La semiparalización de la economía de Nicaragua, como consecuencia de la pandemia del Covid-19, y las dificultades que el régimen de Daniel Ortega estaría afrontando para acceder a recursos frescos a nivel internacional acercan cada al Presupuesto General de la República 2020 a la insostenibilidad, que se verá afectado por la caída de la recaudación, consideraron economistas, que ven pocas alternativas para evitar un recorte en una venidera reforma.
El Presupuesto General de la República se alimenta principalmente de estas fuentes: préstamos, recaudaciones tributarias, donaciones y la emisión de títulos o bonos, pero todas ellas actualmente se ven en aprietos. Para el 2020, Hacienda espera en ingresos totales 79,199 millones de córdobas y en gastos 80,901 millones de córdobas.
Al cierre de 2019, las proyecciones del orteguismo era que la economía creciera un 0.5 por ciento en 2020, después de dos años de recesión generada por la intempestiva respuesta del régimen contra la rebelión cívica de 2018. La aparición de la pandemia puso al mundo al revés, y con ello, los planes del régimen se fueron al traste y hasta ahora, no se ve un salvavidas coherente para salir de la crisis sanitaria y económica.
El economista Róger Artega explica que no ve posibilidades para que el gobierno pueda obtener fondos para financiar el presupuesto, o tal vez, estarían pensando en reducirlo. La primera barrera con la que se topa Daniel Ortega es que no puede acceder a los desembolsos vía préstamos para dedicarlos a la recuperación económica.
Mientras los demás países centroamericanos tienen acciones específicas para soportar la pandemia, Ortega sigue minimizando su impacto, negando los brotes de Covid-19 y muertos, y eso le impide también ingresar a fondos para atender la pandemia.
El país “está en blanco”, dice Arteaga, quien asegura que hasta finales de abril, los organismos multilaterales habían aprobado 1,342 millones de dólares a Panamá, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Belice, y Guatemala. El país apenas tiene tres millones de dólares.
Sin embargo, también dispone de 11.7 millones de dólares, pese a que solicitó 13 millones al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Estos no son fondos frescos, sino una modificación de un monto de 77 millones de dólares que ya estaban destinados al proyecto de mejoramiento del tramo de carretera Nejapa-El Crucero-Diriamba-Jinotepe y Nandaime. Con lo aprobado se ejecutaría el “Programa de Emergencia Prevención y Contención del Covid-19 en Nicaragua”. Arteaga destaca que “no hubo plata fresca” para el país.
No hay margen para otra reforma fiscal
Si se piensa que las recaudaciones podrían ser el plan del gobierno, los economistas explican que después del paquetazo fiscal y la reforma a la Seguridad Social que inició en marzo de 2019, no hay más opciones por esta vía. El alivio de la maniobra fue cortoplacista y ayudó a reducir el déficit presupuestario. La medida facilitó que los ingresos fiscales crecieran 11.28 por ciento el año pasado. La meta de recaudación pasó de 69,751 millones de córdobas inicialmente a 77,606.5 millones de córdobas, según publicó este Diario.
El economista Luis Murillo explica que Ortega ya agotó la parte de la reforma tributaria, que tuvo su impacto en ese momento, pero ahora la economía está casi paralizada. “Yo no veo de dónde van a sacar recursos”, expresa. Sin fondos internacionales y sin una estrategia de maniobra para la crisis, la mayor parte de los nicaragüenses van a estar en una situación deteriorada, explicó.

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Arteaga coincide con Murillo que las recaudaciones tienen una dinámica y se mueven de acuerdo con el estado de la economía, y del país, tras dos años de recesión y la proyección de caída del 4.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) por parte del Banco Mundial para este 2020, debido a la pandemia, la posibilidad de obtener más recursos de las recaudaciones son bien reducidas.
La reforma de 2019, “le quitó capacidad de acción y de operación a la parte productiva y a la demanda agregada (…) Ya sacarle más impuestos a estas partes es como sacarle sangre a un enfermo que está en cuidados intensivos. Ya no hay de dónde sacar”, expresó Arteaga.
Otros ingresos del Tesoro se obtienen de las donaciones, pero estas dependen de la voluntad de los países amigos, y la imagen de Nicaragua ha ahuyentado la cooperación. Arteaga considera que la posibilidad de donaciones son mínimas y dependerá de los cambios que haga el gobierno respecto a su imagen que cada vez está más deteriorada, y aun más con las sanciones.
El 4 de mayo el Consejo de la Unión Europea sancionó a seis funcionarios del régimen orteguista, incluída, la exministra de salud, y actual asesora presidencial, Sonia Castro. La Unión Europea es un donante clave, pero las sanciones impedirían a Ortega acercarse a se «viejo amigo» de Nicaragua.
Bonos y reservas internacionales
Para el economista Murillo una alternativa podría ser una revisión de las partidas presupuestarias y valorar una redistribución. No obstante, hace tres días el Ministerio de Hacienda y Crédito Público buscó otra forma de financiamiento: emisión de bonos del Tesoro en dólar con una atractiva tasa de interés anual de 4.17 por ciento.
Artega asegura que en ocasiones anteriores estas alternativas no han dado muchos resultados, pero en este caso, no se puede negar, que los bancos tienen una sobre liquidez, ya que no están prestando por el riesgo, es decir “hay dinero ocioso”, y pueden verse tentados a comprar esos bonos, lo cual es posible, legal, pero no ético, porque representa oxigenar a un gobierno que sigue reprimiendo al pueblo.
Tanto Murillo como Arteaga son cuidadosos para ver en las reservas internacionales alguna posibilidad de salvación, y recuerdan que estas se enfocan en las importaciones de bienes y servicios que se necesitan para la producción.
¿El Banco Central pondría a trabajar su máquina?
El economista Néstor Avendaño considera que el gobierno puede emitir deuda gubernamental interna y la otra vía de escape para financiar el gasto público podría ser la emisión de dinero.
“Le va a decir al Banco Central comprame papeles y el banco emite dinero y le compra los títulos valores, pero esos títulos valores tiene una grave restricción, que según la ley, tienen que ser redimidos antes que termine el año fiscal, en que se emitió ese papel, si no lo hacen hay problemas legales, pero como aquí, sabemos que los problemas legales no son problemas, claro que lo van a hacer”, explicó.
¿Esto supone un riesgo para la economía? Él considera que actualmente no, porque no hay margen para una espiral inflacionaria, pero una vez que haya luz verde para que el país vuelva a la normalidad, la política macroeconómica debe ser expansiva, y eso significa incrementar el gasto interno y las exportaciones, lo que podría exigir emisión de dinero, y ahí si es peligroso, por ende se debe regular muy bien. La emisión debe estar más vinculada a la inversión pública para generar empleos, ingresos y reactivar la demanda interna, explicó.
Arteaga cree que está opción no estaría dentro de los planes. Considera que el gobierno aprendió la la lección con la hiperinflación de más de diez mil por ciento, a finales de los ochenta. “Creo que Ortega sabe muy bien qué cosa es eso, y sabe qué significa echar andar a la maquinita y el riesgo que tiene”. Considera que si recurren a esta sería el acabose, colapsaría la economía, expresó.
Murillo también considera que esta no es una opción. Desde la perspectiva política han mantenido una política monetaria un poco cauta y responsable. “Echar mano de una maquinita prácticamente nos llevaría a un situación de crisis, tomando en cuenta que el sector productivo no está siendo financiado y que posiblemente los niveles de producción caigan”, afirmó el especialista.