En una noche bajo la sombra del despojo en Nueva York, los jueces ensuciaron una de las peleas más impresionantes de los pesos pequeños. Román “Chocolatito” González fue el reflejo de un peleador con proporciones ilimitadas. Con una cortina de sangre sobre sus ojos, no dejaba de tirar golpes, recibía castigo y no realizaba paradas para tomar respiros y contraatacar.
“Chocolatito” peleó como un autómata hasta el final. Glenn Feldman, Julie Lederman y Waleska Roldan vieron el combate en un mundo paralelo. Les impresionó la sangre producida por las ilegalidades, mientras se entretenían con el tercer puño del tailandés Srisaket Sor Rungvisai: la cabeza.
Después de ver como Steve Harvey se equivocaba en Miss Universo y luego pasar por lo mismo en los Oscars, por un momento pensé que el anunciador Michael Buffer había cometido un error. El combate no fue precisamente difícil de puntear. Vi ganar a Román moderadamente por cuatro puntos, levantarse con coraje después del susto del primer asalto al tocar la lona después de 10 años, sobreponerse a la cortada del tercer round, descargar su furia y provocar que el tailandés terminara en modo zombi en el cuarto, hacer retroceder a base de valentía y golpes de poder al asiático en el quinto, resistir a otro cabezazo en el sexto cuando Rungvisai parecía desplomarse y aguantar sin guardar sus armas hasta el campanazo final.
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Hay que destacar la bravura de Rungvisai, creció desde su última pelea importante contra Carlos Cuadras. Estuvo a la altura de las exigencias, pero le faltó para imponerse si viviéramos en un mundo honesto y justo, no en la suciedad de resultados finales.
Las estadísticas apoyan a “Chocolatito”. Según CompuBox Román lanzó 1014 golpes y conectó 441, entretanto el tailandés tiró 940 y solamente aterrizó 284 en la humanidad del nicaragüense. El problema es que son los jueces los que determinan el curso de las victorias, a pesar de estar tan cerca del cuadrilátero, la miopía les nubló esta vez el sentido de la visión. A diferencia de Román, Golovkin si tuvo a jueces experimentado que no titubearon con el combate cerrado que presenciaron.
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Seguramente Arnulfo Obando desde el cielo quedó contento por la presentación magistral de su muchacho, el cual honraba su nombre. Román no ha perdido, sino que fue despojado de su inmaculado récord.