Con la leche de uno de los hermosos pechos de Hera, la diosa madre, derramada en el universo, se formó la Vía Láctea, la inmensa galaxia en la que se encuentra nuestro “pequeño” sistema solar y el “diminuto” planeta en el que vivimos.
Leo en el libro de James Trefil, 1,001 cosas que todo el mundo debería saber sobre ciencia, que la Vía Láctea “es una galaxia muy ordinaria”. Pero esta galaxia —“ordinaria” en relación con las otras por lo menos 10 mil millones de galaxias que se sabe de su existencia y son mucho más grandes que la nuestra— tiene “unos 80 mil años luz de diámetro”, dice Trefil, de quien copio textualmente:
“La Vía Láctea, visible en el cielo de verano, es el resultado de mirar a través del disco de la galaxia. El nombre de nuestra galaxia procede la formación de la Vía Láctea, una brillante franja de miles de estrellas visibles que se extiende por el cielo…”
Otros datos ayudan a entender la enormidad de nuestra “ordinaria” galaxia, al decir que “se calcula que contiene entre 200,000 y 400,000 millones de estrellas”, soles que en su mayor parte son mucho más grandes que el nuestro, cada uno con sus planetas y otros cuerpos celestes girando a su alrededor.
Pero, ¿cómo fue que esta inmensa galaxia llamada Vía Láctea se formó con la leche de uno de los pechos de Hera, esposa de Zeus y diosa reina del Olimpo? Según el mito habría ocurrido así:
Zeus era muy enamoradizo y se acostaba con muchas mujeres, provocando los celos y el enojo de Hera. Y entre sus muchos amores extraconyugales se relacionó con Alcmena, nieta de Perseo y esposa de Anfitrión, rey de Tirinto.
Para poseer a Alcmena, Zeus tomó la forma de Anfitrión —quien se encontraba de viaje— y se metió en su lecho. Anfitrión regresó esa misma noche, yació con su mujer y de esa doble relación Alcmena quedó doblemente embarazada: De Zeus concibió a Heracles (o Hércules como se le conoce en la mitología romana) y de su esposo Anfitrión se embarazó de Íficles.
Furiosa con Alcmena por haberse relacionado con Zeus, Hera ordenó a Ilitía (diosa de los alumbramientos) que le retrasara el parto por tiempo indefinido, para que sufriera los dolores del alumbramiento sin poder llegar al fin del embarazo. Para cumplir el encargo de la diosa madre Ilitía hizo que Alcmena cruzara las piernas sin poder enderezarlas, de manera que no podía parir, sufría los intensos dolores de parto pero no alumbraba. Entonces Galantis, la doncella de Alcmena, sospechó lo que pasaba y fue a donde Ilitía a decirle que su ama ya había parido, gracias a la intervención de Zeus. Entonces Ilitía hizo que Alcmena pudiera abrir las piernas y así pudo parir sus gemelos, uno detrás del otro.
Por haber engañado a Ilitía, Hera castigó a Galantis convirtiéndola en comadreja y después envió dos serpientes a la cuna del recién nacido que era el hijo de Zeus, para que lo mataran. Pero la criatura mató a las dos serpientes, estrangulándolas con sus poderosas manitas.
Zeus se encariñó con aquel hijo y para agradar a Hera hizo que le pusieran el nombre de Heracles, que significa “la gloria de Hera”, sin embargo eso no la tranquilizó.
Zeus quería que Heracles fuera inmortal, pero él mismo no podía darle ese atributo exclusivo de los dioses. Se le ocurrió entonces que alimentándose con la leche de Hera podría adquirir la inmortalidad. Pidió a Hermes, el dios mensajero, que pusiera al pequeño Heracles en el lecho de Hera —quien para ese tiempo amamantaba a uno de sus hijos—, para que al despertarse por el llanto del bebé le diera de mamar.
Lloró el bebé y Hera sin verlo puso en su boquita el pezón de uno de sus pechos. Lo mordió Heracles despertando a la diosa, quien lo arrojó lejos de sí y su leche se derramó en el universo, formándose la galaxia conocida como Vía Láctea que los españoles llaman también Camino de Santiago.
Dicen que antes del amanecer se puede ver la Vía Láctea brillando en el cielo, sobre la ruta que conduce al santuario del apóstol, como un arco luminoso que recorre el cielo de Oriente a Occidente indicando a los peregrinos el Camino de Santiago.