, diabetes o mayores de edad «para no contraminar a estas personas».
¿Y los besos y abrazos?
El doctor Leonel Argüello, señaló que no es momento de bajar la guardia porque «este virus va para largo», él respalda su afirmación con el ejemplo de otros países como España, Estados Unidos y Costa Rica que en sus primeros intentos de reabrir la economía se enfrentan con una «segunda ola de contagios». Se activaron alertas luego de contagios en restaurantes donde hubo celebraciones familiares, en visitas a hogares y hasta en «Baby showers».
En cuanto a Nicaragua, Argüello no ve que las condiciones sean favorables ya que se promueve el contagio comunitario, a través de todas las festividades de las instituciones que abonan a la falsa percepción de seguridad sanitaria y una peligrosa normalidad en la que la gente retoma contactos sin mantener precauciones. «Entonces nosotros tenemos que aprender a convivir con el virus y eso significar guardar los principios básicos de prevención», enfatiza.
«Si me preguntas ¿cuándo nos vamos a poder dar besos y abrazos? te respondería que cuando el Ministerio de Salud (Minsa) haga más pruebas y más exámenes de laboratorios, entonces vos vas a poder saber que tu familia o el vecindario está negativo al virus y entonces ya sé que los puedo abrazar. Lo que pasa es que aquí no estamos haciendo las suficientes pruebas, imagínate que Nicaragua necesita al menos 30 mil pruebas por cada millón de habitantes», concluyó.
Aunque el escenario a futuro es incierto, para los médicos lo más importante es poder tener la conciencia de practicar en todo espacio exterior las medicas de protección sanitarias, conservar el protocolo de desinfección posterior a contactos con personas que vivan con nosotros. Cumplir el distanciamiento recomendado no importa si son nuestros amigos cercanos, porque al igual que con nosotros, ellos pudieron haberse puesto en contacto con otros y es así se activan las cadenas de contagios familiares y comunitarios.