Violencia

La niña de 10 años, hija del excarcelado político Edwin Altamirano fue golpeada por otro menor, hijo de un parapolicía, el 20 de enero de 2020, según denunció el autoconvocado. LA PRENSA/ARCHIVO

La violencia orteguista también la sufren los niños: excarcelado político denuncia agresión física contra su hija de 10 años

El ex preso político Edwin Altamirano, dice que la golpeó otro menor "porque su papá es golpista". A sus hijos les gritan que su padre es "un tranquero, un asesino".

La violencia generada por la represión de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha alcanzado niveles preocupantes al punto en que menores de edad, también son víctimas del fanatismo y odio que destilan los simpatizantes orteguistas.

Ejemplo de eso es lo que vivió la hija de 10 años del excarcelado político Edwin Altamirano, quien el 20 de enero de este año, fue golpeada por otro menor, de 12 años, en su rostro. La menor de edad resultó con el ojo derecho inflamado.

Según denunció Altamirano, el menor que agredió a su hija es hijo de un parapolicía, quién le ha inculcado al pequeño que los ciudadanos que son contrario al régimen orteguista son “golpistas”.

“Ellos (parapolicías) se han encargado de meterle en la cabeza a sus hijos que yo soy terrorista, asesino, entonces la maldad ha abarcado hasta su familia, sus hijos”, manifestó Altamirano.

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El ex preso político agregó que “ya no aguanta más” el asedio que sufre él y su familia, sobre todo, porque sus hijos se sienten inseguros. Según Altamirano, los niños del barrio, hijos de parapolicías, se burlan de sus hijos (de 12 y 8 años).

“Cada vez que los niños van al colegio ellos pasan por su casa, entonces lo vulgarean, ‘venite para acá que ahí va el hijo de tranquero, del asesino’, entonces ellos ya ni siquiera salen a jugar, prácticamente estoy preso en mi propia casa con mis hijos», comentó Altamirano.

Régimen, primero en promover el odio

Ya sea de ideología oficialista o de oposición, los niños han sido salpicados por los intereses políticos de sus padres, creando una estigmatización contra ellos, y como consecuencia, formando ciudadanos intolerantes en la sociedad, advirtieron especialistas en derechos de la niñez y adolescencia, quienes señalaron que los principales actores de promover el odio es la dictadura Ortega-Murillo.

La situación que vive Edwin Altamirano no es exclusiva, lo sufre cada familia ya sea de excarcelado o preso político. El asedio diario lo sufre no solo de la Policía Orteguista, sino de los dirigentes orteguistas comunitarios o parapolicías.

“Los niños están sufriendo las consecuencias de la crisis sociopolítica, y una de esas es que ha radicalizado la intolerancia, y los principales agitadores de esa campaña de odio son el presidente (Ortega) y la vicepresidenta (Murillo)”, dijo Jorge Mendoza, representante del Consejo de la Coordinadora de la Niñez (Codeni).

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Para Mendoza, Murillo -la misma que habla de «paz» y «amor»-, es la primera en descalificar a la oposición llamándoles «puchitos», «delincuentes», «mareros», «terroristas», entre otros peyorativos más, creando una cultura de odio, discriminación y estigmatización y de violación a la dignidad a los derechos de los ciudadanos.

«Cualquier discriminación, estigmatización por razones políticos es intolerable en el ámbito de los derechos de la niñez y la adolescencia, no podemos convertir a nuestros niños en victimarios y mucho menos en víctimas de la intolerancia política, Codeni rechaza totalmente cualquier campaña que esté dirigida a promover el odio contra otros niños donde sus padres tienen una posición política distinta a la oficial en el país», expresó Mendoza.

Las consecuencias dentro de la sociedad

Vilma Núñez, del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), coincide con Mendoza en que los niños son víctimas de odio primeramente por el régimen orteguista, aunque aclaró que «es una responsabilidad compartida» de Estado, padre de familia, sistema educativo y sociedad.

«Oficialmente son víctimas del gobierno y de las autoridades del Ministerio de Educación que lo están instrumentalizando para adoctrinarlos, haciéndole repetir consignas, portar banderas partidarias, e incluso en los libros de texto con ilustraciones completamente partidaria, esto es un abuso y una agresión de las que están siendo los niños», dijo la defensora de derechos humanos.

Mendoza añadió que si los maestros siguen actuando como comisarios políticos dentro del aula, el propósito de la educación no se está cumpliendo en el país. «Si los maestros también participan de estas campañas contra los ‘golpistas’ o ‘tranqueros’, esa escuela no sirve en el actual contexto, los maestros deben promover la cultura de paz, y promover los derechos humanos», expresó Mendoza.

Para Nuñez y Mendoza, aunque «aparentemente este no sea un tema importante», las consecuencias de promover el odio desde el Estado, sistema educativo y familia, será formar a niños con problemas de autoestima que se verán afectados en los procesos de socialización natural (como ir al colegio o recrearse); además de construir una sociedad menos tolerante, respetuosa y democrática.

«Están destruyendo a toda una generación y ya está teniendo una repercusión directa en la vida y desarrollo de nuestro país, al destruir a la niñez están afectando el futuro del país, aquí se está dando una división, están destruyendo la unidad de la población, están polarizando sin retroceso al país», lamentó Núñez.

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