Henry Duarte empujó a la Selección Nacional de futbol hacia unos senderos que jamás habían sido transitados por nuestros jugadores. A veces ganaron y a veces perdieron, pero sobre todo, los ayudó a sacudirse una serie de complejos que les impedían crecer.
Su influencia más grande no fueron las 17 victorias o los diez empates conseguidos a través de 54 partidos, sino la transformación mental en los muchachos para hacerles creer que se podía dar más y que podían jugar incluso en el extranjero.
Forjó una identidad para nuestro futbol. Hizo que los muchachos jugaran hacia el frente y que desde su modesta habilidad y hasta limitado talento, fueran capaces de proponer y dejaran de estar más pendientes de su arco que de el del rival.
Y no solo predicó sobre la posibilidad de jugar fuera del país, sino que recurrió a sus contactos para abrirle espacio a varios jugadores nicas que saltaron al extranjero. Y también los fogueó ante equipos impensables para nosotros, como Argentina.
Pero además Duarte entendió que el éxito no es un asunto de sabiduría y astucia, sino de confianza y honradez. Y así se ganó el cariño de sus jugadores, quienes lo siguieron y respetaron pese al vigor con que imponía disciplina sin importar el nombre.
Sin embargo, estoy entre quienes creen que su ciclo había concluido. Era visible ya cierto desgaste en su propuesta futbolística y se percibía una fractura en su relación con la Federación de futbol, así que era momento de un cambio como en cualquier ámbito de la vida.
No obstante, su balance es muy positivo. No se detenga tanto en las estadísticas que no son despreciables por su puesto, pero su más grande impacto es dejar las bases para un crecimiento importante en un futuro cercano.
Aquí queda una generación de jugadores que ya no tienen como meta jugar en la Primera División y llegar a la Selección Nacional. Piensan en el extranjero y desde ya se lo están creyendo y trabajan duro para conseguirlo.
Así que resultará clave la escogencia del sustituto. La misión es buscar uno mejor que Duarte, para trasladar al siguiente nivel el proceso de desarrollo para el cual ya se establecieron las bases.
Cuando se pase revista a la historia del futbol nacional, el nombre de Duarte estaría ahí como punto de inflexión. Queda ahora darle continuidad a una etapa alentadora en números y en mentalidad.
El desborde que provocó la Selección Nacional con sus avances dos veces a Copa Oro y sus partidos ante Haití y Jamaica, forman parte del patrimonio sentimental de los nicaragüenses y detrás de esas faenas estuvo Duarte, quien espantó el miedo entre los muchachos.
Su paso por Nicaragua, ciertamente fue un acierto.
Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR