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LA PRENSA

La revuelta popular en Irán

La noticia más importante de esta semana y del comienzo del nuevo año, en el lado de los pueblos oprimidos por dictaduras de cualquier clase, ha sido las revueltas populares en Irán.

Entre Irán y Nicaragua se creó un paralelismo histórico a partir de 1979, cuando triunfaron en ambos países —tan distantes geográfica y culturalmente— las revoluciones islámica y sandinista, distintas y parecidas al mismo tiempo.

A pesar de la diferencia entre la revolución islámica de Irán que fundó un Estado teocrático sostenido en el fanatismo religioso, y la revolución sandinista que creó un nuevo Estado laico y anticatólico aunque con influencia religiosa de la denominada iglesia popular, los regímenes de ambos países se identificaron fundamentalmente por el odio a los Estados Unidos (EE.UU.) y la impugnación del rol que esta potencia democrática desempeña en el mundo.

Desde entonces entre ambos regímenes dictatoriales se establecieron estrechas relaciones de complicidad, amistad y cooperación, las que fueron intensas durante el período de 1979 a 1990; declinaron en el curso de la primavera democrática de Nicaragua de 1990 a 2006; y repuntaron desde que Daniel Ortega retomó el poder e impuso un nuevo régimen dictatorial que ha venido a ser una mezcla rara y perversa de somocismo con orteguismo.

A diferencia de la dictadura sandinista de los ochenta, que sucumbió a los 10 años y medio, la dictadura islámica de Irán ha sobrevivido hasta ahora, no sin enfrentar una resistencia sorda y oculta que eventualmente ha explotado en rebeliones populares masivas, como las que han ocurrido esta semana.

Pero las leyes de la historia valen para todos los países, independientemente de sus sistemas políticos, culturas, ideologías y religiones. De allí que también en Irán haya habido alzamientos populares contra la dictadura de los despiadados ayatolas, aunque hasta hoy no han podido triunfar a pesar de los heroicos esfuerzos de la población.

En 2009 hubo en Irán una masiva rebelión popular que comenzó como protesta contra la reelección fraudulenta del dictador Mahmud Ahmadineyad, quien por cierto era gran amigo y camarada de Daniel Ortega y vino a Nicaragua en enero de 2007 y de 2012 para acompañarlo en sus tomas de posesión presidencial.

El alzamiento popular de 2009 fue ahogado en sangre por la dictadura de Ahmadineyad, del mismo modo que las revueltas populares de ahora están siendo aplastadas sin piedad por el gobierno supuestamente reformista de Hasán Rohaní, detrás de quien se encuentra el “supremo líder” religioso, Alí Jamenei, jefe de las fuerzas armadas y de los aparatos de inteligencia y seguridad del Estado.

Las revueltas populares iraníes de la actualidad no tienen posibilidad de derrocar a la dictadura teocrática, como tampoco lo pudo hacer la rebelión nacional de 2009. Pero demuestran que en el seno de la sociedad iraní late y no se extingue la necesidad del cambio democrático.

Alienta saber que aún en sociedades tan cerradas y opresivas como la iraní, que lo es mucho más que la nicaragüense bajo la dictadura Ortega-Murillo, existen sin embargo personas y fuerzas sociales que luchan persistentemente por la libertad y que sin duda la van a conquistar tarde o temprano.

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