Los que creíamos dormidos, despertaron a toda una nación

Creo que todavía no somos capaces de procesar lo que ha acontecido en el país desde el 19 de abril. Los libros de la historia lo contarán como la “Revolución de los Autoconvocados” en la que hay muchos líderes, pero ningún caudillo, no fue dirigida por partidos políticos y en la que surgieron muchos héroes anónimos.

Nuestros muchachos no estaban dormidos, no son indiferentes, ni apáticos como muchas veces se les tildó. Las llamas de Indio Maíz encendieron su flama, su sentido de responsabilidad y amor a la patria, su rechazo ante la indiferencia y la corrupción de sus gobernantes. Desde esa chispa nos han contagiado de energía, ímpetu y esperanza cuando nos llenaba la impotencia y la frustración largamente acumulada. Con vigor y fuerza nos han levantado la moral ante el grito contundente e irreverente: ¡Que se rinda tu madre!

Ahora nos toca continuar esta revolución siguiendo su ejemplo: autoconvocándonos sin egoísmos ni protagonismos a un diálogo nacional. No me refiero al que se sientan unos pocos en una mesa bajo los reflectores, eso es crucial en este momento de crisis, pero voy más allá. Este diálogo del que hablo es en todos los sectores y a todos los niveles. Los constitucionalistas harán lo suyo, los economistas, los académicos, los empresarios, los entendidos en materia electoral, los juristas, los periodistas, los campesinos, por supuesto los universitarios y un largo etcétera. El objetivo debe ser consensuar las prioridades para sentar las bases de un cambio estructural profundo y necesario para el país. Este diálogo debe ser plural, transparente y sobre todo propositivo.

En este proceso se debe fortalecer instancias como el Cenidh que se ha portado a la altura de las circunstancias en la presente crisis. Hay que poner especial atención a la Contraloría General de la República, a la Asamblea Nacional, al Consejo Supremo Electoral como se ha dicho hasta el cansancio, sin olvidar por supuesto el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social.
Veo con especial preocupación el papel de la Policía Nacional, institución que ha perdido autoridad, credibilidad y honorabilidad. Esto es materia para un análisis más profundo.

Mi admiración y respeto a los jóvenes que han hecho de la Upoli su trinchera. Ahora les queda el desafío de idear otra estrategia y buscar otra trinchera porque con el tiempo el desgaste y el cansancio minarán sus fuerzas y los necesitamos con todo su vigor para continuar impulsando el verdadero cambio en el país.

Debemos preparar el terreno para consolidar la democracia siendo conscientes de que es un proceso a corto, mediano y largo plazo para no caer en la anarquía y con ella en la trampa de necesitar un “salvador”, un súper líder que haga lo que como colectivo nos toca hacer.

Los muchachos nos han demostrado que juntos hacemos más, que sin ideología hacemos historia. Nos han recordado que la solidaridad, la justicia, la paz y la libertad no tienen más bandera que la azul y blanco.
Cuando la euforia del momento pase tenemos que seguir trabajando en la construcción de la nación que desearon los “Mártires de Abril”. Su valor y ejemplo no pueden quedar en simples anhelos, se les debe hacer justicia. Se lo debemos a sus madres, nos lo debemos a nosotros mismos.

La autora es catedrática en Resolución de Conflictos UAM

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