¿Quién manda en Nicaragua?

Recientemente, mientras me encontraba realizando una diligencia en la Dirección General de Aduanas (DGA), fui testigo de una conversación poco usual que se dio en los pasillos entre el subdirector de aduanas, un señor de apellido Obando, y una dama. Ella reclamaba por la falta de respuesta a su solicitud para solucionar una situación surgida sobre una duda de valor. Al parecer la carta era copia de una misiva enviada a El Carmen en donde solicitaba intercedieran por ella, lo que llamó mi atención fue que la dama en su impotencia preguntó al funcionario si arriba no mandan, entonces quién manda en Nicaragua. A lo que el funcionario le contestó de manera soberbia, en El Carmen manda el comandante y en la (DGA) mando yo.

Considero que ante la anarquía en que vivimos, la pregunta de ¿quién manda en Nicaragua? es más que legítima. Analicémosla: la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos indica que el uso de mascarilla y el distanciamiento social son dos de los métodos más eficaces para evitar el contagio masivo del Covid 19, pero las alcaldías sandinistas y resto de instituciones del Estado promueven reuniones masivas sin importarles las consecuencias fatales para el pueblo.

La Asamblea Nacional sandinista le otorga un reconocimiento a una fémina a quien se acusa de ser responsable de haber ordenado que se negara atención a los heridos de los sucesos del 18 de abril y eso no es todo, desde su posición ministerial apañó el incumplimiento de lo ordenado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La policía convierte en talco lo que laboratorios certificados autentican como alcaloide de cocaína. Se gastan cientos de miles de córdobas del dinero de los contribuyentes en acosar a la población, mientras a lo largo y ancho de Nicaragua se reportan robos y asesinatos, sin que nadie haga o diga algo sobre ello, incluyendo a los encargados del orden, pues estos se encuentran fresqueando en las rotondas o vigilando las casas de los vandálicos, como nos llaman.

La dirección general de aeronáutica civil mantiene cerrado el aeropuerto a los vuelos internacionales con pedimentos o exigencias imposibles de cumplir por las líneas aéreas, sin importarle los cientos de miles de dólares que dejan de entrar al país producto de los turistas y nacionales que nos visitan, dinero que ayudaría a recuperar nuestra enclenque economía.

En el peor de los casos la ciudadanía ya no sabe de quién cuidarse más, si de los policías, de los robos exprés o de los motorizados (paramilitares) que en sus horas libres se dedican a complementar sus salarios con los nuestros. En fin, pudiera llenar decenas de cuartillas con los ejemplos que nos confirmarían que Nicaragua hace rato se convirtió en un Estado fallido, en el cual predomina la anarquía.

Mientras todo esto sucede una encuestadora afirma que los nicaragüenses nos encontramos felices y contentos con las apaleadas y carceleadas que a diario nos receta la policía. Es tanta nuestra felicidad, según esa encuestadora, que la población solo espera el llamado a elecciones para salir a votar nuevamente por la pareja de El Carmen para que nos receten cinco años más de felicidad y seguir progresando como hasta hoy.

Si esta inverosímil afirmación no fuese tan patética y sin sentido, les juro que pasaría riéndome un día entero, pero la triste realidad es que en Nicaragua no sabemos quién manda.

La policía dice que manda, los funcionarios públicos dicen que mandan, los jueces dicen que mandan, aunque no manden.

Se esconden las cifras reales de fallecimientos por la pandemia porque a alguien le ronca que no se divulguen.

En pocas palabras, estamos jodidos porque los que en realidad mandan sería mejor que no mandaran, pues cuando lo hacen, como dicen en México, el tecolote canta y el indio muere.

El autor es comentarista político.

Opinión
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