Esta capacidad se va desarrollando a lo largo de la vida, los padres influimos mucho en esta habilidad, pues algunas veces se hacen malas formaciones de la personalidad, ya que ellos por la creencia de que ser padres es tener el dominio sobre todo con sus hijos, por ejemplo qué comida vas a ingerir, qué vestido lucir y hasta qué carrera elegir.
Existen historias de personas frustradas porque precisamente no les dejaron tomar sus decisiones de acuerdo a sus gustos e inclinaciones. Esto obstaculiza el desarrollo exitoso de las personas ya que, al llegar a la adultez se ven imposibilitados de arriesgarse a tomar decisiones, y el miedo les atemoriza tanto por creer que van a fallar y no eligen o eligen mal.
Personas adultas que están en una relación de pareja dejan que tomen decisiones los demás y se invalidan excusándose que quien debe tomarla es él o ella. Un ejemplo clásico: si la pareja está en discordia, uno de ellos espera que el otro tome la última palabra, en las cosas cotidianas de la vida, pueden ser las finanzas, proyectos, como la compra de una vivienda, realizar un viaje, o tomar un curso o una terapia que les ayude a mejorar sus relaciones cuando estas se encuentran dañadas.
Lo aconsejable es que se tomen las decisiones entre ambos cuando de pareja se trata, pero cuando una relación está dañada uno de ambos debe tomar la voz cantante y decidir que ahí debe haber un cambio para mejorar o sea poner un alto, y a esto se le llama asertividad.
La asertividad es una maravilla en la ciencia de la Psicología, pues nos entrena en la vida a ser aptos para tomar decisiones, reconocer errores, poder decir hasta aquí llego, o la valentía de decir conversemos, este es mi punto de vista, quiero escuchar el tuyo.
El error es dejar que se perennicen o cronifiquen los malestares por no tener la gran y majestuosa capacidad de tomar la decisión de comunicarse, y mejorar.
