En su mensaje antes de las elecciones municipales del próximo 5 de noviembre, los obispos pusieron énfasis en la esperanza. Inclusive, como epígrafe del mensaje citan una exhortación del papa Francisco hecha el 6 de septiembre de este año en Colombia: “Que nada ni nadie les arrebate la alegría y la esperanza”.
Los obispos no han llamado a votar pero tampoco a abstenerse. Sin embargo señalan que la situación electoral sigue siendo la misma que denunciaron en septiembre de 2012 y mayo de 2014.
A lo que han llamado con vehemencia los obispos es a tener esperanza, a no desmoralizarse, porque “la desmoralización de un pueblo conduce a la apatía, a dejar que otros hagan, que otros decidan; nunca olviden que somos nosotros, el pueblo nicaragüense, quien tendrá la última palabra y podrá decidir el horizonte que el país deba tomar”.
La esperanza, en sentido religioso, es la “expectación de recibir un buen futuro, particularmente el cumplimiento de las promesas de Dios”, se dice en el Diccionario Bíblico Ilustrado Lexus. Y menciona que “durante la época de las persecuciones por los primeros emperadores de Roma, los cristianos hicieron del triunfo de la Iglesia la más cara de sus esperanzas”.
Pero la esperanza tiene también sentido político. Vaclav Havel, quien fuera presidente de Checoslovaquia después de encabezar la lucha cívica y pacífica por el derrocamiento de la dictadura comunista de su país, dijo: “La esperanza no es la convicción de que algo va a salir bien, sino la seguridad de que algo tiene sentido, sin importar su desenlace”.
No hay contradicción en los términos. Ambos conceptos se complementan, porque la esperanza religiosa es la fe en que algo va a ocurrir —por ejemplo el fin de la dictadura orteguista— y la esperanza política, según Havel, es la seguridad de que la lucha por la libertad, la democracia, la justicia y el Estado de Derecho, tiene sentido y hay que librarla independientemente de cuál sea su resultado.
El filósofo nicaragüense Alejandro Serrano Caldera escribió al respecto, en un artículo publicado en el Diario LA PRENSA, el 24 de abril de 2016, que “una sociedad sin optimismo es una sociedad sin perspectivas, que no es el caso de Nicaragua, cuyas reservas morales y su vigor forjado en la adversidad y reverdecido en la esperanza, permitirá construir un futuro de estabilidad, de concordia y de paz y hacer verdaderamente de la política el arte del bien común”.
Serrano Caldera escribió ese artículo de cara a las elecciones del 6 de noviembre del año pasado, en las que no hubo garantías de respeto al sufragio libre, igual que en las municipales que se realizarán este 5 de noviembre.
Pero sin duda que la idea central, tanto del filósofo secular como la de los obispos católicos, es que no se debe perder la esperanza de que más temprano que tarde volverá a haber democracia con elecciones libres y transparentes en Nicaragua.