Nunca sabremos hasta dónde pudo haber llegado Juan Cabrera de haberse cuidado mejor y de haber canalizado adecuadamente todo su talento. Aún así, el sureño consiguió cifras tremendas y es una referencia a nivel local.
El perfil de Cabrera se vio afectado por su breve y poco impactante paso por la Selección Nacional, pero entre los jugadores nicas, muchos lo valoran como el más completo entre los que han desfilado por el beisbol de la Primera División.
Cabrera tenía una mezcla precisa de habilidad para hacer contacto con la bola y de poder para enviarla por encima de la cerca. Corría a gran velocidad, robaba bases, con un brazo fuerte y una defensa muy segura.
Después de 17 campañas en Primera División, Cabrera se retiró con .300 de average, disparó 1,232 hits, de los cuales 200 fueron dobletes y 165 jonrones. Se robó 209 bases. Y fue líder de un conjunto que ganó dos campeonatos.
El Rivas de Cabrera, que fue también de Adolfo Álvarez, Leoncio Martínez, Miguel Jiménez, Tomás Mendoza y muchos otros jugadores más, fue a cuatro finales seguidas y ganó dos títulos (1980 y 1982). Las otras dos finales las perdió con León (1981 y 1983).
El año cumbre de Cabrera, sin embargo, fue 1993. Además de batear para un average de .343 y remolcar 100 carreras, inauguró el club 20-20 en el beisbol nacional con 25 jonrones y 22 robos. En el 2006, se le uniría Jem Argeñal con 22 tablazos y 20 estafas.
Cabrera, quien resultaba un espectáculo en todas las áreas del juego, bateó sobre .300 en ocho ocasiones y en sus últimas diez campaña, el average más bajo fue .290, justo el promedio que tuvo en su último año, 1995.
Es uno de los diez jugadores en la historia del beisbol nacional con más de 1000 hits (1,232), más de 100 jonrones (165) y más de 100 robos (209). Ahora, si hubiera un club de 150-150 en robos y jonrones, solo estarían él y Ramón Padilla (213 jonrones y 166 robos). Nadie más.
Juan también es uno de los cuatro jugadores a nivel nacional con campañas de 100 remolques en una temporada, junto a Ernesto López, Nemesio Porras y Juan Carlos Urbina. En su historia tuvo 820 anotadas y 764 carreras impulsadas.
Sin embargo en sus inicios Cabrera deseaba ser lanzador y de no ser por un jonrón que le pegó Calixto Vargas, quizá se habría quedado en la colina, pero en lugar de eso, vimos todo su arsenal desde el homeplate.
Y pese a que siempre existió la especulación de que a Cabrera le daban miedo los aviones y que por eso no iba a la Selección a pesar de ser llamado, él dice que lo que le molestaba era el encierro.
“Nunca me gustaron las reconcentraciones y por eso no me reportaba a pesar de los llamados”, explica Cabrera, quien viajó con la Selección a Cuba en 1982 a los Juegos Centroamericanos y del Cabrera en La Habana y participó aquí en los fogueos ante los cubanos.
No haber militado más en la Selección pudo haber afectado sus posibilidades de entrar al Salón de la Fama del Deporte Nacional, pero la consistencia de sus cifras no tiene discusión a nivel local.
En la década de los ochenta, cuando aquí había jardineros como establecidos como Apolinar Cruz, Cayetano García, Danilo Sotelo, Leonardo Cárdenas y otros más, siempre se dijo que Cabrera era el mejor, pero él estaba en Rivas, mientras los otros viajaban por el mundo.
Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR