A un período de mendicidad en el beisbol superior, el que por poco llega a desaparecer, le ha seguido una etapa de fluidez en los recursos. Se ha pasado de cuatro equipos a 18, lo que permite una integración nacional y la oportunidad para peloteros de todo el país.
Pero en ruta hacia la décima edición de esta nueva época de los torneos “Pomares”, las preguntas siguen siendo las mismas: ¿se están aprovechando bien esos recursos? ¿Se pueden enumerar los frutos de esta notable inversión? ¿Ha valido la pena el esfuerzo?
Siempre hay espacio para mejorar. Un primer paso podría ser definir un plan sobre los objetivos del torneo: podrían ser, por ejemplo, desarrollar jugadores, recrear al país, o los dos, mientras se generan empleos, dinamizan economías y se fortalecen las identidades locales. Y un aspecto decisivo, es la capitación de los entrenadores en el extranjero.
Pero mientras llega el momento para un análisis serio, nos acercamos a nuevo torneo que presenta distintos escenarios para cada equipo. Están los que creen con seguridad que se van a coronar, los que aspiran a llegar a la final, los que sueñan con avanzar a los playoffs y los que anhelan con ya no ser últimos.
Antes de cantarse el playball, León, Dantos, Bóer y Costa, asoman como los más fuertes. Luego vienen el Rivas, Matagalpa, Estelí, Chontales, Carazo, Granada y Jinotega, que dan la impresión que no tendrán problemas para avanzar a la segunda fase, a la que también aspiran Chinandega y Zelaya Central. Debe ser una lucha dura durante 51 partidos que contiene la primera vuelta.
Después vamos a ver cuánto mejoran clubes más modestos como Boaco, Madriz, Nueva Segovia y Río San Juan, que se han preparado con tiempo para mostrar esos progresos que demandan sus fanáticos, pero también los críticos.
Pero pase lo que pase al final, lo esencial es que el beisbol está de vuelta al terreno de juego.