Zona de Strikes: Diego Raudez era un lanzador incansable

Armado con una bola submarina y un corazón de guerrero, Diego Raudez dio cátedra de valentía y compromiso con su equipo durante 15 años

Brazo de hule, corazón de guerrero y personalidad volátil. Así podría describirse a Diego Raudez, el tirador que más ha impactado en Granada en los últimos 40 años.

Claro, el mejor lanzador de Granada y de Nicaragua es Dennis Martínez, pero hablo estrictamente del beisbol local y ahí Raudez fue una verdadera estrella, que entró hondo entre los fanáticos.

Y Granada ha tenido tremendos lanzadores como el propio Julio Raudez, hijo de Diego, quien llegó a ser mejor que su papá, pero la conexión atleta-aficionado del viejo, no la tuvo el hijo.

Había cierto magnetismo en Diego. Nunca pasaba desapercibido. Era jovial y bromista. Retador al extremo y valiente como pocos, pero muy serio en su trabajo, cuyo centro era el box.

Armado de una bola submarina hizo daño por más de 15 años en nuestro beisbol y cuando le tocó viajar con la Selección Nacional, siempre estuvo entre los mejores por donde pasó. Hombre bravo.

Diego inició en 1977 con Granada. Luego se fue a Matagalpa en 1978, pero no hizo nada en ambas campañas. Tuvo marca de 0-5 y 5.65. Sin embargo en 1980 con 8-3 y 2.90 enseñó los dientes.

Su mayor impacto lo tuvo en 1983, cuando logró marca de 18-9 y 2.28, más 220 ponches en 237 innings, imponiendo récord nacional. La marca era de 203 “fusilados” de Andrés Torres en 1977.

Diego también consiguió 15-8 y 2.40 en 1987, pero en varias campañas anteriores, sin registros de gran brillo, logró dejar su huella con labores que no han podido ser devoradas por el olvido.

El 2 de diciembre de 1982 le metió 20 ponches al equipo Costa Atlántica para imponer un récord aún vigente. En 1983 se fajó en un duelo memorable de 17 innings con Luis Cano de los Dantos.

Dos años después, el 4 de mayo de 1985, luego de tirar cuatro innings el día anterior, relevó durante 14 episodios en el sexto juego de la Final ante los Dantos, y ganó 4-3 en 19 entradas salvajes.

Con la Selección no fue distinto. En 1986 él se llevó las tres victorias de la tropa nica en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Dominicana y tuvo 1-2 y 3.33 en el Mundial de Cuba en 1984.

Su momento más triste debe haber sido cuando fue devuelto por razones de índole disciplinarias de Caracas, Venezuela en 1983, cuando ganó medalla de plata en forma dramática la Selección.

Se marchó con balance de 120-119 y 3.07 a nivel local. Es el cuarto más ponchador con 1,121 “fusilados” y es uno de siete lanzadores con más de 100 triunfos y 1000 ponches en su carrera.

Pero sobre todo, Raudez fue un lanzador valiente, incansable e indomable. Parecía listo para lanzarle a los Yanquis incluso, aunque no fuese a pasar del arranque, pero no se echaba hacia atrás.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR 

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