Según un recuento de las estadísticas del Banco Mundial, en esta época se producen cuatro veces más desastres naturales que en la década de 1960; solo en ese año se registraron cuarenta desastres, mientras que en el 2016, un total de 348 eventos.
Esta medición incluyó sequías, inundaciones, epidemias biológicas, temperatura extrema, movimientos de tierra, incendios forestales, actividad volcánica y terremotos.
En Nicaragua, aunque en este 2017 no sufrió el impacto de un huracán ni tampoco hubo sequía, las inundaciones provocadas por lluvias torrenciales durante cortos períodos de tiempo debido al fenómeno de bajas presiones pusieron en alerta al país y causaron destrozos en la infraestructura vial (afectaciones en 4,654 kilómetros de carreteras y resultaron dañados 12 puentes).
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Estos eventos provocaron la pérdida de 26 personas, que según Abdel García, oficial de cambio climático del Centro Humboldt, el factor de la imprudencia por parte de las víctimas al intentar cruzar ríos o quebradas desbordadas fue decisivo.
No obstante, a pesar que ahora el mundo se enfrenta a un mayor número de desastres naturales, la cantidad de muertos ha mermado de forma significativa. Solo en 1959 murieron 2.01 millón de personas, mientras que en 1998, año en el que Nicaragua fue azotada por el huracán Mitch, hubo 62, 672 personas fallecidas. En el 2016, el Banco Mundial registró 10, 201 muertes mientras que los datos de 2017 aún no han sido publicados.
De acuerdo con García uno de los más grandes desafíos en el país en torno a la gestión de riesgo es el desconocimiento real de la diversidad de las situaciones climáticas y el impacto que estas provocan.
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Por ello, mientras no se disponga información sobre las vulnerabilidades a las que se enfrenta, la gente no va a actuar, de forma consecuente, para reducir los peligros en su territorio.
También indicó que la información que debe llegar a las comunidades del país debe ser transparente, consciente de lo que se va a decir, clara y entendible, destacó García.

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Desastres “pasan una cara factura”
Cada desastre natural no solo marca a las personas que lo viven “en carne propia”, sino causa estragos en las finanzas de un país, y aún más, en los que están en vías desarrollo como Nicaragua, que también es uno de los más vulnerables a las amenazas de orden natural, según ranking internacionales.
El costo económico que causa un evento en el nuevo siglo ha superado al de uno registrado en los noventa. De acuerdo con datos del Banco Mundial, en 1960, los eventos implicaron 1.26 billones de dólares estadounidenses en pérdidas, en 1980, fueron 32.87 billones, y eso ha ido en ascenso. Solo en el 2016 se contabilizaron 147.78 billones.
No obstante, el pico más alto en términos monetarios fue en el 2011, donde se registraron 364.09 billones de dólares en daños por desastres naturales, según datos del Banco Mundial.

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Nicaragua solo atiende
Especialistas en gestión de riesgo en el país, han cuestionado las formas en las que el Gobierno y las autoridades hacen frente a los desastres naturales, puesto que aseguran que hay una mayor conciencia sobre los desastres naturales, las instituciones se centran en la atención a una emergencia, y hay muy poca planificación de la prevención del riesgo.
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Muestra de ello, es que como resultado de un estudio que hizo el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), en el que se revisaron 74 municipios del país, solo 62 tenían dentro de su planificación algún proyecto enfocado en la gestión de riesgo. En total, 52 programas eran para la atención a desastres y solo 10 para la prevención.
Vuelve el riesgo
Abdel García, oficial de cambio climático del Centro Humboldt, explicó, que gracias a un recorrido realizado en distintas zonas del país observó cómo las personas vuelven a construir, por ejemplo, en estructuras que fueron afectadas por un terremoto, pese a que no es recomendable, o bien, muchas familias siguen viviendo en lugares no habitables y eso incrementa el riesgo ante eventos naturales.